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Bolivia, atrapada en la recesión mientras Sudamérica resiste

Inmediaciones

El Banco Mundial ha confirmado lo que muchos economistas temían: Bolivia será el único país de Sudamérica en recesión este año. El organismo proyecta una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de -1,1% en 2026, tras haber registrado ya un retroceso de -0,5% en 2025, y anticipa que la contracción se prolongará hasta 2027, cuando el país podría enfrentar una caída aún mayor de -1,5%.

La noticia contrasta con el desempeño regional. Mientras Brasil, Perú y Colombia muestran signos de recuperación y crecimiento moderado, Bolivia se hunde en un ciclo de decrecimiento que amenaza con profundizar sus problemas estructurales. El informe del Banco Mundial subraya que, pese a tensiones comerciales y altos niveles de deuda global, la economía mundial ha demostrado resiliencia, con un crecimiento estable cercano al 2,6% en 2026. Sin embargo, esa resiliencia no alcanza a Bolivia.

El antes: señales de fragilidad

La crisis no surgió de la nada. En 2025, Bolivia ya mostraba síntomas de debilidad. La inflación acumulada superó el 18%, una de las más altas de Sudamérica, golpeando el poder adquisitivo de los hogares. El déficit fiscal se disparó hasta el 8% del PIB, mientras la deuda pública alcanzó el 70% del PIB, el nivel más alto en más de medio siglo.

Las reservas internacionales netas, que en 2014 superaban los 15.000 millones de dólares, se redujeron a menos de 1.500 millones en 2025, limitando la capacidad del Banco Central para sostener el tipo de cambio. La caída de la producción de gas natural, principal fuente de divisas, redujo los ingresos por exportaciones en más de 40% respecto a una década atrás.

En paralelo, la conflictividad social aumentó. Los bloqueos carreteros y las protestas por la escasez de productos básicos paralizaron sectores productivos. La falta de inversión extranjera directa, que cayó a menos de 500 millones de dólares anuales, reflejó la desconfianza de los mercados internacionales en la estabilidad del país.

El ahora: la recesión confirmada

El Banco Mundial confirma que Bolivia entra en recesión en 2026, en un contexto donde la mayoría de las economías emergentes mantienen un crecimiento positivo. La proyección de -1,1% coloca al país en una situación de aislamiento económico dentro de Sudamérica.

Los factores internos son determinantes: bloqueos sociales que paralizan sectores productivos, incertidumbre política que desalienta la inversión extranjera y una excesiva dependencia de los hidrocarburos. La combinación de bajo crecimiento y alta inflación configura un escenario de estanflación, uno de los más difíciles de revertir.

Mientras tanto, la región muestra resiliencia. Perú proyecta un crecimiento de 2,7%, Colombia de 2,8% y Brasil de 2%. Incluso países con dificultades fiscales logran mantener cifras positivas, lo que evidencia que Bolivia enfrenta un problema más profundo y estructural.

El después: perspectivas hacia 2027

El panorama para Bolivia no mejora en el corto plazo. El Banco Mundial anticipa que la recesión se prolongará hasta 2027, con una contracción de -1,5%. La falta de diversificación productiva, el déficit fiscal insostenible y la crisis energética son riesgos que podrían agravar la situación.

Expertos señalan que el país necesita reformas urgentes: flexibilización cambiaria, políticas claras de inflación, incentivos a la inversión privada y una estrategia de diversificación más allá de los hidrocarburos. Sin estas medidas, Bolivia corre el riesgo de convertirse en un caso aislado de estancamiento crónico en la región.

Voces desde la calle

En La Paz, la comerciante María Choque resume el impacto de la inflación: “Antes con 100 bolivianos llenaba la canasta básica, ahora apenas alcanza para arroz, aceite y azúcar”.

En Cochabamba, el joven profesional Rodrigo Méndez relata que su salario perdió más de un 20% de poder adquisitivo en un año: “El sueldo no alcanza, y cada vez más colegas buscan oportunidades fuera del país”.

Los economistas también advierten. Para Carlos Toranzo, analista independiente, “Bolivia enfrenta una estanflación inédita en su historia reciente. No basta con medidas coyunturales, se necesita un rediseño completo del modelo económico”.

Comparación regional

Mientras Bolivia se contrae, sus vecinos avanzan. Según el Banco Mundial, el promedio de crecimiento en Sudamérica será de 2,9% en 2026, con países como Perú y Colombia liderando la recuperación. Brasil, pese a sus problemas fiscales, mantiene un crecimiento cercano al 2%.

La diferencia radica en la capacidad de diversificación. Perú ha impulsado la minería y la agroindustria, Colombia ha fortalecido su sector servicios y Brasil ha apostado por la innovación tecnológica. Bolivia, en cambio, sigue dependiendo de los hidrocarburos, un sector en declive.

¿Estamos frente a una crisis coyuntural que puede revertirse con ajustes económicos, o ante un problema estructural que exige un replanteamiento profundo del modelo productivo boliviano? ¿Qué papel deberían jugar las políticas públicas en un contexto de estanflación y pérdida de competitividad regional? ¿Hasta qué punto la falta de diversificación y la dependencia de los hidrocarburos explican el rezago frente a países vecinos? Y, finalmente, ¿qué costo social tendrá esta recesión prolongada en términos de empleo, migración y estabilidad política?

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