El país enfrenta el reto de proteger al gran felino de América en medio de la deforestación y el tráfico ilegal.
Inmediaciones
El jaguar, considerado el felino más grande de América y símbolo de poder en las culturas originarias, atraviesa una crisis silenciosa en Bolivia. Este 29 de noviembre, Día Internacional de la Conservación del Jaguar, organizaciones ambientales, comunidades indígenas y expertos en biodiversidad llaman la atención sobre la urgencia de proteger a esta especie frente a la deforestación, la caza furtiva y el tráfico ilegal que amenazan su supervivencia.
Instaurado en 2018 por la ONU y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el Día Internacional de la Conservación del Jaguar busca visibilizar la importancia de preservar al Panthera onca. Con una población estimada de entre 2.000 y 3.000 ejemplares en Bolivia, y alrededor de 64.000 en toda América Latina, el jaguar se encuentra en una situación vulnerable. Su rol como depredador tope lo convierte en un regulador natural de los ecosistemas, y su desaparición tendría consecuencias irreversibles para la biodiversidad y para las comunidades que dependen de los bosques.
El jaguar en Bolivia: presencia y cifras
En Bolivia, el jaguar habita principalmente en la Amazonía, el Chaco y los bosques húmedos de Santa Cruz, Beni y Pando, en zonas de bosques tropicales y sabanas por debajo de los 2.000 metros de altura. Su presencia ha sido confirmada en áreas protegidas como el Parque Nacional Madidi, el Parque Noel Kempff Mercado y la Reserva Pilón Lajas, donde se han realizado estudios con cámaras trampa. Aunque no existen censos nacionales precisos, se estima que la población se mantiene en un rango de 2.000 a 3.000 individuos. La tendencia, sin embargo, es preocupante: la pérdida de hábitat y la presión humana han reducido sus corredores biológicos y aumentado los conflictos con comunidades rurales.
A nivel regional, la situación también es alarmante. El jaguar se distribuye en 18 países desde México hasta Argentina, pero solo conserva la mitad de su rango histórico. Sus hábitats más importantes son los bosques tropicales amazónicos, las selvas húmedas de Centroamérica, los pantanos del Pantanal en Brasil y Paraguay, y las llanuras del Chaco. Se calcula que en América Latina existen unos 64.000 ejemplares, con poblaciones más fuertes en Brasil, que alberga cerca del 50% de la población total, seguido por Perú y Colombia. En contraste, países como México y Bolivia muestran una disminución constante.
La supervivencia del jaguar depende de la conservación de grandes extensiones de hábitat continuo. Estudios de la Alianza para la Conservación del Jaguar señalan que, si no se refuerzan las políticas de protección, la especie podría perder hasta un 30% adicional de su rango en los próximos 20 años. La UICN lo clasifica como “casi amenazado”, aunque en Bolivia la categoría se eleva a “vulnerable” debido a la presión sobre sus ecosistemas.
Amenazas que ponen en riesgo su supervivencia
La deforestación acelerada es uno de los principales factores que afectan al jaguar en Bolivia. El país se encuentra entre los que más bosque pierde cada año en Sudamérica, lo que limita el espacio vital de la especie. La expansión agrícola y ganadera ha reducido drásticamente los corredores biológicos que permiten la movilidad de las poblaciones.
La caza furtiva y el tráfico ilegal de pieles, colmillos y otras partes del cuerpo persisten pese a estar prohibidos. Entre 2014 y 2018, WWF Bolivia registró más de 200 casos de tráfico de partes de jaguar en mercados clandestinos. Los conflictos con ganaderos también representan un riesgo, ya que los ataques al ganado suelen derivar en represalias contra el felino.
Iniciativas de conservación en Bolivia
Frente a esta situación, diversas instituciones y comunidades han impulsado proyectos de conservación. La campaña “Jaguar te quiero vivo”, liderada por WWF Bolivia, busca frenar el tráfico ilegal y promover la coexistencia con comunidades locales. Programas de monitoreo con cámaras trampa en áreas protegidas como el Parque Nacional Noel Kempff Mercado y la Reserva Pilón Lajas han permitido conocer mejor la distribución de la especie y diseñar estrategias de conservación más efectivas.
La educación ambiental también juega un papel clave. Talleres en comunidades indígenas y rurales fomentan la convivencia y reducen los conflictos entre humanos y jaguares. Además, Bolivia participa en la Alianza para la Conservación del Jaguar, que integra a 18 países del continente en un esfuerzo conjunto para garantizar la supervivencia de este depredador tope.
Voces por la conservación
“El jaguar es más que un animal, es parte de nuestra identidad cultural y un aliado en la lucha contra el cambio climático. Protegerlo significa proteger nuestros bosques y nuestro futuro”, señaló un representante de WWF Bolivia en el marco de esta jornada.
Por su parte, líderes indígenas han recordado que el jaguar es un símbolo espiritual en la cosmovisión de pueblos como los guaraníes y mojeños, quienes lo consideran un guardián de la naturaleza y un emblema de fuerza y sabiduría.
Un llamado a la acción
La conservación del jaguar no es solo una cuestión ambiental, sino también cultural y social. Su desaparición tendría efectos en cadena sobre la fauna y la flora de la región, debilitando los ecosistemas y afectando directamente a las comunidades que dependen de ellos.
En este Día Internacional de la Conservación del Jaguar, Bolivia reafirma su compromiso con la defensa de este felino emblemático. La tarea requiere políticas públicas firmes, cooperación internacional y la participación activa de comunidades locales. El rugido del jaguar debe seguir resonando en las selvas bolivianas como símbolo de vida, resistencia y esperanza.