El expresidente Evo Morales, líder histórico del Movimiento al Socialismo (MAS), lleva más de once días sin aparecer en público ni pronunciarse en sus redes sociales. Su ausencia, que comenzó el 8 de enero de 2026, coincide con un momento de alta conflictividad política y con una orden de aprehensión vigente en su contra por un caso de presunta trata de personas. El silencio de Morales, inusual en un dirigente acostumbrado a la omnipresencia mediática, ha desatado rumores, contradicciones y un clima de incertidumbre que atraviesa tanto al oficialismo como a la oposición.
La última aparición
La última vez que Evo Morales fue visto públicamente ocurrió el 8 de enero, en un ampliado de comunidades interculturales en Bulo Bulo, Chapare. Allí, el exmandatario pronunció un discurso extenso en el que criticó las políticas económicas del gobierno de Rodrigo Paz y volvió a insistir en la necesidad de defender la producción cocalera frente a lo que considera intentos de intervención extranjera. Vestía una polera blanca y pantalón negro, y se mostró enérgico, aunque algunos asistentes comentaron que lo notaron cansado. Esa intervención fue transmitida por Radio Kawsachun Coca, pero la emisión se interrumpió antes de concluir, lo que alimentó las primeras especulaciones sobre su estado de salud.
Desde entonces, Morales no ha vuelto a aparecer en actos públicos ni ha publicado mensajes en sus redes sociales, un hecho llamativo para un dirigente que durante años se caracterizó por su presencia constante en medios y plataformas digitales. Su silencio marcó el inicio de un periodo de incertidumbre que rápidamente se convirtió en tema central de la agenda política nacional.
El dengue como explicación
El 11 de enero, Morales faltó por primera vez a su programa radial dominical en Radio Kawsachun Coca, espacio que durante años utilizó para comunicarse directamente con sus bases. El conductor Ramiro García explicó que la ausencia se debía a un cuadro de dengue, una enfermedad común en las zonas tropicales del país. La explicación fue aceptada inicialmente, pero la falta de imágenes o mensajes directos del propio Morales generó dudas.
Una semana después, el 18 de enero, volvió a ausentarse. En su lugar apareció el exsenador y dirigente cocalero Leonardo Loza, quien aseguró que Morales ya había superado la enfermedad y que se encontraba “muy bien de salud”. Sin embargo, añadió que estaba “a buen recaudo, en algún lugar de la Patria Grande”. La frase, cargada de simbolismo político, buscó transmitir tranquilidad a la militancia del MAS, apelando al imaginario de integración continental que Morales ha defendido durante años. Pero al mismo tiempo, el hermetismo de su entorno alimentó las especulaciones sobre un posible traslado fuera del país.
El helicóptero y las alarmas
El 19 de enero, un helicóptero Súper Puma sobrevoló la zona del Chapare. Los videos difundidos en redes sociales mostraron a pobladores alarmados, lanzando petardos y gritos de advertencia. En la región, el sonido de los explosivos suele utilizarse como señal de alerta comunitaria. El sobrevuelo fue interpretado por los seguidores de Morales como un operativo de captura.
El viceministro de Defensa Social, Ernesto Justiniano, aclaró que se trataba de un relevamiento de datos con participación de cooperación internacional, incluso de la DEA estadounidense. Sin embargo, el episodio reforzó la sensación de que Morales estaba bajo vigilancia y protegido por sus bases cocaleras. En Lauca Ñ, su bastión histórico, se reportó la presencia de varios anillos de seguridad conformados por militantes armados con palos y escudos, apostados día y noche alrededor de su residencia. La imagen de un líder resguardado por su propia militancia, en un clima de tensión, evocó escenas de resistencia y protección comunitaria que marcaron la narrativa del MAS en momentos de crisis.
Mientras tanto, medios internacionales como Infobae publicaron versiones que apuntaban a que Morales habría salido de Bolivia para evitar la orden de aprehensión. Según estas informaciones, el exmandatario habría buscado refugio fuera del país, aunque no existe confirmación oficial.
