El dulce olor de Puerto Perla

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Prólogo

Contar el país y su cultura implica reconocer esas voces, miradas, narrativas y procesos que se han gestado precisamente desde los territorios, esas miradas que históricamente han sido silenciadas y que hoy emergen para reconocernos desde la diversidad, desde esas narrativas que son fruto de la experiencia y que nos abren las puertas al diálogo colectivo sobre lo que somos, sobre lo que significa cada región, sus procesos, memorias, patrimonio e historias. En ese sentido, avanzar como un país incluyente, que reconoce en la diversidad su mayor riqueza, implica ir labrando el camino para que cada vez más nuevos autores puedan plasmar a través del arte escrito nuevas narrativas territoriales.

Es así como desde el Ministerio de Cultura de Colombia venimos trabajando desde las regiones para consolidar esas formas de leer y narrar el territorio, estimular acciones de mayor receptividad por parte de los sellos editoriales al eco de las voces literarias en perspectiva étnica y territorial, con el ánimo de visibilizar esos nuevos referentes, fortalecer esos liderazgos literarios y ampliar ese abanico de posibilidades de hacer de la literatura un constante ejercicio de construcción de nuestra cultura como país.

El Pacífico colombiano y el Valle del Cauca cuentan con una riqueza cultural y biodiversidad excepcional, su gente, sus narraciones, sus expresiones artísticas, su diversidad de climas, geografías y paisajes son únicos. Por esta razón, es un gran motivo de alegría saber que hoy este trabajo cobra vida para reflejar gran parte de las historias que narran y nacen desde estos territorios.                                                          

Si algo nos han enseñado nuestros ancestros es que la oralidad siempre ha sido esa columna vertebral para transmitir saberes de generación en generación para el Pacífico, para esta región. Es así como uno de los grandes retos que hoy nos une es hacer que esa palabra, que se convierte en ese elemento cohesionador de nuestras comunidades, se plasme por escrito para salvaguardar y relatar esta esencia.

Todos los trabajos compilados en esta increíble obra son excepcionales: “El dulce olor de Puerto Perla» del autor Óscar Seidel hace un análisis profundo de la realidad de Tumaco, conocido como “La Perla del Pacífico colombiano”, partiendo de un mal olor que todas las comunidades e instituciones no encontraban su procedencia. Por su parte, «Benkos Biojó, un verdadero héroe», del escritor Félix Domingo Cabezas relata de forma inigualable esa memoria resiliente y el fruto de esa lucha histórica de este valeroso protagonista que abrió pasos a la libertad del pueblo afro y la ruptura de las cadenas de la esclavización.

De igual forma, «Diálogos de Agua: por los esteros de la afroralidad en el Pacífico colombiano» de Baudilio Revelo Hurtado y su hermano Hernando Revelo Hurtado nos narran esa conexión de las comunidades afro con la naturaleza, porque tal como lo menciona “nos recuerdan que el río tiene alma” y que “la palabra, fuerza incontenible del pueblo en la reivindicación de sus derechos, aquella que arranca el corazón por la ventana de los labios, viajera de boca en boca con los hermanos afropacíficos”.

«Poesía Joven del Valle del Cauca» compilada por Alejandra Lerma, emerge como ese viaje entre el asfalto y el viento, evocando 16 voces de autoras y autores del Valle del Cauca, que recrean a través de la palabra esas intimidades, cotidianidades y paisajes de la región. Todos escriben desde lugares disímiles y tal como lo mencionan “Los contrastes de lo urbano y lo rural se entremezclan en los versos”.                                                     

La fotografía también es parte vital de este trabajo. De esta manera, «Memoria visual vallecaucana del siglo XX, Archivo Fotográfico y Fílmico del Valle del Cauca» compilado por Christian Hurtado Ospina nos sumerge en un viaje por la historia de esta región a través de la imagen, de la fotografía como ese archivo vigente de la memoria. 

«Naufragios» de Hernando Revelo Hurtado nos demuestra que: “La Poesía para escribirla, nos precisa la vida, y para amarla, nos obliga el dolor”. Cada poema sabe a Pacífico, se inspira en el mar, en las gaviotas, en la brisa y en la cotidianidad. Nos recuerda que la poesía no es más que la suma de esos momentos que nos marcan y que refleja el mundo de las emociones, sentimientos y experiencias.

Por último, «Tres cuentos, tres historias de Buenaventura» de Luis Álvaro del Castillo, a quien aprecio profundamente, nos empuja como ola grande por esa tradición oral única de Buenaventura, esa que “se viste de fiesta y carne para arrullar los huesos del pasado”, demostrando que la historia del Pacífico siempre estará en la música, siempre será transmitida a través de los cantos y que van al son del tambor, la marimba, el guasá, el bombo y el cununo.

Espero disfruten este maravilloso trabajo, descubran nuevas historias y que viajen como bien nos permite la literatura, por esos paisajes, esos lugares, esos momentos y esas vivencias que plasma cada autor/a con su trabajo.

Angélica Mayolo Obregón Ministra de Cultura de Colombia