Carlos Decker-Molina

Terminó el mundial de futbol, el único nacionalismo que acepto cada cuatro años. Es siempre mejor definir victorias a golazos que a bombazos.

A propósito del nacionalismo futbolero. Mis pasiones tienen nombres de países: Bolivia y Suecia, mi patria y mi hogar. A veces mi corazón de trajinante global me recuerda mis años de residencia en Francia, en Chile y en Argentina y me duelen sus derrotas no solo futbolísticas sino las otras, las derrotas económicas, sociales y culturales, trinidad de la santa política.

Olvidaba a México, donde no residí, pero su futbol me acompañaba los domingos en el piso de Manhattan, en mi estancia como periodista de la Radio de las NNUU.

Terminó el mundial en Qatar un lugar que nos recordó la gran hipocresía global cuando de negocios se trata.

Escuché a un comentarista deportivo sueco que en sus años juveniles fue jugador que firmó un contrato para jugar en China, la comunista, la dictadura, la sin derechos humanos, la sin prensa libre, etc.

¿Por qué lo hiciste? le preguntó una joven colega. Sin dudar, el aludido respondió: “Miré la cifra de mi sueldo”.

Alguien escribió en El País de España que el Mundial de futbol lo ganó el Paris Saint German porque son sus jugadores los que llegaron a los cuartos de final. O sea, el triunfo es de Qatar, el dueño del club parisino. 

Todos miran, MIRAMOS, la cifra.

Estamos en otra época, signada por gente no se detiene a pensar.

¿Qué es pensar? La RAE dice:

“Examinar mentalmente algo con atención para formar un juicio”

Por eso se suele decir: Piensa bien antes de dar respuesta

No creo equivocarme al decir que estamos en una época en la que pensar no es moderno, no es actual, no está de moda.

Hay quienes durante la historia mundial prohibieron pensar.  Porque, Pensar es un acto de rebeldía. Sin embargo, hoy, se deja de pensar de mutuo propio, es un acto voluntario.

Hay quienes dejaron de calificar el pensar como rebelión, sino como locura. Pensar se está convirtiendo en una enfermedad psiquiátrica. La sociedad mundial ha dejado de ser disciplinaria para convertirse en una sociedad de rendimiento. “Somos sujetos de rendimiento”.

Inauguramos el siglo XXI con un gran apagón intelectual. Años antes se dijo que la historia llegó a su fin. Cada vez la iluminación del pensamiento menor.

Hay una renuncia, una actitud, una tesitura contra el pensar y … muy hábilmente sustituida por el SENTIR.

¿Para qué pensar? ¿Para qué investigar? Todo está dicho, todo esta investigado, todo, ya, tiene respuesta.

Por eso las tensiones que surgen se explican a través de los sentidos.

Como huele mal, no es de los míos. Como no es del mismo color, no es de los míos. Como no ha sufrido como mis padres, no es de los míos. Como no ha sido víctima, no es de los míos.

Los grandes pensadores del siglo XX estaban acostumbrados al debate, al pesar, al saber. Hoy han sido remplazados por los comerciantes de sensaciones y por los contrabandistas de la certeza de la emoción. Para estos la razón está ausente. Se concretan a mirar la cifra.

La razón, ¿qué es la razón?

La razón es la facultad del ser humano de pensar, reflexionar para llegar a una conclusión o formar juicios de una determinada situación o cosa.

No pretendo que me den la razón, lo que pretendo es que simplemente razonen.

Ya termino …

A mis amigos virtuales de este muro, a los lectores de Libros Bar Decker-Molina, otra página de este espacio cibernético y los que me siguen en Instagram, los llamo a razonar que es la facultad de reflexionar.

Será el mejor regalo que se hagan en estas fiestas de fin de año.

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