El Gobierno y la Policía boliviana desmintieron estas versiones. El comandante de la Policía, Mirko Sokol, declaró: “El señor Evo Morales no ha salido del país, por lo menos por las rutas legales”, descartando que exista registro migratorio de su salida. La contradicción entre las versiones oficiales y las especulaciones mediáticas mantiene abierta la incertidumbre. En el Chapare, dirigentes locales insisten en que Morales se encuentra en Lauca Ñ, protegido por su militancia, mientras que sectores opositores aseguran que se esconde en otro país. La falta de pruebas concretas de uno u otro escenario ha convertido su paradero en un misterio político.
El frente judicial
Morales enfrenta una orden de aprehensión en un proceso por presunta trata de personas. La Fiscalía de La Paz dejó sin efecto una denuncia inicial por observaciones no subsanadas, pero otro proceso en Tarija sigue vigente, donde fue imputado. Se investiga una presunta red que habría trasladado a una menor para encuentros con Morales entre 2015 y 2020. Su defensa rechaza las acusaciones y las califica de persecución política.
El Fiscal General, Roger Mariaca, confirmó que la orden de aprehensión sigue vigente y que la Policía debe ejecutarla, recordando que el juicio oral está pendiente. Desde la oposición, Jorge “Tuto” Quiroga exigió la captura inmediata del exmandatario, acusándolo de “burlarse del Estado” y de esconderse tras su militancia cocalera. “Evo pasó del ‘dengue dengue’ al ‘dónde dónde’”, ironizó, en referencia a la incertidumbre sobre su paradero. La presión política se intensifica, mientras la justicia insiste en que el proceso debe avanzar.
Un relato de protección
Leonardo Loza, hombre fuerte del entorno de Morales, insistió en que el expresidente se encuentra protegido: “Por su seguridad y salud no vamos a revelar el paradero de nuestro hermano presidente, pero queremos decir a nuestra militancia, nacional e internacional, del campo y de la ciudad, que nuestro hermano presidente Evo Morales se encuentra muy bien en algún rinconcito de nuestra Patria Grande”.
En el discurso evismo, la “Patria Grande” alude a la integración latinoamericana y caribeña, un concepto que Morales ha defendido durante años. La narrativa de “estar a buen recaudo” funciona como un mensaje político hacia sus seguidores, reforzando la idea de que Morales sigue vinculado a un proyecto continental más allá de las fronteras nacionales. Sin embargo, el hermetismo de su entorno ha alimentado las especulaciones y ha dejado espacio para que la oposición y los medios internacionales cuestionen su paradero.
El peso de la historia
Morales gobernó Bolivia durante casi 14 años, desde enero de 2006 hasta su dimisión en noviembre de 2019, en medio de una crisis política y social. Fue el primer presidente indígena del país y ganó las elecciones de 2005 con más del 50 % de respaldo ciudadano, algo inédito hasta entonces. Su caída comenzó cuando intentó forzar un cuarto mandato presidencial, lo que derivó en protestas y en su salida al exilio. Regresó en 2020 tras la victoria del MAS con Luis Arce, pero su situación jurídica se fue agravando y terminó confinado en el Chapare, su bastión político.
Hoy, la combinación de procesos judiciales, rumores de fuga y un silencio prolongado lo colocan en una situación inédita: la de un líder que, tras haber sido omnipresente, se encuentra en las sombras, protegido por su militancia pero bajo la amenaza de la justicia. El contraste entre su pasado de poder absoluto y su presente de incertidumbre marca el tono de un debate que apenas comienza.
Once días después de su última aparición, Evo Morales sigue sin dar señales públicas. Recuperado del dengue según sus aliados, protegido en el Chapare bajo custodia cocalera según versiones oficiales, pero señalado por medios internacionales de haber salido del país, su ausencia se cruza con una orden de aprehensión vigente y mantiene en vilo a la política boliviana. Entre el hermetismo de su círculo, las exigencias de la oposición y la confirmación de la Policía de que no ha salido del país por vías legales, el futuro inmediato del exmandatario permanece envuelto en misterio.