He leído con detenimiento “Celda 38”, el libro del periodista Eddy Luis Franco Nogales y confieso que me ha conmovido. He encontrado en él, el relato de un drama vivido por una persona inocente que fue recluida en la cárcel de San Pedro en la ciudad de La Paz por motivos políticos, en clara actitud de venganza y en cumplimiento de “órdenes superiores” emanadas del pretendido líder espiritual de los indígenas del mundo.
El autor ha dedicado su libro a todas las familias bolivianas que, como la suya, “han tenido que enfrentar la injusticia sin más armas que el amor y la fe. A las esposas que hacen fila en los pasillos de un juzgado con la misma dignidad con la que sostienen un hogar. A los hijos que crecen de golpe para no dejar caer a los suyos. A los padres y las madres que rezan por un hijo detrás de las rejas, sin saber cuándo van a volver a abrazarlo. Son muchas, en este país, las familias que hoy libran la misma batalla silenciosa que libramos nosotros. A todas ellas, este libro también les pertenece”.
Franco Nogales, a quien muchos conocimos en las pantallas de televisión, cometió el “delito” de aceptar el ejercicio de funciones como Gerente General de ENTEL durante el gobierno de la señora Jeanine Añez. Ese acto determinó que, luego del arribo a la presidencia de Luis Arce Catacora, sea citado, por órdenes del violento exministro Montaño, hoy encarcelado en San Pedro e impuesto como tal por Evo Morales (al que luego traicionó), para que aclare su participación en la supuesta comisión de tres delitos que, en realidad, nunca cometió.
Franco, como muchos otros, confió en que la verdad de los hechos impediría su detención, pero no contaba con la maldad y la bronca de los masistas que, furiosos porque no pudieron permanecer ad aeternum en el poder después de 2019, estaban decididos a cobrar venganza de cualquier manera.
La presunción de inocencia, el debido proceso y el derecho a la defensa, entre otras garantías incursas en el texto de la Constitución de 2009 y en varios instrumentos internacionales de Derechos Humanos, eran nada más que declarativas. Lo que contaba eran las órdenes que venían de arriba, para escarmentar a quienes impidieron la consumación del fraude en 2019, y a quienes -¡Vaya osadía!- ocuparon cargos en la función pública, porque ellos les pertenecían sólo a los azules: “55% Somos mayoría”, repetían ufanos.
Franco hace referencia a varios otros que sufrieron, como él, la persecución y el escarnio que institucionalizó el MAS durante sus gobiernos; entre ellos, a Marco Antonio Aramayo que, como se sabe, fue cruelmente torturado y murió como consecuencia de ello en 2022.
Además del sicariato judicial y el fiscalato, el MAS institucionalizó la represión de la protesta social al estilo cubano – venezolano – nicagragüense, es decir, mediante la conformación de grupos de choque violentos, integrados por matones (varios de ellos “servidores públicos”), que golpeaban a los opositores mientras la Policía los cuidaba a ellos y, en caso necesario, se sumaba a su accionar, reprimiendo las protestas.
Lo lamentable del caso es que, pese al cambio de gobierno, esta manera de actuar de la administración de justicia permanece incólume. Lo vimos hace una semana, cuando el exministro de Hidrocarburos, Mauricio Medinaceli, fue detenido, aprehendido y remitido a celdas de la FELCC, con el mismo modus operandi del masismo. Tan solo la indignación y el accionar de la sociedad civil impidió que se consumara un nuevo atropello a los derechos de una persona.
No es el único caso. Podemos preguntarnos ¿en qué andan los casos de Elvira Parra, injustamente detenida como Marco Antonio Aramayo? ¿Están siendo investigados los asesinos de éste? ¿Se ha hecho algo con relación a las torturas y lesiones sufridas por César Apaza, el dirigente cocalero de Los Yungas, al que la Policía torturó bárbaramente hasta dejarlo lisiado? ¿Ha concluido la infinidad de procesos penales iniciados en contra de opositores al MAS?
Lamentablemente NO. En este gobierno, al que muchos vieron con simpatía y esperanza de cambio en la administración de justicia, nada ha cambiado en realidad. Al contrario, los males del masismo se mantienen, si es que no se han profundizado. Fiscales cangrijos (así, con “i”), quieren seguir haciendo de las suyas.
Los bloqueadores de 53 días, aquellos que atentaron contra la vida, la salud y la seguridad de millones de paceños y alteños, se pasean orondos por las calles de las ciudades, mientras el gobierno sigue divagando y el presidente hablando incoherencias.
Como dice Franco, las verdaderas ratas no viven entre expedientes viejos, sino en ministerios, fiscalías y juzgados. Y también en algunas organizaciones sindicales y en las asambleas legislativas, añadimos nosotros.
Pero, como lo malo sólo triunfa si los que buscan el bien se duermen en sus laureles o mantienen su comodidad, hay que redoblar esfuerzos para construir diariamente el bien. ¡Se puede, ha quedado demostrado con el caso de Mauricio Medinaceli!
¡Ah! Y no dejen de comprar el libro de Eddy Luis Franco Nogales.