Bolivia: los Balcanes de la política

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Ahora que debiera haber consenso para derrotar a Evo Morales (tarea difícil en lo normal y lo anormal), todos buscan, como siempre, notoriedad, preeminencia, singularidad, brillo. Ni qué decir de los intelectuales que hacen de puntales de apoyo. Hablo de algunos emboscados en los diarios, de lentes y barbita rala, que juegan billar a tres bandas, y podrían jugar a más. Mientras no podamos deshacernos de lacras semejantes nunca avanzaremos como país.

Lo que se necesita es gente nueva. Tiene que ser valiente y honesta; gente con huevos y sin precio, que se enfrente a todos y reparta coscorrones a diestra y siniestra. ¿Existe esa gente? ¿En Bolivia? Creo que sí, supongo que sí. Tiene que haberla. Unos a los que no se pueda señalar por pagos y desviaciones, por lameculismo o prostitución.

Y esos no están entre lo que se muestra ahora, ni en los camisas azules ni en los rejuntados enfrente. No debiera ser tan difícil, se está lidiando con un grupo de tartufos sin programa, que lo único que tienen es el poder y el chicote. Ni discurso (ni contar con la insulsa verborrea de García Linera), ni nada. Evo Morales ni siquiera tiene facha de profeta. Es un pillo del comercio menor que se subió sobre un turril para saltar la barda. Le quitas el bastón de mando y aparece como es, un latapuku. Poco sólido para enfrentar ¿qué sucede entonces? Algo malo, una incestuosa dependencia con la corrupción como emblema nacional y antiguo. Cobardía. Venéreas del cerebro andino que todavía se debate en lo que es, lo que cree ser, sin aceptar el mestizaje como patrón de medida.

¿Academias de formación de políticos? Ni en Copenhagen, creo. El ejemplo, la aparición de gente trabajadora, estudiosa, que pueda reclamar decencia y esfuerzo como lo único que posee. Esos necesitamos, no pavos reales, gallitos de pelea, ni afeminados con dotes prestidigitadoras y un ansia de ser ratero que no se veía desde Alí Babá. Aquí, en este Gólgota boliviano, no hay un Cristo en medio, solo ladrones, y todos malos. Que hasta al buen ladrón lo jubilaron en la tierra del hurto.

A esperar quizá; más bien diría a buscar. Retomando al sacrificado por las luchas sociales, Joe Hill: no es tiempo de llanto sino de organización. No se puede derrotar al perro con veneno de ratas. Hay que ser entre preciso y objetivo, conocedor del enemigo, de su terreno, su alimento. Que devoran dinero y  cagan dolor, sabemos, pues por ahí hay que atacarlos, por donde les duele: el bolsillo. ¿Cómo? Pues, a hablarlo.

Lo que vamos a ver ya lo hemos visto. Tal vez un par de siglas nuevas de poco significado. Iconos de la tragedia nacional, representantes del bestiario izquierdoso y el mamotreto fascista. Rincones en los que no hay que escoger, ni en guevaristas ni banzeristas. Los camisas azules del masismo han planteado nuevos campos de lucha, desbarataron con acciones la significancia de las ideologías de ayer. Así como en Nicaragua el matador de Somoza es hoy peor que Somoza, así estos mercenarios inventaron su nuevo espacio. Pues, y retornando al Cristo que guarda su dosis revolucionaria, hay que agarrar el látigo y golpear, echar a los mercaderes del campo de la patria, azotar sin misericordia ni recelo.

Se tiene que hacer el llamado a todos esos apóstoles escondidos en el entramado de la duda, extraerlos con cariño de su escondrijo para que puedan pisar las alimañas. ¿Que lo mío parece llamado a la violencia? Suele ser redentora…

¿Y qué del peligro cocalero? La historia enseña que al primer disparo corretearán. Una cosa es producir dinero de manera infame, y otro tener las agallas de defender lo suyo, hasta lo mal habido, sin traiciones ni chaqueteos. Dirán que me equivoco con muestras del valor chapareño o achacacheño. Mejor lo sabemos quienes leemos historia, créanme.