Blog Post

News > Opinión > Ni rasputines ni Mata Haris nativos

Ni rasputines ni Mata Haris nativos

La cadena de escándalos que vinculan a miembros importantes del poder político ya son parte de la cotidianidad con la invariable presencia de exóticos personajes que protagonizan dramas, comedias, tragicomedias y melodramas.

Su existencia esta vinculada indefectiblemente a las más altas esferas de gobierno, son el efecto de la profunda crisis moral heredada del neopopulismo autoritario, su rol es variado, participan e influyen   en las decisiones públicas, hacen negocios, tienen una vida regalada y hedonista, participan de la farándula, son extremadamente mediáticos, copan páginas enteras de periódicos, horas de programación radial o televisiva y son los más vistos en la redes sociales, a la par de su vida licenciosa embadurnan la política de la que obtienen beneficios rápidos con procedimientos casi siempre ilegales pero cobijados por la permisividad y laxitud del poder.

Son rasputines y mata haris que seducen a poderosos, hábilmente los hacen caer en sus hábiles enredos, son lisonjeros, audaces y tienen u olfato perruno para ubicarse en el lugar preciso y junto al personaje del momento.

Son mitómanos por excelencia, se codean con las élites, su palabra es motivo de grandes debates, son la fuente de la verdad, generan dudas, sus chismes se extiende como reguero de pólvora e involucran a medio mundo, de ser personajes descalificados se convierten en acusadores límpidos.

Como toda mentira tiene algo de verdad, su presencia alcahueta en los círculos de poder y sus historias de sábanas adquieren un carácter público para felicidad de los procaces y morbosos, que tejen historias a raudales, sus licenciosas aventuras adquieren carácter de estado.

La fuerza de sus especulaciones es tan poderosa que  los involucrados deben dar explicaciones como si lo dicho fuera una verdad indiscutible.

Casi siempre son parte de conspiraciones que no serán esclarecidas y quedaran instalas en el imaginario colectivo, no habrá una verdad única, habrá muchas.

Entonces las tambaleantes instituciones se embarullan con penosas actuaciones de sus titulares, no queda nada en pie, por angas o por mangas están pringadas, mientras los involucrados pasan a manos de la justicia, donde nada pasará como sucedió en casos similares la especulación desestabilizadora se incrementará.

La política enmierdada irremediablemente se asfixia en la extrema desconfianza, nadie cree en nadie ni en nada, sus progenitores devienen como angelitos pretendiendo que se olviden sus tropelías pasadas amplificando los últimos acontecimientos mientras el gobierno nacional no atina a dar una explicación convincente ni a tomar medidas definitivas.

Este brutal quiebre  visibiliza con contundencia la profunda crisis en la que se encuentra Bolivia y que los actores políticos se niegan a admitirla y confrontarla, se distraen con paleativos, sugieren parches insustanciales, vanguardizan el disparate, son héroes de acciones menudas con las que disimulan su terror de no hincar el diente al hueso, evaden las causas del desastre, en suma no tienen respuesta a la crisis política, social, económica y moral que atraviesa Bolivia producto del fracaso del estado plurinacional.

Sin pudor alguno, pese a una retórica hipócrita, reproducen las pautas culturales del neopopulismo autoritario, hacen lo mismo que lo que se hizo antes, se rodean de personajes ululantes que degradan moralmente a la política.

El caso Zapata debía ser un ejemplo a no repetirlo, empero se muestra como una inspiración en el caso Cerimedo-Beller y miren en lo que quedó, en el laberinto judicial, sin una explicación política que permita concluir en la necesidad de promover valores diferentes en el ejercicio del poder.

Las acciones legales en contra de los involucrados, son necesarias pero insuficientes para explicar el comportamiento del poder político que esta obligado a dar un curso diferente a la historia del país.

Este culebrón ha puesto a Paz Pereira en el límite, pese al clima de desconfianza y con muchas piedras en el camino, como nunca, debe activarse la política digna y los protagonistas deben ser los políticos. No se trata de salvar a Paz Pereira, se trata de evitar la caída de la democracia.

Los acuerdos entre las fuerzas existentes son imprescindibles, no hay más tiempo. El gobierno debe dar muestras de cambio en todos los campos, incluido el moral. Ellos se deben aproximar sobre la base de una causa que no es otra que inaugurar la era democrática y terminar con los residuos de la dictadura electoralizada, esta decisión debe estar traducida en un cambio de gabinete con la participación de todas las fuerzas y el armado de una brigada parlamentaria que respalde la reforma total de la constitución y aprueben las leyes destinadas a superar la crisis actual.

Habrán tentaciones de excluir a Paz Pereira de un acuerdo, pero seria un error, porque dejaría en el vació y sin explicación alguna lo sucedido,  es el momento de exigirle transparencia y que se reconduzca el manejo de la cosa publica al margen de roscas, logias o grupúsculos de inescrupulosos, que abundan. Ya habrá tiempo de rendir cuentas en las instancias correspondientes.

Que algunos deseen adelantar elecciones suponiendo que con ello se resolverá la crisis, es ignorar que el verdadero enemigo que acecha desde las sombras tendría en las urnas el escenario legitimador que lo eximiría de sus responsabilidades penales. Todo esto, sin embargo, no debe llevar a Paz Pereira a suponer que se quedará en la silla presidencial hasta el 2030 cometiendo los mismos errores o se decide a gobernar con seriedad, unidad y oportunidad o su octubre esta a la vuelta de la esquina.

La responsabilidad de conducir un gobierno no debe, no puede, estar en manos ni de rasputines ni de mata haris nativas, la política y los políticos deben asumir su rol y responsabilidad como corresponde.

error

Te gusta lo que ves?, suscribete a nuestras redes para mantenerte siempre informado

YouTube
Instagram
WhatsApp
Verificado por MonsterInsights