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Fichas contra las guaguas

0,99 hijos por mujer. Según a quien pregunte, la cifra asombra, asusta, o escandaliza. Lejos del 2,1 del remplazo, ella anticipa problemas conocidos en otras latitudes: sobrecarga de servicios sociales, costes de la salud y cuidados, falta de mano de obra, etc. Nuestra concepción institucional de la sociedad no está hecha para pirámides que se invierten.

Así, de la preocupación nace la urgencia: el gobierno convocó a la Comisión Asesora Presidencial del Plan Chile Renace, para identificar las barreras a la natalidad y proponer medidas para revertir la baja.

Claramente, también considerando el interés social, es loable la idea expresada de disminuir los muchos costes y dificultades que implica la procreación para quienes así lo decidan; y habría que agregar, para quienes así lo han decidido. Ojalá lo hagan. Pero es ingenuo suponer que por ello más personas optaran por procrear.

Por supuesto usted puede guardar la esperanza. Pero el mundo de las políticas públicas debe ser uno de esperanzas fundadas, es decir de expectativas razonables. El voluntarismo no mueve montañas (el gobierno anterior comprobó esta verdad), sino que nos deja indignados y victimizados declamando arengas hipermoralizadas frente a montañas indiferentes. La evidencia es insoslayable. Y esta indica que no hay medidas que logren revertir la baja. Ninguna. En ningún lugar.

Por supuesto nadie conoce el futuro. Pueden renacer valores tradicionales, o florecer un optimismo cuya ausencia hoy nos hace patear piedras como cantaban Los Prisioneros. Pero no serán medidas ingenieriles, ciertamente no las que sigan una racionalidad neoclásica, las que incrementen la natalidad. Al menos no, mientras se respete la libertad de las personas. Algo en que espero coincidamos, es un desde.

Las razones y causas de la baja natalidad son múltiples y complejas. Entre otras, refieren a una modernización acelerada y a la educación y empoderamiento de las mujeres que amplían el abanico de vidas logradas posibles. Son buenas noticias. Y poco vale oponer que la cifra ideal de hijos que se afirma se habría tenido es diferente a la que efectivamente se tiene. Si no lo cree, pregúntese cuántas cosas habría hecho de otro modo en su vida. Sea honesto y evite el autoengaño. Las vidas se viven hacia adelante, no hacia atrás.

Una estrategia para dirimir la duda vital entre esperanza y expectativas razonables es vincularlas con consecuencias palpables: ¿apostaría sus fichas a un incremento de la natalidad mediante las medidas que proponga la Comisión? ¿O a otros modos para enfrentar los desafíos de una sociedad de viejos, como mejorar la productividad, aplazar la jubilación, etc.? Uno de estos modos, central según la evidencia europea, es fortalecer la inmigración (en vez de demonizarla). Yo pondría mis fichas en esta casilla. Y es que, como van las cosas, Chile será una nación de inmigrantes, o no será.

Daniel Loewe, Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez

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