La tristeza del fantasma
Armando Alanís- México
En la casa abandonada, pasea su soledad por cuartos, pasillos y escaleras.
Invertido
Fabiola Morales Gasca – México
El reloj sobre la pared marca las horas invertidas. Todo tiempo es hacia atrás. Hace años la casa está vacía. Los dueños de la casa aún no han nacido.
Dieta pesada
Karla Gabriela Barajas Ramos – México
Chocolate, el más salvaje, devoró páginas de libros. Pensamos que no pasaría nada, pero defecó palabras impostadas. Sus ladridos lo hicieron parecer culto entre los humanos y un extraño entre los perros, al dar discursos filosóficos desde la azotea.
Perder la cabeza
Rodolfo Lobo Molas – Argentina
A Rosa Beatriz Valdés
Nunca entenderé como hay hombres que pierden la cabeza por una mujer
-meditaba Juan en las sombras- mientras Salomé le sacaba brillo a una bandeja de plata.
El secreto
Felicidad Batista – España
Mi padre, acuciado por las deudas, abandonó a mi madre el día que nací. Lo más cerca que encontró para huir fue el Fin del Mundo. Se enroló en un barco que hacía la ruta del Estrecho de Magallanes. El frío depredador, las olas salvajes, el viento caníbal y el laberinto de islas, bahías y canales, lo sitiaron. Cuando regresó se instaló en la soleada Barataria. Mi padre, Cervantes, le confesó que, en aquel infierno austral, purgó el abandono de su hija. Así me lo contó Sancho que, por aquellos días, trataba de gobernar la Ínsula.