Elizabeth Salguero Carrillo ha sido una voz firme y lúcida en la defensa de los derechos humanos, la cultura y la igualdad de género en Bolivia y América Latina. Comunicadora social, feminista, gestora pública y diplomática, su trayectoria combina activismo, pensamiento crítico y trabajo institucional en espacios nacionales e internacionales. Fue diputada plurinominal por La Paz (2006–2010), ministra de Culturas y Turismo (2011–2012) y embajadora de Bolivia en Alemania (2012–2016).
Actualmente trabaja como consultora internacional en políticas públicas con enfoque de género y derechos humanos, colaborando con organismos multilaterales, redes feministas y espacios de formación política.
Esta entrevista fue realizada por Inmediaciones, y te invitamos a leerla completa para conocer más sobre sus reflexiones y aportes en torno a la cultura, la comunicación y la igualdad en Bolivia y América Latina.
1. Usted ha transitado por la comunicación, la política, la diplomacia y el activismo feminista. ¿Cómo se articulan esas dimensiones en su trayectoria actual?
Mi recorrido vital no responde a una suma de cargos, sino a un hilo conductor: comunicar para transformar. Desde la comunicación social comprendí que la palabra puede ser herramienta de resistencia; desde la política, que las leyes deben traducir los sueños colectivos; desde la diplomacia, que también se construye soberanía desde la cultura; y desde el feminismo, que toda acción debe tener como centro la vida y la igualdad. Hoy estas dimensiones confluyen en mi trabajo como consultora internacional: acompaño políticas públicas que vinculan comunicación, género, derechos humanos y cultura, con el objetivo de transformar realidades y no solo discursos.
2. ¿Qué significa pensar la comunicación desde una perspectiva feminista, descolonizadora y situada en Bolivia y América Latina?
Pensar la comunicación desde el feminismo y la descolonización implica reconocer el poder que tiene para reproducir o transformar desigualdades. Una comunicación feminista es aquella que cuestiona la subordinación simbólica, visibiliza las voces silenciadas y promueve una ética del cuidado y la corresponsabilidad.
Situarla en Bolivia y América Latina es asumir que nuestras narrativas nacen de territorios diversos: del Altiplano, los Valles y la Amazonia; de mujeres indígenas, afrodescendientes y urbanas; de pueblos que han sabido resistir el colonialismo y reinventar la palabra. La comunicación descolonizadora nos permite contar el país desde adentro, desde nuestras múltiples identidades, lenguas y saberes.
3. Desde su experiencia como ministra de Culturas, ¿cuáles fueron los principales avances y tensiones en torno a la interculturalidad, el patrimonio y la gestión cultural?
Durante mi gestión como ministra de Culturas y Turismo trabajamos para reconocer la diversidad biocultural como eje estructural del Estado Plurinacional. Se avanzó en la recuperación de expresiones culturales locales, en la protección del patrimonio material e inmaterial y en el impulso de un turismo comunitario que respeta la naturaleza y las culturas.
Bolivia tiene un potencial único: desde el Altiplano, pasando por los Valles hasta la Amazonia, cada región guarda una riqueza natural, lingüística y cultural incomparable. El desafío fue —y sigue siendo— construir políticas culturales y turísticas que no sean extractivistas, sino redistributivas y sostenibles.
La cultura no es solo identidad; es economía, diplomacia, pedagogía y futuro.
4. ¿Qué desafíos enfrentó como embajadora de Bolivia en Alemania en términos de representación cultural, política y diplomática?
También era responsable de representar al país en los países concurrentes de Suiza. Polonia y Rumania. Representar a Bolivia en Alemania fue una experiencia de enorme responsabilidad. El principal desafío fue visibilizar la pluralidad cultural y política de nuestro país, rompiendo los estereotipos que nos reducen a lo exótico o a lo conflictivo.
Impulsamos una agenda cultural activa, con exposiciones, muestras de cine y encuentros académicos sobre el Estado Plurinacional y las transformaciones sociales en Bolivia. Logramos también posicionar el proyecto del Corredor Bioceánico de Integración, articulando reuniones entre autoridades alemanas, suizas y bolivianas. Este esfuerzo permitió que delegaciones europeas visitaran Bolivia y conocieran directamente el alcance de una iniciativa estratégica para la región.
La diplomacia cultural y de los pueblos fue clave para mostrar un país diverso y moderno, con raíces profundas en sus pueblos originarios. Así mismo, en un trabajo conjunto, recuperamos la Illa del Ekeko, patrimonio cultural que fue sustraído de Tiahuanaco en 1858 por el suizo Johann Jakob von Tschudi. La misma estaba en el Museo de Historia de Berna y logramos su devolución en 2014.
5. Hoy trabaja como consultora internacional en políticas públicas con enfoque de género. ¿Qué aprendizajes le ha dejado ese trabajo?
He aprendido que el cambio estructural requiere combinar la visión técnica con la política y la ética. En los organismos multilaterales descubrí la potencia de los marcos globales —como la Agenda 2030 o la CEDAW—, pero también sus limitaciones si no se aterrizan en contextos locales.
El mayor aprendizaje es que sin voluntad política, presupuesto y comunicación pública, el enfoque de género se diluye en retórica. Por eso insisto en trabajar con gobiernos y empresas para traducir los compromisos en acciones medibles y sostenibles.
6. ¿Cómo evalúa el estado actual de las políticas culturales en Bolivia?
