Maurizio Bagatin

Recordaron la fundación de Bella Flor y las piedras traídas desde más allá de Cabrera, piedras que fueron cimientos de sus viviendas y de un molino, una de ellas, la más antigua, la piedra hito del Muju Wasi. Recordaron cuanta dinamita hicieron explotar para bajar un cerro y construir un pueblo. La memoria no obstaculizó a nadie y nada fue prohibido, el sueño común, la gana de amar, el pensar como la antropología.

Un árbol genealógico desvela el tribalismo de la comunidad. Maca andina y patriarcalismo. Son millones de estrellas muertas y que aun brillan, aquel libro abierto a las noches insomnes, el vagar de cazadores y la firme empresa de una familia frente a un destino adverso. Aposentos pocos claros y la orgía colonial que se fue perpetuando. Incestos y complicidades.

El drama del latifundio fue resbalándose en un minifundio…el realismo mítico está en el comportamiento humano…sincretismo y vientos que organizan una orquesta siempre fiel…lo real que se abstrae, la ficción que pesa sobre todo lo que no podemos explicar.

Recordaron aquella noche cuando después de reunirse, tuvieron que decidir si enfrentar o renunciar a la lucha: la “ch’ampa guerra” tocaba a la puerta, resistir o enfrentarse. Recordaron fugas y cobardías, valentías y heroísmos, las pasiones humanas que llevan a que alguien, mañana, tenga que escribir la historia. Como también la otra cara de la moneda, la brutalidad que genera la ignorancia, la violencia, el eterno deseo de dominar. Recordaron el secreto de cada uno, el mito de su fundación, la magia que lo sustenta, la tragedia que lo reprime.

En América Latina siempre se enfrenta lo finito y lo infinito, el Lazarillo de Tormes mirando a lo sobrenatural y lo maravilloso, lo que Carpentier escribió estando en Paris, García Márquez desde México, Rulfo desde Cómala, dejando enfrentarse los prodigios que son siempre distintos uno del otro.

Y como si nadie se conociera, se infiltraban durante las noches de invierno, donde el calor del adobe abrazaba cuerpos ya mestizos; se deslizaban entre maizales escuchando el croar de las ranas y el silencio impenetrable de los Andes.

Recordaron las locuras, las acciones que un día creyeron milagros, las manipulaciones del tiempo, todas aquellas mentiras que hoy son fabulas, todas aquellas fantasías que hoy son leyendas. Recordaron la debilidad de su propia memoria, las exageraciones y las mutilaciones que imprimieron a sus historias. Lo que fue y lo que no fue, lo que siguen deseando que así fuera.

Amaron y odiaron, y no saben si este amor y este odio mantendrá viva la increíble epopeya, hasta encontrar la cola del cerdito.