De lo más a lo menos

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Apenas se supo del primer aborto legal realizado en Chile a una niña de 12 años víctima de violación (en realidad, fue el primer aborto informado por la prensa, pues hubo otros casos que no trascendieron), un grupo conservador inició una campaña en redes sociales para desprestigiar al médico responsable de la intervención. Bajo el título “Cruzada nacional contra el aborto”, acompañada por la foto del profesional con las manos ensangrentadas (efecto visual de muy mala calidad, por lo demás), el texto rezaba: “¿Este médico realizó su juramento hipocrático? Juzgue Ud. La Historia de Chile ya lo tiene fichado”.

Asumiendo que se trata de situaciones diferentes, una de salud pública y la otra judicial, imaginemos que tras cada aplicación de la pena de muerte en nuestro país –cuando existía por ley-, grupos contrarios a ella hubieran pagado inserciones en los diarios con los nombres de los integrantes del pelotón de fusileros junto a sus respectivos carné de identidad, preguntándose por su juramento institucional y otras perogrulladas. Mientras más inoficiosa sea la acción, más bullanguero nos hemos vuelto nosotros, los épicos chilenos.

Por esa misma hora, un canal de cable transmitía un documental sobre el cambio climático, donde el astronauta Piers Sellers comentaba al actor Leonardo Di Caprio la sensación de cariño por la Tierra que le generó recorrer, desde las alturas y en cuestión de minutos, sus megaciudades, regiones selváticas, zonas polares, mientras el resto de la humanidad sobrevivía debajo de sus pies. De inmediato lo asocié con una imagen de nuestro planeta vista entre los anillos de Saturnos, tomada por la nave Cassini de la Nasa, a 1.400 millones de kilómetros de distancia y publicada por diferentes portales de noticias. Nuestra casa convertida en una bola luminosa y minúscula, ni más ni menos.

No quisiera caer en la obviedad de proponer, ante la infinitud del universo comprada con el calibre de nuestros problemas, tomarnos de las manos en señal de paz. Al contrario, nunca habrá tal paz, pase lo que pase arriba de nuestros techos. El cineasta Stanley Kubrick decía que ante la majestuosidad del universo, emprender la creación de cualquier obra de arte, por más perfecta que la proyectase dentro de su cabeza el autor, era una batalla perdida de antemano.

A pesar de lo inconmensurable del entorno, tenemos hacia nuestro interior otro infinito tan o más grande que éste, con el que debemos cargar, tras salir de la cama cada día para cumplir con nuestra obligaciones. Aspirar a una vida más plena a través del arte, la ciencia, la política y leyes tal vez sea una quimera, pero no veo otra alternativa cuando todo indica que debemos seguir adelante arreando nuestras mentes, ya sea cansinas como los bueyes o desbocadas como los potros.