Fernando Romero
Introducción
La deuda pública constituye uno de los principales instrumentos mediante los cuales un Estado financia inversiones públicas, cubre déficits fiscales y enfrenta situaciones extraordinarias de iliquidez. Sin embargo, el endeudamiento deja de ser un mecanismo saludable cuando el crecimiento de las obligaciones financieras supera la capacidad estructural de la economía para generar ingresos fiscales y divisas suficientes para atender oportunamente el servicio de la deuda.
Durante el primer semestre de 2026, Bolivia enfrentó un escenario macroeconómico particularmente complejo, caracterizado por una desaceleración económica, elevada inflación, escasez de divisas, disminución de las exportaciones, persistente déficit fiscal, reducción de las Reservas Internacionales Netas (RIN) y crecientes restricciones en el mercado cambiario. En este contexto, el comportamiento de la deuda externa pública adquiere especial relevancia debido a que refleja tanto las necesidades de financiamiento del Estado como la percepción de riesgo del país frente a los organismos internacionales y los mercados financieros.
1. ¿Cómo se desempeñó y evolucionó la deuda externa pública de mediano y largo plazo durante el primer semestre de 2026?
Una deuda que continúa creciendo, pero con un cambio importante en su composición y destino
Al cierre del primer semestre de 2026, el saldo de la deuda externa pública de mediano y largo plazo de Bolivia alcanzó USD 14.357,7 millones, registrando un incremento de USD 193,4 millones respecto a diciembre de 2025. Aunque este crecimiento representa apenas un 1,4% semestral, refleja que el Estado continúa dependiendo del financiamiento externo para cubrir necesidades fiscales y de liquidez. Durante este período se recibieron desembolsos por USD 1.217,8 millones, pero también se efectuaron amortizaciones de capital por USD 977,4 millones, además del pago de USD 307,5 millones por intereses y comisiones. Como resultado, el incremento del saldo fue moderado, aunque acompañado de un esfuerzo financiero significativamente mayor para cumplir con el servicio de la deuda. El comportamiento observado evidencia que Bolivia
continúa teniendo acceso al financiamiento internacional, aunque a un costo creciente y bajo condiciones financieras menos favorables que en años anteriores.
Desde una perspectiva técnica, el desempeño de la deuda puede calificarse como estable en términos de saldo, pero más vulnerable desde el punto de vista financiero. La mayor parte del endeudamiento continúa concentrándose en organismos multilaterales, principalmente el BID, la CAF y el Banco Mundial, que representan más del 70% del total de la deuda externa. Sin embargo, durante el primer semestre destacó la emisión de $us. 1.000 millones en Bonos Soberanos en los mercados internacionales, operación destinada principalmente al apoyo presupuestario. Esta decisión permitió fortalecer temporalmente la liquidez del Gobierno, pero incrementó el peso del financiamiento obtenido en condiciones de mercado, generalmente más costosas que los créditos multilaterales tradicionales. En consecuencia, aunque el crecimiento del saldo fue moderado, la estructura de la deuda comenzó a mostrar una mayor exposición al financiamiento comercial y a tasas de interés superiores.
¿Qué cambios importantes ocurrieron respecto a diciembre de 2025?
El retorno al mercado internacional de capitales marcó el principal cambio en la estrategia de financiamiento
El cambio más significativo ocurrido durante el primer semestre de 2026 fue la reaparición de Bolivia en los mercados internacionales mediante la emisión de USD 1.000 millones en Bonos Soberanos, lo que incrementó el saldo de los títulos de deuda desde USD 1.850 millones hasta USD 2.286,9 millones, elevando su participación al 15,9% del total de la deuda externa pública. Paralelamente, la deuda bilateral disminuyó debido al proceso natural de amortización de préstamos con China y Francia, mientras que la participación relativa de los organismos multilaterales permaneció prácticamente estable. En términos prácticos, la composición de la deuda comenzó a desplazarse parcialmente desde créditos tradicionales hacia instrumentos negociados en los mercados internacionales de capitales.
Otro cambio relevante fue el deterioro de algunos indicadores financieros asociados a la sostenibilidad de la deuda. Aunque la relación Deuda Externa/PIB aumentó hasta 26,5%, permaneciendo por debajo del umbral internacional del 40%, el indicador de liquidez Servicio de la Deuda/Exportaciones ascendió a 19,4%, superando el límite de referencia del 15% utilizado por el Banco Mundial y el FMI. Este incremento obedeció principalmente al importante pago de Bonos Soberanos y a la disminución de las exportaciones (dañadas por los bloqueos), lo que refleja que el principal desafío actual ya no radica únicamente en el tamaño de la deuda, sino en la creciente dificultad de generar suficientes divisas para atender oportunamente
sus obligaciones externas. En otras palabras, el riesgo financiero comienza a concentrarse más en la liquidez que en la solvencia.
