Doscientos y un años de la fundación de Bolivia cumplidos en 2026. Llegan con el sabor amargo de la única certeza disponible para la ciudadanía decidida a no abdicar de su condición y seguir participando en los asuntos públicos, así sea desde las aceras: la debacle sistémica del país continúa, sin miras de que cese. Menos aún de que comience a ir en reversa. Está en caída libre, aunque duela reconocerlo.
Queda claro que el objetivo de los promotores del “Estado Plurinacional” ha sido cumplido, incluso más allá de sus expectativas como puede apreciarse en la cotidiana recolección de titulares de noticias del país, cuyo contenido desafía con ventaja a la imaginación de cualquier mente creativa. Tal objetivo fue la desaparición de la “república”, como lo denunció Jorge Lazarte Rojas una vez impuesta la constitución de La Calancha, antes de saberse que se trató de un experimento de los radicales de España, con informe de resultados de Íñigo Orrejón.
De “sus promotores” es necesario recalcar, pues entre ellos y los ingenuos que se tragaron las píldoras cuadradas lanzadas por sus voceros desde la “academia”, los organismos internacionales y los medios de comunicación, hay distancia. La que separa a los autores intelectuales – a lo Gramsci, claro – y a los “tontos útiles” – a lo Lenin, claro también. Como tampoco son los mismos esos promotores y los operadores de las tareas para construir hegemonía, más y menos sucias, obedientes siervos de las órdenes de los jerarcas del autoritarismo. Ellos encarnan la “banalidad del mal – según Arendt –, mediocres burócratas del desastre.
Lejos de la verborrea plagada de palabras extrañas, discurso de justificación desplegado, la estrategia tenía un desemboque pragmático: la satisfacción de las ansias de riqueza, a como dé lugar. Prisionera de la ambición, cual muchedumbre de reyes Midas a la inversa, lo que tocó se volvió desecho: la flora, la fauna, el agua, el aire… la cultura, las instituciones. Nada se salvó.
Por eso el trazo dibujado en el recorrido por los medios de comunicación y las redes sociales no deja dudas: se trata de un “thriller” en versión extendidísima, sin final a la vista salvó el corte definitivo de luz y el reinado de la oscuridad. Así está el agobiante e inevitable escenario de la vida en Bolivia. Mantiene en vilo a los espectadores que a la vez son la utilería de esta película de género apocalíptico, parangón de “Infierno en la torre”, como dice un cinéfilo genial que acumula conocimiento enciclopédico sobre el séptimo arte a la vez que humor negro a raudales.
Las noticias serpentean entre los crímenes a la mexicana cometidos a plena luz del día con participación de bandas brasileños – 10 muertos el resultado desde hace poco más de una semana –; las improvisaciones continuas del Ejecutivo con los enroques, entradas y salidas de los miembros del círculo familiar y social del primer mandatario en el grupo denominado “gabinete ministerial” que no sabe si es tal o una “frater” o una comparsa – sin remoción de embajadores y con entrega de cóndores de los andes quien sabe por qué –; los prevaricatos judiciales con plena prueba documental y confesión de parte firmada y rubricada; la competencia del ridículo mediante ocurrencias danzarinas y tiktokeras entre el número uno y el número dos, para vergüenza ajena; la persistencia de desabastecimiento de los carburantes y el descubrimiento de redes de corrupción en YPFB después de 9 largos meses; la corrupción instalada de cabo a rabo en las reparticiones pluri con impunidad asegurada y actores de antes y después de noviembre de 2025.
Para coronar el detalle surrealista, no faltan las entradas folclóricas con menudeo de sustancias de potente y diverso efecto a nombre de la fe en los santos, las paradas militares y los desfiles escolares por el día de “la patria, la patria, la patria” – para hacer coro a quien ocupa la silla más importante de todas –, dejando fuera de discusión que los sones ruidosos de las “bandas de guerra” son inútiles para hacer marchar a alguien al compás del civismo.
Esos titulares, almacenados por millones en la red, sumando y siguiendo cada día, son un material valioso para quienes, acuciosos investigadores, tengan la pertinente ocurrencia de sistematizarlos según diversos criterios. Al final del camino, los informes alimentarían un diagnóstico completo, cuales resultados de tomografías axiales computarizadas o resonancias magnéticas, y quien sabe moverían voluntades para superar esa aceptación resignada y cínica mencionada por Fernando Untoja en su artículo “De los tiempos líquidos a los tiempos viscosos”.
Vana ilusión. Como están las cosas, habrá que llamar a Heracles, el héroe griego encarnación de la areté quien se redimió de sus culpas completando trabajos imposibles. Uno de ellos fue la limpieza de los establos del rey Augías, lugar apestoso asolado por excrementos, con el agua de dos ríos.
Que venga Heracles a cumplir tal tarea en este pobre país convertido en un establo cubierto de los desechos de la herencia socialista del siglo XXI.