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Cambiar la Constitución: la madre de las batallas

José Luis Mollinedo De la Quintana

Las leyes se cambian desde las leyes

Cuando Franco decidió restaurar la monarquía en España, eligió al príncipe Juan Carlos por encima de Juan de Borbón, Conde de Barcelona, padre de Juan Carlos, a quien en legitimidad correspondía ser Rey, siendo vetado por el generalísimo Franco por sus ideas liberales.

La condición que puso el dictador español al príncipe Juan Carlos para hacerlo Rey era que se comprometiera a seguir los principios del falangismo y a respetar la Constitución que impusieron los llamados nacionales, victoriosos de la guerra civil contra los republicanos, principios que se plasmaron también en el testamento del caudillo.

El entonces príncipe de España se encontraba en una encrucijada, ya que uno de los compromisos que había contraído con su padre —para que este renunciara a ser Rey— era traer la democracia a España.

Torcuato Fernández-Miranda, principal asesor político del entonces príncipe Juan Carlos, le dijo que aceptara. Que se mostrara como el Rey que continuaría el franquismo. Que lo importante era ser Rey. Que, una vez siendo el jefe del Estado español, podría aplicar todos los mecanismos jurídicos para traer la democracia a España. Ahí nació su célebre frase: «Majestad, las leyes desde las leyes se cambian».

Juan Carlos no dudó. Aceptó ser Rey bajo el patrocinio del franquismo. A la muerte del generalísimo empezó a impulsar el proceso de democratizar España, donde el papel de Adolfo Suárez fue central.

Designado presidente por orden del Rey, Adolfo Suárez realizó transformaciones importantes: 1) Legalizó a todos los partidos políticos sin restricciones de ninguna clase, incluso al Partido Comunista; 2) Aprobó la convocatoria a elecciones generales; 3) Aprobó los resultados del referéndum que ratificaba la Constitución que definía a España como un Estado social y democrático de Derecho, reconociendo a la monarquía como factor de unidad de la nación española y al Rey como jefe del Estado.

Las fuerzas franquistas se sintieron traicionadas, sobre todo los sectores militares. Después de la dimisión de Suárez —por una crisis de su partido sumada a la presión del propio Rey Juan Carlos, que estaba seguro de que el rol de Suárez estaba concluido— se produjo la última arremetida del franquismo.

El 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Tejero encabezó, con la toma del Congreso, un golpe de Estado que quería acabar con la democracia a partir de su fidelidad a la corona.

Fue el mismo Rey quien, en su célebre mensaje del 24 de febrero, condenó la acción de Tejero, ordenó el repliegue de los militares a los cuarteles y ratificó su adhesión democrática.

A partir de ese momento España se modernizó, con una democracia de alternabilidad, de pesos y contrapesos. Y el Rey Juan Carlos pasó de ser un Rey heredero de Franco a ser el Rey de la democracia. Todo porque tuvo la lucidez de defender los resultados del referéndum del 6 de diciembre de 1978, que pedía una sociedad española democrática.

Rey Juan Carlos: De franquista a demócrata

Gonzalo Sánchez de Lozada: la única manera de vencer al populismo es cambiar la actual constitución

El 18 de junio de 2023, después de un silencio político de casi 20 años, Gonzalo Sánchez de Lozada irrumpió en el escenario político del país, sosteniendo que la tarea más importante de las fuerzas antipopulistas era cambiar la actual Constitución Política.

Desde su óptica, la actual Constitución fue hecha como un traje a la medida para lo que representa en política Evo Morales.

Goni sostuvo, en aquella oportunidad, que la actual Constitución expresa la vigencia, en economía, de un estatismo caduco; en materia política, la hegemonía de los movimientos corporativos; en lo social, el arrinconamiento de las clases medias citadinas; y en lo regional, el desequilibrio que amplía la brecha entre departamentos ricos y departamentos pobres. Hecho que desfigura nuestra democracia, generando un cuadro de permanente conflictividad y haciendo inviable al país.

En contraposición, el expresidente planteó una nueva Constitución que sostenía la necesidad de cambiar la fisonomía del país: pasar del régimen presidencialista al parlamentarista con la creación de un primer ministro, que tendría sus funciones ejecutivas en La Paz, mientras el presidente debería tener sus oficinas en Sucre. En el plano económico, el mercado debía ser el rector de toda actividad. En lo jurídico, las leyes debían garantizar tanto las inversiones privadas nacionales y extranjeras como los derechos de los trabajadores.

Pero como el objetivo de este artículo no es analizar las propuestas del gonismo, solo queremos destacar que hace tres años fue el primer político del bloque antipopulista en plantear que, si no cambia la actual Constitución, seguirá vigente el modelo populista sin importar quién esté en el Palacio Quemado.

Indudablemente, en ese momento la propuesta de Goni solo tuvo un pequeño impacto mediático. Incluso hubo quienes la consideraron inadecuada y fuera de la realidad. Sin embargo, a partir del desplazamiento del populismo del poder, el tema de cambiar la actual Constitución ha vuelto a cobrar vigencia.