2. Aspectos positivos y negativos del desempeño, estructura y situación de la deuda externa pública de Bolivia al primer semestre de 2026
ASPECTOS POSITIVOS
1. Predominio del financiamiento multilateral favorece la sostenibilidad financiera
La principal fortaleza de la deuda externa boliviana continúa siendo su composición. Al cierre de junio de 2026, aproximadamente tres cuartas partes del saldo corresponden a préstamos otorgados por organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Corporación Andina de Fomento (CAF), el Banco Mundial y FONPLATA. Este tipo de financiamiento generalmente ofrece tasas de interés inferiores a las del mercado internacional, plazos de amortización más largos y períodos de gracia que reducen las presiones inmediatas sobre las finanzas públicas. Desde el punto de vista del riesgo soberano, esta estructura disminuye la probabilidad de enfrentar crisis abruptas de refinanciamiento, ya que los organismos multilaterales mantienen una relación financiera relativamente estable con los países miembros. En consecuencia, Bolivia conserva una cartera de deuda relativamente favorable respecto a otros países emergentes que dependen principalmente de inversionistas privados o emisiones frecuentes de bonos internacionales. No obstante, esta ventaja debe preservarse evitando sustituir progresivamente el financiamiento concesional por deuda comercial de mayor costo.
2. El nivel de endeudamiento continúa por debajo de los umbrales internacionales de solvencia
Otro aspecto favorable es que los principales indicadores de solvencia todavía permanecen dentro de los parámetros de sostenibilidad establecidos por organismos internacionales. El coeficiente Deuda Externa Pública respecto al Producto Interno Bruto alcanzó alrededor del 26,5%, muy por debajo del umbral referencial del 40% utilizado por el Banco Mundial y el FMI para economías con características similares. Asimismo, el indicador Deuda Externa respecto a las Exportaciones continúa por debajo del límite considerado crítico. Estos resultados indican que, desde una perspectiva estrictamente patrimonial, Bolivia aún dispone de capacidad económica suficiente para respaldar el volumen total de su deuda. En otras palabras, el país todavía no enfrenta un problema de insolvencia estructural, sino principalmente restricciones de liquidez derivadas de la menor disponibilidad de divisas y del debilitamiento de las cuentas fiscales. Esta diferencia resulta fundamental porque determina el tipo de políticas económicas necesarias para enfrentar la coyuntura actual.
3. El acceso al financiamiento internacional demuestra que Bolivia mantiene credibilidad con acreedores externos
Durante el primer semestre de 2026 Bolivia logró contratar nuevos financiamientos por aproximadamente USD 1.217,8 millones, incluyendo la colocación de Bonos Soberanos en los mercados internacionales. Desde una perspectiva financiera, ello demuestra que el país aún conserva acceso al crédito internacional, situación que no ocurre cuando los inversionistas consideran inminente un incumplimiento de pagos. La posibilidad de obtener recursos externos permite cubrir parcialmente necesidades presupuestarias, financiar proyectos de inversión y fortalecer temporalmente la liquidez del Tesoro General del Estado. Sin embargo, este acceso ya no ocurre bajo las condiciones financieras observadas hace una década. Actualmente los inversionistas exigen mayores rendimientos debido al incremento del riesgo país y a la incertidumbre macroeconómica existente. Por ello, aunque el acceso al financiamiento constituye una fortaleza, su costo financiero comienza a incrementarse y limita el margen de maniobra de la política fiscal.
ASPECTOS NEGATIVOS
1. Las transferencias netas fueron nuevamente negativas, reflejando una salida de divisas
Uno de los indicadores más preocupantes del informe del Banco Central corresponde a las transferencias netas, las cuales registraron un saldo negativo cercano a $us. 67 millones durante el primer semestre de 2026. Esto significa que Bolivia pagó al exterior un monto superior al que efectivamente recibió como financiamiento nuevo, situación que reduce la disponibilidad de divisas dentro de la economía nacional. Cuando las transferencias netas permanecen negativas durante varios períodos consecutivos, el endeudamiento deja de constituirse en una fuente efectiva de recursos frescos y comienza a transformarse principalmente en una obligación financiera destinada a refinanciar compromisos previamente adquiridos. En un contexto donde las Reservas Internacionales Netas presentan una limitada disponibilidad de divisas líquidas, este comportamiento incrementa la vulnerabilidad del mercado cambiario y ejerce presión adicional sobre la sostenibilidad externa del país.
2. El servicio de la deuda aumenta más rápidamente que la capacidad del país para generar dólares
Aunque el crecimiento del saldo de la deuda fue relativamente moderado, el costo asociado a su servicio continúa incrementándose. Durante el primer semestre de 2026 Bolivia destinó aproximadamente USD 1.285 millones al pago de capital, intereses y comisiones. Paralelamente, las exportaciones muestran una tendencia decreciente respecto a años anteriores debido a la reducción de la producción y exportación de gas natural, menor dinamismo de algunos minerales y dificultades logísticas derivadas del contexto económico y social interno. Como consecuencia, el indicador Servicio de la Deuda respecto a las Exportaciones ascendió hasta 19,4%, superando el umbral de referencia internacional del 15%. Este comportamiento evidencia que el problema central ya
no es únicamente cuánto debe Bolivia, sino la creciente dificultad para generar los dólares necesarios que permitan atender oportunamente dichas obligaciones sin deteriorar aún más las reservas internacionales.
3. La creciente participación de deuda comercial incrementa el riesgo financiero futuro
El elemento estructural más relevante observado durante este semestre fue el aumento de la participación de los Bonos Soberanos dentro del portafolio de deuda externa. A diferencia de los créditos multilaterales, estos instrumentos suelen negociarse a tasas de interés considerablemente más elevadas y poseen vencimientos concentrados que obligan al país a realizar importantes pagos en fechas específicas o refinanciarlos en condiciones determinadas por el mercado internacional. La emisión realizada durante 2026 permitió aliviar parcialmente las necesidades inmediatas de financiamiento del Gobierno; sin embargo, también incrementó la exposición de Bolivia a las variaciones de las tasas internacionales, al riesgo país y a la percepción de los inversionistas extranjeros. Si esta tendencia continúa durante los próximos años sin una consolidación fiscal efectiva, el perfil de riesgo de la deuda podría deteriorarse progresivamente y aumentar significativamente el costo futuro del financiamiento público.
Conclusión
Desde una perspectiva de administración de deuda soberana, el diagnóstico del primer semestre de 2026 es mixto. Bolivia mantiene fortalezas importantes, como una elevada participación de financiamiento multilateral y niveles de endeudamiento que todavía no comprometen la solvencia del Estado. Sin embargo, la evolución reciente muestra señales claras de deterioro en materia de liquidez externa: aumentan los pagos del servicio de la deuda, las transferencias netas permanecen negativas, la economía genera menos divisas por exportaciones y comienza a incrementarse la dependencia del financiamiento obtenido en mercados internacionales. En consecuencia, el desafío ya no consiste únicamente en controlar el crecimiento del endeudamiento, sino en recuperar la capacidad estructural de la economía para generar dólares y fortalecer la sostenibilidad fiscal de mediano y largo plazo.
3. ¿Existe riesgo de default o de una menor capacidad de pago de la deuda externa pública de Bolivia?
El principal riesgo no es la insolvencia inmediata, sino la creciente falta de liquidez en dólares
Desde un punto de vista técnico, Bolivia no enfrenta actualmente un escenario de default inminente, ya que continúa cumpliendo oportunamente con el pago de su deuda externa y mantiene acceso al financiamiento de organismos multilaterales y mercados internacionales. Sin embargo, sí existe un riesgo creciente de deterioro en su capacidad de pago debido a la combinación de una economía en recesión, déficit fiscal persistente, caída de las exportaciones, inflación elevada y una disponibilidad muy reducida de divisas. A ello se suma
que las Reservas Internacionales Netas apenas cuentan con aproximadamente USD 670 millones en divisas líquidas, lo que limita la capacidad del Banco Central para atender presiones cambiarias o afrontar eventos externos adversos. Aunque la deuda todavía es sostenible en términos de solvencia, la capacidad de generar dólares para cumplir oportunamente con sus obligaciones se ha debilitado significativamente.
La principal vulnerabilidad radica en que Bolivia enfrenta simultáneamente una crisis fiscal, cambiaria y de crecimiento económico. Si el país continúa registrando déficits elevados, disminuyen las exportaciones y persiste la escasez de divisas, el Gobierno dependerá cada vez más del endeudamiento externo para refinanciar obligaciones existentes. Esta dinámica incrementa el costo financiero, deteriora la percepción de riesgo país y reduce el margen de acción de la política económica. En consecuencia, el mayor peligro no es un incumplimiento inmediato del servicio de la deuda, sino que, de no corregirse los desequilibrios macroeconómicos actuales, Bolivia podría enfrentar en los próximos años mayores dificultades para refinanciar sus vencimientos en condiciones favorables, incrementando gradualmente el riesgo de estrés financiero.
4. Tres medidas económicas para garantizar el pago sostenible de la deuda externa
Medida 1. Implementar un programa integral de consolidación fiscal y sostenibilidad de las finanzas públicas
La primera medida debe consistir en reducir gradualmente el déficit fiscal mediante un programa creíble de consolidación de las finanzas públicas. Durante más de una década, el Estado boliviano ha financiado déficits fiscales elevados recurriendo al endeudamiento interno y externo, situación que incrementó de forma sostenida la deuda pública y redujo el margen de maniobra de la política económica. En este contexto, resulta indispensable racionalizar el gasto público, priorizando la inversión pública con mayor impacto económico y social, eliminando gastos corrientes de baja eficiencia y fortaleciendo los mecanismos de control del gasto. Paralelamente, es necesario mejorar la administración tributaria, combatir la evasión y ampliar la base de contribuyentes sin afectar la competitividad del sector privado. Una reducción gradual del déficit disminuirá la necesidad de contratar nueva deuda y mejorará la percepción de sostenibilidad fiscal del país. Además, permitirá recuperar la confianza de los organismos internacionales, reducir el riesgo país y facilitar el acceso a financiamiento externo en mejores condiciones financieras.
Medida 2. Recuperar la capacidad estructural de generar divisas mediante un programa nacional de promoción de exportaciones e inversiones
La segunda prioridad debe enfocarse en incrementar la generación de dólares, ya que la deuda externa se paga principalmente con las divisas que produce la economía. Actualmente, Bolivia enfrenta una disminución de sus ingresos por exportaciones debido a la caída de la producción de gas natural, menor dinamismo de algunos minerales y un entorno poco atractivo para la inversión privada. En consecuencia, el Gobierno debe implementar un programa integral que incentive nuevas inversiones nacionales y extranjeras en sectores estratégicos como hidrocarburos, minería, litio, agroindustria, turismo, energías renovables y manufacturas de exportación. Paralelamente, resulta indispensable normalizar gradualmente el mercado cambiario, otorgar mayor seguridad jurídica a la inversión privada y reducir la incertidumbre regulatoria. Una economía que exporta más genera mayores ingresos fiscales, fortalece las Reservas Internacionales Netas y mejora significativamente la capacidad del Estado para cumplir oportunamente con el servicio de su deuda externa sin recurrir continuamente a nuevo endeudamiento.
Medida 3. Fortalecer la gestión estratégica de la deuda pública priorizando financiamiento concesional y una administración activa del portafolio de deuda
La tercera medida consiste en modernizar la estrategia de administración de la deuda pública. En la coyuntura actual, Bolivia debe priorizar la contratación de créditos provenientes de organismos multilaterales como el BID, CAF, Banco Mundial y FONPLATA, debido a que ofrecen tasas de interés más bajas, mayores plazos de amortización y condiciones financieras considerablemente más favorables que las obtenidas en los mercados internacionales de capitales. Asimismo, el Ministerio de Economía y el Banco Central deberían implementar una política permanente de administración activa de la deuda, identificando oportunidades para refinanciar obligaciones de mayor costo, extender vencimientos y reducir el riesgo de concentración de pagos en determinados años. Esta estrategia permitiría disminuir gradualmente el costo financiero del endeudamiento, reducir la exposición a la volatilidad internacional y fortalecer la sostenibilidad fiscal de mediano y largo plazo. Una adecuada gestión de la deuda no consiste únicamente en contratar nuevos créditos, sino en administrar eficientemente los riesgos asociados a todo el portafolio de obligaciones financieras del Estado.
5. ¿Cómo se califica un posible acuerdo entre el Gobierno de Bolivia y el FMI por aproximadamente USD 5.000 millones?
Un acuerdo con el FMI podría estabilizar la economía en el corto plazo, pero no sustituye las reformas estructurales que el país necesita
Desde una perspectiva estrictamente técnica, un eventual acuerdo financiero con el Fondo Monetario Internacional sería una medida económicamente razonable dadas las condiciones actuales de la economía boliviana. Un financiamiento cercano a los USD 5.000 millones fortalecería de manera inmediata las Reservas Internacionales Netas, incrementaría la disponibilidad de divisas para atender obligaciones externas, reduciría la presión sobre el mercado cambiario y contribuiría a restablecer parcialmente la confianza de inversionistas nacionales e internacionales. Asimismo, un programa respaldado por el FMI suele mejorar el acceso del país a otros organismos multilaterales como el Banco Mundial, el BID y la CAF, facilitando la obtención de financiamiento adicional en mejores condiciones financieras. En consecuencia, este tipo de acuerdo podría convertirse en un importante mecanismo de estabilización macroeconómica y de recuperación gradual de la credibilidad internacional de Bolivia. Sin embargo, el financiamiento del FMI no representa una solución definitiva, sino un instrumento temporal para facilitar la implementación de un programa integral de estabilización económica.
No obstante, este apoyo financiero también implicaría importantes compromisos de política económica. Considerando que la deuda pública consolidada supera actualmente el 80% del Producto Interno Bruto, el déficit fiscal permanece elevado, la economía presenta estancamiento con inflación y la disponibilidad de divisas continúa siendo limitada, es altamente probable que el FMI exija un programa de ajuste orientado a recuperar la sostenibilidad fiscal y externa del país. Entre las principales medidas podrían incluirse una reducción gradual del déficit fiscal, mayor disciplina presupuestaria, fortalecimiento de la independencia operativa del Banco Central, reformas para mejorar la eficiencia del gasto público, revisión de algunos subsidios económicos y políticas destinadas a recuperar la competitividad y la inversión privada. Estas medidas podrían generar costos políticos y sociales en el corto plazo; sin embargo, de implementarse de manera gradual, transparente y técnicamente planificada, contribuirían a restablecer los equilibrios macroeconómicos y reducir significativamente la vulnerabilidad financiera del país.
El verdadero desafío no es conseguir más deuda, sino recuperar la capacidad de generar crecimiento y divisas
Es importante destacar que un préstamo de USD 5.000 millones también incrementaría el saldo de la deuda externa pública y, por tanto, las obligaciones futuras de pago. Si esos recursos fueran utilizados únicamente para financiar gasto corriente o cubrir déficits fiscales sin introducir reformas estructurales, el
alivio financiero sería transitorio y el país enfrentaría nuevamente problemas de liquidez en pocos años. En cambio, si el financiamiento se destina a estabilizar el mercado cambiario, fortalecer las reservas internacionales, recuperar la confianza de los inversionistas y financiar inversiones productivas que incrementen las exportaciones y el crecimiento económico, el endeudamiento podría generar beneficios sostenibles en el mediano plazo. Por ello, la calidad del uso de los recursos resulta tan importante como el monto del financiamiento recibido.
En síntesis, un eventual acuerdo con el FMI debe evaluarse desde una perspectiva técnica y no ideológica. En las actuales condiciones macroeconómicas, puede representar una oportunidad para recuperar la estabilidad económica y financiera del país; sin embargo, su éxito dependerá de la voluntad del Gobierno para implementar un programa integral de reformas fiscales, monetarias y productivas que permita reducir el déficit, fortalecer las reservas internacionales, aumentar las exportaciones y restablecer la confianza de los agentes económicos. Sin estas reformas, cualquier financiamiento adicional únicamente postergará los desequilibrios existentes y aumentará las presiones sobre la deuda pública en los próximos años.
Conclusión general
El análisis del primer semestre de 2026 muestra que Bolivia aún mantiene una deuda externa sostenible desde el punto de vista de la solvencia, pero enfrenta un deterioro progresivo de su liquidez externa. El incremento del servicio de la deuda, las transferencias netas negativas, la disminución de las exportaciones y la escasez de divisas representan los principales desafíos para la sostenibilidad financiera del país.
En este contexto, la prioridad de la política económica no debe centrarse únicamente en contratar más financiamiento, sino en corregir los desequilibrios fiscales, recuperar la capacidad de generar dólares, fortalecer las reservas internacionales y mejorar el clima para la inversión privada. Un eventual apoyo financiero del FMI puede contribuir a estabilizar la economía, pero solo será efectivo si forma parte de un programa integral de reformas que restablezca la confianza y garantice un crecimiento económico sostenible en el mediano y largo plazo.
Fernando Romero, economista