Las ambiciones personales le ganan al bien mayor

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¡Cuánto cuesta a nuestros políticos entender que, en todos los casos, en todos los ámbitos, en todos los contextos, solo la unidad es el arma que puede llevar al éxito!

Hasta hace algunas semanas, parecía que entre los líderes políticos contrarios al régimen había un consenso tácito en que la candidatura única de oposición sería el camino para evitar la reproducción del poder que el partido gobernante, salvo un intervalo brevísimo, detenta desde el 2006, y que para el final del próximo periodo constitucional sería de aproximadamente veinticinco años, cuarto siglo de una receta política y una política económica que no es necesario analizar mucho, pues ya todos sabemos sus resultados.

Algunos líderes de la oposición ya anticiparon que para la elección del candidato que le haga frente al MAS, debía recurrirse a una especie de primarias, pero finalmente podría hacerse uso de otros mecanismos como las encuestas, o las percepciones de la gente; en fin, hay otros caminos para saber el clima que reine en materia de preferencias políticas.

Pero lo cierto es que, en Bolivia, todos se creen presidenciables. Y no tardó en hacer uso de un derecho constitucional, que es el de ser elegido, pero cayendo en un error grosero en lo político, el coordinador del Conade, Manuel Morales Álvarez, declarando que en torno a esa organización será presentada la candidatura opositora.

Muy recientemente, voceros de El Bunker, programa político cuyo principal medio de difusión son las redes sociales, anunciaron un nuevo proyecto y posterior nacimiento de un partido político… Y no dudemos de que, en adelante, aparecerán nuevos “salvadores”.

¿Será posible que, más allá del fraude o del golpe de 2019, del triunfo del MAS o del fracaso de la oposición, no se pueda comprender que la dispersión del voto debido a la mirada egocéntrica, soñadora, ingenua e irresponsable de candidatos como Camacho, Áñez, Pumari o Doria Medina, que sabían con anticipación que no gozaban del apoyo suficiente como para hacerle frente a la fórmula contraria, se encargó de frustrar probablemente a la mayoría del pueblo boliviano?

Las estrategias que dicen tener para que el proyecto funcione será más de lo mismo de siempre. Y no es que los bunkeros, como ellos se llaman, no tengan el derecho de competir, pero las experiencias tendrían que llamarlos a la cordura para comprender que cualquier propuesta debe ser en torno al candidato con más aceptación y trocar el razonamiento equivocado de cabo a rabo; es decir, no sentirse el eje político de nada ni la base de ninguna propuesta electoral, sino todo lo contrario: sumarse a quien tenga, cuando el tiempo lo aconseje, el mejor perfil para ser presidente del país, incluso si fuera alguno de ellos, es decir, uno de quienes dirigen ese programa, y entonces sea bienvenido para que los demás políticos se unan en torno suyo.

Pero en política, especialmente en nuestra política, raras veces ocurren milagros que cambien substancialmente las percepciones electorales. Por ahora, las encuestas como el indicador más idóneo para conocer preferencias señalan que el jefe de Comunidad Ciudadana; no obstante, las limitaciones de su comportamiento en la oposición, es el preferido, pero en definitiva la coordinación en el seno de la oposición depende de la voluntad de los dirigentes para definir una estrategia común hacia las elecciones generales, pero en ningún caso puede estar sujeta al proyecto de una agrupación o partido al que deban sumarse los demás.

¿Cuál sería el justificativo para que quien esté en su momento liderando las preferencias deba sumarse a un proyecto político del Conade o del Bunker, que ni siquiera formalmente ha nacido? ¿Acaso lo lógico no es que quienes tienen aspiraciones electivas y forman parte de estas agrupaciones no se tengan más bien que unir al candidato de mejor perfil y mayor preferencia ciudadana, cualquiera que en su tiempo sea?

Basta de experimentos tendientes a debilitar la oposición, la cual, pese a todo, entre sus numerosas siglas no presenta diferencias insalvables. De hecho, estas no pasan de ciertos matices, absolutamente conciliables. Si en esa dirección se ha podido aliar el FRI, cuyas raíces son de tinte comunista, con las plataformas ciudadanas de orientación conservadora, es decir agua y aceite, renuncien a sus aspiraciones personales para conformar un proyecto fuerte con el aspirante mejor posicionado.

Augusto Vera Riveros es jurista y escritor