La única manera de vencer al populismo es cambiar la actual Constitución

Rodrigo Paz y la camisa de fuerza de la actual Constitución

El actual presidente de nuestro país se debate en avances y retrocesos, en discursos contradictorios, en acciones confusas, mostrando no solo una falta de coherencia, sino —sobre todo— una ausencia de rumbo y de comprensión de la política. Cree que todo lo va a resolver discursando y echando la culpa de todo lo que sucede en el país a Evo Morales.

Resolvió, por propia voluntad, acabar con el incipiente sistema político, buscando por otros mecanismos tener la hegemonía política. Su entorno político —que, con contadas excepciones, es muy mediocre— aplaude cuando Paz Pereira, en vez de hacer una política de alianzas y de acuerdos, requisito indispensable en una democracia pactada de pesos y contrapesos, prefiere perforar las brigadas de potenciales aliados usando el clásico e histórico mecanismo de la prebenda y el favor en parlamentarios que se venden por dos monedas. Como dice el segundo hombre de LIBRE, Luis Vásquez, quiere combatir la corrupción corrompiendo a la gente. Esto lo ha llevado a no tener aliados.

Empero, le salió el tiro por la culata. La censura del Ministro de Economía demostró que, por el contrario, la política de penetración de las brigadas parlamentarias solo sirvió para consolidar un bloque entre Tuto y Samuel que, desde la Asamblea, mantendrá al gobierno en jaque. Eje al que se suman parlamentarios de Andrónico, los tapados evistas y los inconformes del PDC.

Luis Vásquez: «Es urgente reformar la Constitución si se quiere traer inversiones»

La soledad del poder

Desde la óptica de la política descarnada, lo que hace Rodrigo Paz es pragmatismo; pero desde el punto de vista ético va en contra de la famosa prédica de la Revolución del Comportamiento de Jaime Paz.

Pero Rodrigo tiene problemas más serios, porque su gobierno, a los 9 meses de gestión, ha tenido un desgaste impresionante. Una de las principales causas de su desgaste es la siguiente: en los primeros 90 días de gobierno —que, según J. F. Kennedy, definen el futuro y el rumbo de una gestión presidencial— no pudo marcar un camino nuevo que reemplace al modelo del M.A.S. Por el contrario, la pasó muy mal.

Buscando ser una opción de centro, acabó siendo prisionero de una fuerte tenaza: en una punta, los movimientos corporativos; en la otra, los intereses empresariales de la agroindustria cruceña. Eso lo inmovilizó y le impidió despejar. Su reacción fue desatinada. En vez de buscar una alianza política que abra un nuevo ciclo, pensó que el mejor camino era jugar al llanero solitario, marginando incluso a su vicepresidente. Los problemas se le sumaron y siguen sin resolverse.

El parámetro para la población no es el tipo de cambio, ni su furibundo antievismo. La gente lo mide por tres aspectos: 1) el desabastecimiento de los hidrocarburos; 2) el incremento del costo de vida; 3) la corrupción que existe en su gobierno. Esto ha hecho que el gobierno pierda su imán de atracción y se convierta en lo que ciertos sectores clasemedieros denominan gobierno de transición.

Rodrigo vive lo que se denomina la soledad del poder: todos lo escuchan, pero, en el fondo, nadie le hace caso.

La mentada corrupción y la ineficiencia: los mayores estigmas del gobierno de Paz Pereira

Tal vez la voz de Hugo Celso Felipe Mansilla, reconocido filósofo boliviano, exprese ese sentimiento cuando dice que el actual gobierno es más ineficiente y corrupto que los gobiernos populistas.

Consideramos que Rodrigo Paz tiene buenas intenciones. Pero la política es como el cacho: lo que se ve se anota. A ningún gobierno, incluido el de Lucho Arce, le han estallado en la cara —con razón o sin ella— temas de corrupción y de letargo en el manejo y la resolución de los problemas que atañen a las familias bolivianas, haciendo que buena parte de los bolivianos hayan perdido la fe en la actual gestión presidencial, cuyo rechazo en la ciudad de El Alto llega al 90%.

La época de la política del retrovisor ha llegado a su fin. El argumento que sostiene la absurda hipótesis «si no soy yo, vuelve Evo» ya no renta. A esta altura, ni el apresamiento del cocalero —cosa que no ocurrirá— aumentará la credibilidad de Paz Pereira.

H.C.F. Mansilla: La corrupción domina este gobierno

Aliados que, en vez de potenciar, son el beso de Drácula

Empero, el presidente cierra alianzas que lo perjudican en vez de ayudarlo. Que llegue a un acuerdo con Branko y compañía por algunos votos en el Parlamento le produce un rechazo mayor en las calles, donde su imagen ya está en plena caída. Y en democracia, el mayor porcentaje de la resolución política lo tienen las calles. Si los miembros del gobierno no nos creen, sería bueno que le pregunten a Goni.

La alianza con Branko solo muestra el acuerdo con un senador que es la expresión del transfuguismo político, que dice representar al pueblo cruceño y que, cuando fue a las urnas por cuenta propia, apenas sacó el 5% de la votación. Además, el apoyo de Branko no es gratis: la propia gente de LIBRE denunció que es por espacios de poder, sobre todo en Santa Cruz. Branko no da puntada sin hilo; para el empresario, el apoyo al actual gobierno es un negocio que mantendrá mientras le sirva.

Desde el gobierno, en la línea de Óscar Eid, se dirá que en política hay que tragarse sapos. Tal vez sea cierto. Lo grave es que hay veces que son lagartijas que te van a asfixiar.

Branko Marinković, ayer con Tuto, hoy con Rodrigo. Mañana con cualquiera. Lo que le importa es hacer negocios que lo beneficien

Como siempre, la economía es la clave

Rodrigo sabe que su única posibilidad de revertir la imagen de su gobierno es un manejo exitoso de la economía. Para ello ha firmado acuerdos con el FMI y está presentando leyes genéricas al Parlamento.

Sin embargo, los acuerdos con el FMI le piden otro reajuste económico que nadie le va a aguantar. Por otro lado, las inversiones de privados no llegarán a Bolivia con las actuales reglas de juego, donde las ganancias de las inversiones estén en los marcos que hoy señala la actual Constitución.

Un ejemplo contundente

El chinito Mollinedo, calificado experto en el tema de hidrocarburos, ha venido sosteniendo que hay que cambiar la actual visión de la política de hidrocarburos; que será muy difícil que lleguen nuevas inversiones; que, además, la exploración y explotación de campos cuestan mucho y los beneficios para el país recién llegarán en 5 años. Plantea que los recursos petroleros del país sean utilizados para cambiar nuestra matriz energética y sirvan para la generación de plantas hidroeléctricas que vendan energía al Brasil, donde hay mercado asegurado.

En esta línea, el actual Viceministro de Hidrocarburos tomó contacto con algunos inversionistas para ver si tenían interés. El economista Juan Carlos Vásquez, representante de empresarios europeos, sostuvo reuniones con gente del Viceministerio de Hidrocarburos y de YPFB. En dichas reuniones pudo constatar que, según los datos que maneja el gobierno, Mayaya no es el megacampo fabuloso que se predica; que, por otro lado, la construcción de un gasoducto que conecte con La Paz es muy cara y tardaría mucho. Se vio que lo más conveniente es construir, cerca de Mayaya, una planta hidroeléctrica que venda energía al Brasil. Pero las negociaciones se pararon cuando Vásquez y sus socios vieron que el porcentaje de utilidades no correspondía a la inversión y que tampoco hay seguridad jurídica.

El Viceministro sostuvo que el gobierno iba a cambiar, a través de leyes, las reglas del juego. La respuesta de Juan Carlos Vásquez fue contundente: «Primero cambien las leyes, después hablamos».

Chinito Mollinedo: Es urgente cambiar la matriz energética del país

Cambiar la actual constitución: la gran batalla

Está claro que, si Rodrigo Paz quiere iniciar un nuevo ciclo político neoliberal con inversiones, tendrá que cambiar la actual Constitución, que mantiene la fuerte presencia del Estado en la economía.

Esa es la gran batalla que tiene que librar el gobierno. Tarea nada sencilla, porque la actual Constitución cuenta con la adhesión de la mayoría de la población, que se identifica con el Estado Plurinacional. Es fruto de la emergencia de nuevos actores sociales que están profundamente identificados con ella —porque es parte de su empoderamiento económico, social y político— y la defenderán en todos los campos, incluso sin dudar en recurrir a la violencia si es necesario. Evidentemente, pueden admitir cambios superficiales mientras no cambie su esencia.

Ahora bien, para cambiar la Constitución hay que tener una gigantesca espalda política. Recordemos que en el último referéndum el 61% del voto popular aprobó la Constitución vigente. No hay razón alguna para que esa situación cambie, mucho más con la fragmentación y la debilidad de los actores políticos adscritos a las ideas neoliberales.

Rodrigo Paz está dentro de un torbellino de pasiones que, día a día, lo ahogan. Tuto se contenta con cambios parciales. Samuel está en lo mismo. De Dunn no hay nada que decir. Pero lo más grave es que, al final, por más que el Parlamento apruebe modificaciones, las mismas deben ser refrendadas en las urnas, donde fácilmente pueden ser rechazadas, porque todavía los grandes sectores de la sociedad ven a la actual Constitución como su mayor logro.

Pero sin cambio de Constitución no hay nuevo ciclo político. Por eso afirmamos que la madre de las batallas es la lucha por el cambio de la Constitución.

Rodrigo Paz: prisionero de sus propios errores y debilidades

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