Bolivia consolidó una visión intercultural del Estado, con avances en reconocimiento de derechos culturales y patrimoniales. Sin embargo, persisten debilidades en institucionalidad, financiamiento y articulación territorial.
El mayor riesgo es la desarticulación de políticas y la falta de continuidad. Debemos recuperar la dimensión estratégica de la cultura y el turismo: no solo como sectores económicos, sino como instrumentos de cohesión social y proyección internacional.
Nuestra diversidad biocultural y geográfica es el activo más poderoso que tenemos: debemos cuidarlo como política de Estado.
7. ¿Qué lugar ocupa la comunicación en la defensa de los derechos humanos?
La comunicación es el corazón de la defensa de los derechos humanos. No solo transmite información, sino que transforma imaginarios. Es un acto político. Comunicar bien es también resistir a la desinformación, al odio y a la violencia simbólica.
Cuando las mujeres, las diversidades o los pueblos indígenas narran su propia historia, rompen siglos de silencio. Por eso necesitamos medios con ética, sensibilidad y memoria.
8. ¿Qué rol juega la comunicación en políticas públicas con enfoque de género?
La comunicación con enfoque de género debe basarse en tres ejes:
- Ético: respeto a la dignidad de las personas y compromiso con la verdad.
- Político: participación, transparencia y rendición de cuentas.
- Pedagógico: formación de ciudadanía crítica y empática.
Comunicar no es solo informar; es formar, emocionar y transformar. La comunicación pública debe ser inclusiva, accesible y corresponsable.
9. ¿Cómo se construye una política pública de comunicación con enfoque de género, derechos y participación?
Se debe construir colectivamente, con participación efectiva de las mujeres, las diversidades y los pueblos indígenas. Requiere formación en enfoque de género para comunicadores y funcionarios, mecanismos de rendición de cuentas, protocolos éticos y recursos sostenibles.
Una política pública de comunicación no puede ser un apéndice; debe ser un pilar transversal de toda la gestión pública.
10. ¿Qué rol deberían asumir los medios frente a la violencia simbólica, el racismo y el machismo?
Deben asumir un rol activo y no complaciente. Los medios tienen poder formativo y deben promover una cultura de respeto y equidad.
Esto implica revisar sus estructuras internas, garantizar paridad en sus equipos, y formar periodistas en enfoque de derechos. La autorregulación ética y la diversidad de fuentes son esenciales para erradicar la violencia simbólica, el machismo y el racismo mediático.
11. ¿Qué le preocupa del estado de la formación en comunicación y cultura?
Existe un exceso de formación técnica y una falta de formación crítica. Me preocupa que muchas universidades se orienten al mercado y no a la transformación social.
La comunicación y la cultura deben formar pensadores, no solo operadores. Necesitamos programas que incluyan estudios feministas, decoloniales, ambientales e interculturales como ejes centrales de la formación profesional.
12. ¿Qué papel juega la investigación en la construcción de políticas culturales y comunicacionales?
La investigación es el puente entre la teoría y la acción. Pero debe ser participativa, comprometida, situada y con retorno social.
Evitar el formalismo implica investigar con y no sobre las comunidades; traducir los hallazgos en políticas públicas; y garantizar que la información sirva para transformar realidades, no solo para engrosar bibliotecas institucionales.
13. ¿Qué autores o experiencias han influido en su pensamiento político y comunicacional?
Me han marcado las feministas Marcela Lagarde, Rita Segato, María Lugones y Silvia Rivera Cusicanqui, por su mirada crítica del patriarcado y el colonialismo. En el pensamiento social, René Zavaleta Mercado, Eduardo Galeano, Aníbal Quijano, Boaventura de Sousa Santos y Paulo Freire, quienes me enseñaron que la palabra puede ser emancipadora.
14. En un contexto digital, ¿cómo deberían posicionarse las políticas culturales frente a plataformas globales?
En un contexto digital, las políticas culturales deben posicionarse de manera proactiva y adaptable frente a plataformas globales, promoviendo la protección y difusión de la diversidad cultural, la autoría y los derechos de los y las creadoras locales. Es fundamental establecer marcos regulatorios que aseguren la equidad, fomenten la participación de las comunidades, y promuevan contenidos que reflejen las identidades y valores propios de cada cultura. Además, las políticas deben apoyar la innovación y la alfabetización digital, garantizando que las plataformas contribuyan al enriquecimiento cultural y no solo a la reproducción de contenidos dominantes a nivel mundial.
15. ¿Qué pregunta nunca le han hecho y le gustaría que le hicieran? ¿Cuándo el poder deja de ser emancipador?
El poder deja de ser emancipador cuando no es utilizado de manera responsable y reflexiva. Si no se somete a una revisión crítica constante, puede reproducir las mismas jerarquías y desigualdades que busca transformar. Por ello, el ejercicio del poder debe fundamentarse en la humildad y el servicio, orientado siempre hacia el bienestar colectivo, evitando su apropiación personal y poniendo en primer plano los intereses de la mayoría a la que se debe rendir cuentas y responder.
16. ¿Qué le diría a la Elizabeth joven y a la de mañana?
A la Elizabeth joven le diría: Tu voz es necesaria, aunque tiemble. No busques permiso para existir ni para disentir. Rodéate de mujeres generosas y aprende de ellas.
A la Elizabeth de mañana le diría: Sigue escuchando, sigue aprendiendo. La coherencia es más poderosa que el aplauso. Cuida tu ternura, porque también es una forma de resistencia.