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La ventana de lo posible

¿No le parece digno de atención cómo asuntos que parecen imposibles, de pronto se hacen realidad? Sean deseos que insuflan esperanzas y anhelos o escenarios terroríficos, el paso desde la imposibilidad a la realidad es un cambio de mundo en que lo impensable se normaliza.

Piense en el sufragio femenino. Mill fue considerado un excéntrico por defenderlo. Y las sufragistas fueron tratadas con desprecio y violencia. Pero hoy el voto de las mujeres es (salvo la dramática situación de las mujeres y niñas en manos del Talibán en Afganistán, y el caso singular del Vaticano) algo normalizado. A veces es más rápido: el apoyo al matrimonio igualitario en Chile creció fuertemente en pocos años.

Quizás la ventana de Overton (propuesta por el politólogo Joseph Overton) nos ayude a comprenderlo. Esta ventana es un espacio dentro del cual se encuentran posiciones con diferente grado de aceptación. En su centro se encuentra lo considerado normal. Hacia arriba y hacia abajo están, sucesivamente y con diferente grado de aceptación, lo popular, lo sensato, lo aún aceptable. La ventana es así un conjunto de lo que podemos decir y argüir sin que nos consideren extraños. Pero si vamos más allá de los marcos de la ventana encontramos lo radical y lo impensable.

¿Cómo se produce la normalización de lo impensable? La respuesta es que se desplaza la ventana en bloque, ya sea hacia arriba o hacia abajo, de modo que cada uno de los elementos varía su rango de aceptabilidad; lo popular se vuelve normal, lo sensato popular, lo aceptable sensato, lo radical aceptable, y así. Lo intentan hacer grupos de interés, movimientos sociales, partidos políticos. Se trata de ampliar la ventana de lo posible; y ello se logra mejor trabajando desde dentro de la ventana que asaltándola por los márgenes.

Considere el ataque a la ministra Ximena Lincolao en la Universidad Austral. Hace pocos años un hecho así habría sido considerado como aceptable por muchos ciudadanos y políticos, recurriendo a explicaciones y justificaciones ad hoc sobre desigualdad, injusticia, etc. Pero hoy este hecho convoca un amplio rechazo, incluso de quienes hasta antes de ayer lo habrían aceptado (sea honesto o fingido). Y los perpetradores, o las declaraciones de quienes lo justifican o no condenan, son vistas como radicales e inaceptables.

¿Qué ha pasado? La ventana se ha desplazado. Y como bien saben políticos, jugar más allá del marco tiene un costo demasiado alto y suele ser inútil. Lo sabe Lautaro Carmona al catalogar el ataque como “error político”. Lo sabe el expresidente Boric, cuyo “aprendizaje” fue una creciente acomodación al desplazamiento de la ventana, desde un: lo queremos todo, a un: algo será posible.

Pero recuerde que no hay teleologías históricas: no hay un fin de la historia que direccione el desplazamiento de la ventana. Y lo que hoy está dentro, mañana puede estar fuera.  

Daniel Loewe, Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez

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