Ronald Valera

Hace algunos días se conmemoraba el día del adulto mayor, entre felicitaciones y agradecimientos para las personas que están en esa hermosa etapa de la vida, sin embargo, el diario vivir de esas personas es desalentador en buena parte del mundo occidental, especialmente en los países de Sur América donde después de pasar toda una vida de entrega y servicio en la construcción de un país, llegan a la jubilación (si es que la obtienen o les alcanza) con unas condiciones nada agradables, además, no cuentan con servicios médicos idóneas para sobrellevar el desgaste del cuerpo propio de la tercera edad; aunque los doctorees hacen maravillas para atender a este sector de la población, la estructura del sistema no está adaptado para brindarles un servicio de calidad, se puede palpar en las largas filas de los abuelos para ser atendidos y la falta de recursos económicos para comprar los medicamentos necesarios porque el estado no los proporciona.

De igual forma, los adultos mayores padecen una soledad y aislamiento injusto impuesto por la sociedad, porque se jubilan o se les saca de la dinámica laboral sin brindarles otras alternativas para ocupar su tiempo disponible; a una persona que estuvo mas de 30 ó 40 años trabajando quitarle una actividad de repente le afectara inevitablemente aunque la razón sea un merecido descanso; por lo tanto, los diferentes entes del Estado deben de ofrecer actividades para que los adultos mayores puedan invertir su tiempo. Así mismo, es necesario que las familias que tienen a una persona mayor crear las condiciones en la vivienda para facilitar la vida y pasar momentos con ellos, debido que parte de la soledad experimentada es porque ningún miembro de la familia comparte con ellos.

Por último, tuve la oportunidad de asistir a una reunión con los adultos mayores dándome cuenta de las carencias antes mencionadas y al mismo tiempo, de toda la sabiduría que han recogido a los largos de los años en diferentes ámbitos de la vida, que puede ser de gran ayuda a la sociedad actual que a veces se pierde buscando el agua caliente (es un forma de decirlo); al atender integralmente al adulto mayor las sociedades se enriquecen cumpliendo con su deber, obteniendo la sabiduría de aquellos que  con su experiencia de vida les pueden orientar dentro de incertidumbre propia de la existencia humana.

Ronald Valera es filosofo