Cada 24 de enero, La Paz se llena de miniaturas, fe y esperanza con la tradicional Feria de Alasitas. Creada oficialmente en 1781 tras el cerco de Túpac Katari, esta celebración ancestral dedicada al Ekeko, dios de la abundancia, se ha convertido en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Hoy moviliza a miles de artesanos y visitantes, extendiéndose por todo Bolivia e incluso entre comunidades migrantes en el exterior.
“La Alasita está vinculada con la fertilidad de la tierra, los animales y los seres humanos.”
Milton Eyzaguirre (antropólogo)
Inmediaciones
La Feria de Alasitas es una de las celebraciones más representativas de Bolivia. Cada 24 de enero, miles de personas se congregan en La Paz y otras ciudades para participar en esta festividad que combina elementos ancestrales, coloniales y modernos. Su origen oficial se remonta a 1781, cuando el gobernador Sebastián Segurola instauró la feria como símbolo de gratitud tras el levantamiento indígena liderado por Túpac Katari. Sin embargo, sus raíces son mucho más antiguas, vinculadas a las prácticas prehispánicas de los pueblos aymaras que veneraban al Ekeko, dios de la abundancia y la prosperidad.
La Alasita no es solo una feria artesanal; es un espacio de encuentro cultural, espiritual y social que refleja la esperanza colectiva y la identidad boliviana. Reconocida por la UNESCO en 2017 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, esta tradición ha trascendido fronteras y se celebra también en comunidades bolivianas en el exterior.
Contexto histórico: el cerco de Túpac Katari y la instauración de la feria
En 1781, Julián Apaza, conocido como Túpac Katari, lideró uno de los mayores levantamientos indígenas contra el dominio colonial español. Durante más de seis meses, la ciudad de La Paz estuvo sitiada, lo que provocó una grave crisis de alimentos y recursos. Tras la ruptura del cerco, el gobernador Sebastián Segurola instauró la feria como una forma de agradecimiento por la liberación de la ciudad y como símbolo de renovación y esperanza.
La fecha elegida, el 24 de enero, se convirtió desde entonces en el día oficial de la celebración. La feria fue concebida como un espacio de reconciliación y prosperidad, pero rápidamente se vinculó con las prácticas ancestrales de los pueblos aymaras, quienes ya realizaban rituales dedicados al Ekeko.
- El Ekeko es la figura central de la Feria de Alasitas. Representado como un hombre pequeño y regordete, cargado de bienes materiales como alimentos, dinero, herramientas y objetos de uso cotidiano, simboliza la abundancia, la fertilidad y la prosperidad.
- Las familias andinas creían que tener un Ekeko en casa, debidamente alimentado con cigarrillos y alcohol, garantizaba el bienestar material del hogar. Esta figura fue incorporada a la feria como el centro simbólico de los deseos y anhelos de la población.
- El culto al Ekeko refleja la cosmovisión andina, donde la abundancia no se entiende solo como riqueza material, sino como equilibrio con la naturaleza y la comunidad.
Evolución de la feria en los siglos XIX, XX y XXI
Durante el siglo XIX, la Feria de Alasitas se consolidó como una tradición popular en La Paz, expandiéndose gradualmente a otras regiones del país. En el siglo XX, especialmente a partir de la Revolución Nacional de 1952, la feria adquirió un carácter más urbano y comercial, integrando nuevas formas de expresión artística y artesanal.
Con la llegada del siglo XXI, la feria experimentó una modernización significativa: las miniaturas comenzaron a representar objetos contemporáneos como teléfonos móviles, computadoras, automóviles modernos y pasajes de avión. Esta evolución refleja los cambios en las aspiraciones sociales y económicas de la población boliviana.
La Feria de Alasitas se caracteriza por la compra de miniaturas que simbolizan los deseos de las personas. Estas miniaturas son bendecidas por sacerdotes católicos o por yatiris, sabios andinos que realizan rituales ancestrales. Esta dualidad refleja la convivencia entre la cosmovisión andina y la religión católica.
Durante la feria también se realizan challas, ofrendas a la Pachamama (Madre Tierra), en las que se utilizan hojas de coca, alcohol y dulces para pedir prosperidad. Además, la feria incluye actividades culturales como danzas folklóricas, música en vivo, exposiciones de arte y ferias gastronómicas.
Datos y cifras de participación y economía
- La Feria de Alasitas es un evento masivo que moviliza a gran parte de la población paceña y boliviana:
- Se estima que más de 500.000 personas visitan la feria en La Paz durante sus primeras semanas.
- Participan miles de artesanos, alfareros y comerciantes que ofrecen productos en miniatura elaborados con cerámica, madera, yeso, papel y metal.
- La feria genera un importante movimiento económico, no solo por la venta de miniaturas, sino también por la dinamización del comercio informal, la gastronomía y el turismo.
- Para muchos artesanos, la feria representa una fuente principal de ingresos anuales, y su preparación comienza meses antes del evento.
Reconocimiento por la UNESCO en 2017
En el año 2017, la Feria de Alasitas fue inscrita en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Este reconocimiento internacional destacó el valor cultural, simbólico y social de la feria, así como su capacidad para integrar tradiciones ancestrales con expresiones contemporáneas.
La inscripción en la lista de la UNESCO también implicó un compromiso por parte del Estado boliviano para proteger, promover y salvaguardar esta manifestación cultural, asegurando su transmisión a las futuras generaciones.
Aunque su epicentro es la ciudad de La Paz, la Feria de Alasitas se ha expandido a otras regiones de Bolivia como Cochabamba, Oruro, Potosí, Sucre y Santa Cruz. En cada una de estas ciudades, la feria adopta características particulares, adaptándose a las tradiciones locales.
Además, comunidades bolivianas en el exterior han llevado esta tradición a países como Argentina, Chile, Perú, Brasil, España y Estados Unidos. En ciudades como Buenos Aires, Santiago de Chile y Madrid, se organizan ferias de Alasitas que permiten a los migrantes mantener viva su identidad cultural y transmitirla a las nuevas generaciones.
La Feria de Alasitas tiene un profundo impacto en la sociedad boliviana. Desde el punto de vista social, constituye un espacio de encuentro intergeneracional y multicultural, donde convergen personas de diferentes clases sociales, edades y orígenes.
Culturalmente, la feria es un vehículo de transmisión de saberes ancestrales, especialmente en lo que respecta a la artesanía, la música y los rituales andinos. En el plano económico, la feria representa una oportunidad para miles de familias que dependen de la venta de miniaturas y productos relacionados. También contribuye al turismo interno y externo, atrayendo visitantes interesados en conocer esta singular manifestación cultural.
Hoy en día, la Feria de Alasitas es un símbolo de abundancia, esperanza y fe en el futuro. La compra de miniaturas refleja las aspiraciones de la población, desde la vivienda propia hasta el éxito académico y profesional. Al mismo tiempo, la feria es un espacio de resistencia cultural, que reafirma la identidad boliviana frente a la globalización.
La Feria de Alasitas es una celebración única que ha perdurado por más de dos siglos, adaptándose a los cambios históricos, sociales y tecnológicos de Bolivia. Desde su instauración en 1781 por Sebastián Segurola hasta su reconocimiento por la UNESCO en 2017, la feria ha evolucionado sin perder su esencia: ser un espacio de expresión de los deseos, la fe y la esperanza del pueblo boliviano.
Su expansión a otras ciudades y países demuestra la vitalidad de las tradiciones culturales y su capacidad de trascender fronteras. En un mundo marcado por la incertidumbre, la Alasita sigue siendo un símbolo de abundancia, renovación y optimismo colectivo.