El dulce negocio del azúcar

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De un tiempo a esta parte, el negocio del azúcar tomó un rol preponderante en Bolivia. Sin embargo, cabe destacar los contrastes que genera, por un lado, repuntan los ingenios del oriente gracias a la producción del etanol, mientras que, por el otro está San Buenaventura sin terminar de despegar.

Desde que el Gobierno dio vía libre para la producción del etanol en Bolivia y poco a poco va copando el mercado de los hidrocarburos, los ingenios azucareros y toda la cadena productiva del negocio del azúcar en el oriente buscan ampliar sus campos de cultivo para producir alcohol anhidro.

Sólo el ingenio azucarero Guabirá, ubicado en el municipio de Montero en Santa Cruz, proyectó una producción de 2,6 millones de quintales de azúcar y 95 millones de litros de alcohol. Se prevé que el 40 por ciento será deshidratado para comercializarlo a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).

Este panorama se contrasta con lo que ocurre en el occidente. Según las cifras del Ministerio de Economía, en nueve años, los ingresos de Empresa Azucarera de San Buenaventura (Easba) fueron 80 millones de bolivianos, por debajo de los gastos de operación que suman 311 millones de bolivianos. Esto significa que existe un déficit operacional.

Claro que después de que estas cifras se hicieron públicas en los medios de comunicación, el Viceministro de Presupuesto demostró que la empresa accedió a un crédito del Banco Central de Bolivia (BCB) por 1.832 millones de bolivianos y hasta la fecha pagó 33,53 millones de bolivianos.


Las cifras dan cuenta que, en el dulce negocio del azúcar, el proyecto azucarero estatal está en desventaja ante el imponente crecimiento de las empresas azucareras del oriente que ya se abrieron a la posibilidad de exportar tras satisfacer el mercado interno.