La ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, ha decidido cambiar los criterios de asignación de Becas Chile para algunos programas en el extranjero, priorizando áreas temáticas relacionadas con la ciencia y la tecnología, a costa de las humanidades y las ciencias sociales. Algunos de sus argumentos refieren al impacto en el desarrollo y los desafíos del futuro.
Pareciera ser correcto. Si se trata de asignar recursos escasos pensando en mayor retorno económico, es lo que haría cualquier gerente de empresa que tiene en mente ganancias rápidas y bonos a fin de año.
Pero la ministra, como su cargo lo señala, no es gerente; y las funciones públicas en cargos tan relevantes deben atender a criterios que van más allá del retorno económico.
Es una ducha fría para la derecha. Parecía que la tradicional alergia o desconfianza propia de amplios sectores de la derecha local (a diferencia de derechas más cultas) a los asuntos culturales, intelectuales y también artísticos estaba en retirada. El trabajo serio de varios centros de estudio y el surgimiento de intelectuales con densidad parecía haber permeado en esta desconfianza provinciana, haciendo que las ideas públicamente esgrimidas fueran más que defensas de clase y privilegios. Mediante esta decisión y la reducción radical de presupuesto del ministerio de cultura, el gobierno del Presidente Kast ha desarmado esa impresión como una ola un castillo de arena.
Parte del rol de las humanidades y ciencias sociales, que no debiera desatender un ministro de ciencias, es volver la mirada sobre la sociedad, los seres humanos, y sus condiciones de posibilidad. A veces los caminos son torcidos. Pero conducen al presente y nos direccionan hacia el futuro.
Considere, a modo de ejemplo, la tecnología hoy más disruptiva, la IA, una de las áreas prioritarias. E imagínese su proyección hacia el futuro sin el concurso de la filosofía, la literatura, la historia o las ciencias sociales ¿le gusta lo que ve?
En tiempos de incertidumbre, como los de IA, volver sobre lo que las humanidades nos dicen del ser humano y las ciencias sociales de la sociedad y la interacción humana, es necesario para entendernos mejor, relacionarnos mejor con ella, y dominarla. Por lo demás, en el desarrollo de la IA han coincidido estas y más disciplinas.
La decisión ministerial adolece de una miopía mental aún muy presente en sectores de la derecha. Más allá de las ganancias a corto plazo, expresadas en un Excel (no crea empleos, diría el Presidente), esta miopía les impide ver que el país se construye sobre una amplia red de ideas que lo sustentan como las raíces del sotobosque, ideas cuya indagación es propia de las humanidades y las ciencias sociales; una red que, si seguimos a Aristóteles y evaluamos a las personas por lo que hacen y no por lo que dicen, este gobierno considera suntuario y prescindible o simplemente desprecia.
Daniel Loewe, Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez