Christian Jiménez Kanahuaty
Literatura y tradición
La tradición de una literatura nacional se conceptualiza primero a través de etiquetas estéticas que han determinado la manera en que será catalogada en compartimentos el conjunto de una literatura. Las etiquetas también responden a movimientos de época a nivel político y cultural; pero, además, comparten con la creación un acompañamiento crítico desde el cual, lo creado empieza a ser pensado como un discurso social. Es decir, como una manera en que la sociedad se piensa a sí misma y tiene algo que decir sobre sus condiciones materiales y espirituales.
Esta manera de ver la literatura nos permite abordar el problema de la constante reformulación de la tradición como eje que articula el presente con el pasado al interior del campo literario. Y es que los escritores toman ejemplos del pasado para dialogar con ellos desde sus producciones, ya sea para actualizarlas o para desmontarlas y conducir lo imaginario hacia otro territorio.
La literatura se une con la tradición, finalmente, para pensar el horizonte de la creación estética y a la par, la formación social y cultural de un determinado Estado. Cuando se genera una conjunción de estas dos corrientes, es que nace la posibilidad de hacer visibles literaturas que no han sido valoradas en su justa medida porque en un principio se pensaron desconectadas de la historia íntima de la literatura nacional y, por otro lado, debido a que no ofrecían, a primera vista., la materia prima que las colocara como piezas de arte o como parte de un discurso social que hablase de la realidad desde un punto de vista inédito y renovador.
Razón
Y es dentro de ese ámbito de nueva constitución de una materia a ser explorada que la razón ocupa un lugar central en la obra de Víctor Hugo Viscarra. Su literatura no se trata sólo del margen social como espacio de producción de la violencia o de lo grotesco y desagradable.
Su literatura trata de entender un proceso social que ocurre en el espacio que está libre de toda regla y constituye el escenario para que los cuerpos cuenten sus historias. No pasa lo mismo con otras literaturas que no soportan el peso de la trama sobre el ambiente dando así lugar a horizontes políticos que tienen que ver con la facilidad con la que los seres humanos se conocen entre sí, y se enamoran, aman, rompen y construyen los territorios.
Lo de Viscarra es una razón que organiza el mundo transcribiendo la oralidad al terreno de lo escrito. Sabiendo cómo dosificar la información y encuentra los momentos sensibles de cada historia, para a través de ellos, construir símbolos con los cuales los lectores podrán identificarse y entender el mundo.
Hay una razón narrativa que también trabaja con el propio lenguaje, para dotarlo de belleza, significa metafórico y sensible. No es un escritor guiado solamente por la experiencia o por el vitalismo. Un escritor que asiente toda su prosa sobre estos principios no logra revolucionar la literatura como lo hizo Viscarra. Es por ello, que hay una razón que organiza de manera efectiva lo que encuentra en su experiencia de vida y la traduce a historias que cortas y ricas en imágenes, provoca en el lector ganas de continuar con la lectura y además, ganas de escribir.
Emoción y experiencia
En ese sentido, la experiencia es la concentración de una vitalidad que, sobre la base de terquedad, intensidad y dedicación, no deja de escribir así sea en los lugares menos propicios para la escritura. Y esto reclama una nueva mirada sobre Viscarra porque lo coloca frente a la ruptura del mito del escritor borracho, alcohólico y sometido por la adicción. Si así hubiera sido, Viscarra no hubiera escrito.
Logró escribir, porque las adicciones no fueron tan fuertes ni determinantes como lo que se cree desde lejos, cuando se habla de su escritura sin siquiera haberla leído o revisado.
Cuando se escribe o se habla sobre Viscarra existe el tópico dado por la convención social que invoca cierto aliento romántico sobre el escritor desamparado y que escribe como una manera de exorcizar los demonios internos.
Sin embargo, los escritos y la literatura de Viscarra es más que un proceso de poner la vida por escrito para librarse de demonios internos, porque ello implicaría que el escritor no está dispuesto a afrontar la literatura como una obra de arte en movimiento. Viscarra se entrega a la palabra como un modo de habitar el mundo, con el fin de capturar la experiencia emocional para retratar a sus personajes tal cual son.
Es por ello que los personajes de Viscarra viven después de que se acabó de leer el libro. Los espacios, las palabras, las acciones que se narran están vivas porque lo que transmiten es una gran tristeza, soledad, dolor y ferocidad. No es un escritor que no sienta, sino, que siente el doble. Y en esa doble faceta de la expresión emocional es que el dolor, la tristeza y el abandono habitan en él, para dotarle de un tono y un punto de vista que pocos escritores han logrado conseguir.
Viscarra encontró el modo de traducir ese dolor en cuentos y poemas con los cuales conformó un mundo que no está separado del real, sino que lo complementa porque otorga nueva información sobre las dimensiones múltiples de la vida en las orillas de la ciudad moderna.
Con los materiales que en la literatura de Viscarra ingresan desde la vida, él construye historias que duelen por dentro y entiende sus contextos, porque el país, la ciudad y el habla de la gente constituyen las referencias concretas a través de las cuales Viscarra nutre sus historias para desplazarlas del ámbito local, al global.
Porque ya no se trata de La Paz, o de las periferias, sino del mundo y cómo se va construyendo sobre la base de la explotación y la segmentación social. Cual etnógrafo de la vida, él ha logrado edificar una serie de mitos urbanos con los cuales ahora las personas se narran y narran sus ciudades. Forma un imaginario social, cultural y existencias que aborda la política y la economía para describir el modo en que ellas han limitado y estigmatizado a las personas.
Lo sensual y las percepciones
Y será en esa transición de la razón a la experiencia y de la experiencia a lo emotivo que se desarrolla una última etapa en su escritura.
La etapa que corresponde a la sensualidad dada por el reflejo acabado de todas las percepciones al servicio de capturar la vida, que tienen como labor la de constituir un sujeto social, político y cultural que integra todas y cada una de las dimensiones de la vida.
Abordada desde las imágenes, metáforas y palabras, el texto refleja un cuerpo que late y goza a partes iguales. Un cuerpo que se reconoce en medio de otros cuerpos. La sensualidad no está determinada solamente por la noche. Ni por el alcohol o el abrazo de la persona con la que se comparte el lecho de manera momentánea. Se encuentra sobre todo, en la sensualidad que está anclada en la rica descripción de los objetos, de los paisajes y de los rostros de los personajes.
La sensualidad siempre se ha pensado ligada a lo sexual. Y si bien esto existe en la narrativa de Viscarra. Hay un pudor intenso en el acto por más descriptivo que sea. Hay erotismo, pero no pornografía. Y esto es así porque en Viscarra la sensualidad incluso se encuentra viva en momentos donde no hay más de lo que se pueda uno agarrar para mantenerse con vida, que la propia existencia, lo contingente y lo sensual que aparece de forma refractaria a la propia necesidad.
La sensualidad le hace conocer los cuerpos, pero también la materia vital de la que están compuestos, porque reconoce que cada cuerpo, es una historia por contar y por ser debe ser escuchada. Esto impide que los cuerpos sean sólo maquinas. Ni ligadas simplemente a ciertas pulsiones. Lo suyo es la constitución de un nuevo modo de estar en el mundo, desde el cual se ve el horizonte simbólico y material de los seres humanos.
Porque los humanos no esconden nada cuando hablan entre sí desde el dolor real que les transmite la vida. No hay apariencias ni esquemas. Tampoco existen modos de escapar de la lucidez que implica ver las emociones y las sensaciones como productoras de conocimientos.
Y es que, finalmente, Viscarra, entrega formas sutiles a través de los sentidos, porque su literatura evoca olores, sabores, texturas y emociones. Y todas ellas convocan recuerdos, nostalgias, conformando, por tanto, el mundo complejo de cada persona y personaje a nivel interno.