El nuevo sujeto político del MAS

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El programa presentado por el MAS parece una autocrítica larga (44 pág.) en la que la palabra “neoliberales” aparece poco. Aunque –como es esperado- se trata de un programa “conservador”, en el sentido que promueve que de ganar elecciones, el MAS consolidaría un “proceso”  y no dice casi nada sobre la situación de las regiones periféricas al eje, lo novedoso radica en una lectura distinta al resto de las opciones en competencia y distinta a programas de gobierno anteriores: el nuevo sujeto político del MAS son los jóvenes en las periferias de ciudades para quienes, como dice el programa, la tecnología y el acceso a  plataformas digitales debería estar asegurada.

Si en los años que nos preceden la discusión entre concepciones distintas de democracia estaba en boga –respeto a la institucionalidad y el voto versus inclusión social y ampliación de algunos derechos- se olvida a menudo que entre los jóvenes millenials (nacidos entre 1980 y 2000) el porcentaje sobre descrédito a los partidos políticos es alto (60%), según un estudio de Cristian León y María Gómez, del año 2018. Aunque esto no quiere decir que existe una suerte de “desideologización” entre los jóvenes millenials, sino que su politización está fuera de la militancia de los partidos, es decir, en tanto que ciertos valores estén en peligro, sean la libertad de expresión, la democracia, la trata y tráfico o la violencia contra las mujeres. En otras palabras, el MAS leyó mejor que el resto de los partidos en disputa –Comunidad Ciudadana y Bolivia Dice No- que existe una masa votante en las periferias, joven y migrante, para quienes la inclusión es un tema pendiente, así como su acceso a servicios básicos y que, al mismo tiempo, es la masa votante por la que las entidades territoriales autónomas en ciudades intermedias o capitales –sobre todo en Santa Cruz y Cochabamba- pueden hacer poco o nada.

Pero el programa del MAS queda cojo cuando habla de seguridad ciudadana. Está claro que la población más vulnerable a la inseguridad ciudadana está entre mujeres, jóvenes, y niñas, niños y adolescentes, justo a donde pertenecen los millenials. El programa habla sobre el hecho que las entidades territoriales autónomas deben destinar 10% del IDH para luchar contra la inseguridad ciudadana, aunque con énfasis en la violencia contra las mujeres, y modernización y control a la policía, pero no sobre cómo incentivar a que las entidades territoriales autónomas puedan ejercer autonomía en temas de seguridad ciudadana, o bien, si al MAS le interesa “llevar adelante reformas estructurales en la Policía Boliviana para mejorar su eficiencia y su servicio a la sociedad”, no piensa en su propia relación con las Fuerzas Armadas, a las que politiza y coopta con frecuencia.

Este desplazamiento discursivo del MAS es interesante, porque obedece a una tendencia migratoria en Bolivia, de campo a ciudad aunque asentada en ciudades intermedias alrededor de capitales. El programa del MAS es, en esta campaña, una propuesta por “consolidar” a Bolivia como un “corazón energético” y en la que primen las exportaciones sobre las importaciones. Pero es, al mismo tiempo que autocrítico porque reconoce que hay una tendencia fuerte al extractivismo, cojo: no explica cómo asegura estabilidad a su nuevo sujeto político, sino apenas con la implementación de la AGETIC, la “ciudadela del conocimiento”, becas de postgrado o, recientemente, un Ministerio; pero también resulta extraño que si el MAS propone menos burocracia o, en todo caso, la digitalización de la burocracia y del Estado, ¿no es que el nuevo sujeto político vaya a ser un nuevo burócrata con las herramientas suficientes para contribuir a una digitalización de la gestión pública? Es decir, lo cojo del desplazamiento discursivo del MAS radica en que probablemente busque que este nuevo sujeto político no pueda trabajar muy lejos del Estado.