La sonrisa de los triunfadores

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Esperar que el conteo del OEP llegue al 100% y confirme la tendencia establecida por las  empresas encuestadoras es alargar inútilmente la agonía. Mesa reconoció la derrota, Arce dio su mensaje de victoria, Camacho está escribiendo una carta a Dios preguntándole dónde se equivocó mientras Añez, Murillo y el resto del desastroso gobierno transitorio discuten dónde pasarán el exilio. A estas alturas eso ya no es importante. Debemos reflexionar sobre el presente y un futuro complicado para todos.

1. El clivaje étnico-identitario es el más importante de la historia contemporánea de Bolivia. Cualquier aspirante al gobierno que lo ignoré seguirá el mismo camino de Carlos Mesa, los clivajes regionales y religiosos son secundarios. Las muestras de racismo del gobierno transitorio pero también de muchos internautas  y civiles fueron decisivas para que el MAS reciba nuevamente el apoyo mayoritario de occidente y un respaldo notable en el resto del país. El MAS es un partido nacional, una verdadera maquinaria electoral pero su verdadera fuerza es que sintoniza con la ciudadanía, sus votantes se sienten parte de su proyecto. Para un alteño, un quechua o un orureño, personajes como Luís Fernando Camacho son tan cercanos como un alienígena bíblico.  Fue ingenuo y hasta estúpido pedirles su voto luego de meses de insultos, agravios y crímenes que fluían a mares. Ningún racista puede gobernar Bolivia, así de simple.

2. Es el fin de ciclo para políticos como Carlos Mesa, Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina pero también para Evo Morales y Álvaro García Linera. ¿Tendrá el MAS la fuerza para no repetir los errores del pasado? Gonzalo Sánchez de Lozada, Arturo Murillo y Carlos Sánchez Berzain tienen cuentas pendientes con la justicia, también Evo y muchos de sus secuaces. La disputa sobre la conveniencia o no del retorno del ex jerarca ya empezó, la primera prueba de fuego para el MAS 2.0 llegó semanas antes de que Arce asuma el gobierno.

3.  Camacho no fue el único culpable de la derrota pero es sintomático del dramático nivel de ignorancia de nuestros políticos respecto a la realidad nacional. Ignorar sus dinámicas sociales, sus distintos mercados laborales, las relaciones de fuerza de su campo político y la complejidad de su intrincada historia marcó el fracaso de quienes se enfrentaron al MAS durante las pasadas elecciones. Tener títulos, postgrados, dinero o empresas no te habilitan para entender Bolivia.

4. El MAS ha aprendido lo vital que son las instituciones para vivir en democracia. Somos un estado plurinacional pero también una república. No en el sentido colonial del término sino en el sentido que le daba Montesquieu. Velar por el equilibrio y crear instituciones independientes son requisitos esenciales para que las disputas sociales no decanten en violencia armada, enfrentamientos ni masacres. Si no se reparan urgentemente instituciones como el Defensor del Pueblo, el Ministerio Público o la administración de justicia en general, los perseguidores de hoy se convertirán en los perseguidos del mañana, pregúntenle a Juan Ramón Quintana.

5. El masismo haría bien en hacer a un lado su triunfalismo y escuchar atentamente el mensaje del presidente electo. Las demandas democráticas no son privilegio de un sector, tampoco el derecho a la movilización. Para las clases medias urbanas que defendieron el 21F y resistieron valientemente los intentos de Evo Morales para perpetuarse en el poder queda la reflexión en los errores cometidos, tal vez meditar largamente en la “Genealogía del Racismo” de Michel Foucault, debemos reconstruir la memoria de las luchas postergadas por la sonrisa de los triunfadores. Abrir los ojos ante la brutalidad de Senkata, Sacaba y Huayllani para entender que no podemos construir un proyecto de país basado en el antimasismo y que todo horizonte boliviano que ignore lo indio, lo indígena, lo guaraní está condenado a una corta duración.