El 10 de noviembre de 2019, Evo Morales y Álvaro García renunciaban a sus altos cargos en el Ejecutivo, luego de la cadena de renuncias promovida por el MAS intencionalmente y con fines que fueron puesto al descubierto con posterioridad. Dos días después, ambos (y alguna otra jerarca masista) salieron del país hacia México, aduciendo que la vida de Morales estaba en peligro (¿?).
Paralelamente a la renuncia, comenzó la ola de violencia desatada por el masismo en las ciudades de La Paz y El Alto. Más de 60 buses Pumakatari quemados hasta quedar como esqueleto, comercios asaltados, barrios amenazados y/o atacados, intento de volar la planta de Senkata. Ante semejante arremetida, los habitantes de la hoyada se organizaron para la defensa de sus vidas y su propiedad; los de El Alto tuvieron que soportar la prepotencia masista. En esta ciudad, un grupo de energúmenos corría gritando “Ahora sí, guerra civil”. La idea era tornar ingobernable el país, para hacer posible el retorno del binomio de salvadores huidos a pacificar Bolivia.
No contaban con que existía una declaración constitucional de varios años atrás, producida por el Tribunal Constitucional (cuando no era funcional a los gobiernos de turno, como los convirtió después el masismo), que declaraba que no era posible que la primera magistratura del país, quedara acéfala. Se produjo la sucesión constitucional que llevó a la presidencia a la senadora Jeanine Añez, segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores.
Lo inesperado de la solución, descolocó al masismo y dio paso a que el pretendido “líder espiritual de los indígenas del mundo” comenzara a hablar de “golpe de estado” y “gobierno de facto”, dos expresiones que, a fuerza de tanto repetirse, empezaban a grabarse en la memoria de la población.
Se escribieron centenares de páginas, incluidas la del inventor de la pretendida “ruptura del orden constitucional”, para intentar demostrar que la senadora Añez no fue presidente constitucional de Bolivia, sino una vulgar usurpadora. Del otro lado, con menos recursos y sin la espalda que supone contar con el aparato de Estado a favor, se escribió acerca de la formidable movilización popular pacífica que terminó con el descubrimiento del fraude electoral (certificado por la OEA y otras organizaciones internacionales) y la fuga de los arriba mencionados mandatarios.
Hace unos días, la Universidad Católica Boliviana “San Pablo” y la Conferencia Episcopal Boliviana, decidieron que vea la luz un trabajo que llevaba años esperando: “La crisis constitucional boliviana de 2019”, de autoría de Gonzalo Gálvez Chaparro, Bernardo Pacheco Bleichner y Tatiana Fernández Calleja.
Se trata de un trabajo dividido en dos partes: la primera, dedicada a los antecedentes de la crisis de 2019, dentro de la cual se aborda el tratamiento del Referéndum Constitucional de 2016 y la voluntad del constituyente; la voluntad del soberano y el ejercicio delegado del poder; por último, la voluntad del Constituyente y un análisis de las actas de la Asamblea Constituyente respecto al artículo 168 de la Constitución y la Sentencia Constitucional Plurinacional 84/2017
En la segunda parte, titulada “Octubre de 2019: la democracia en crisis”, se aborda el tratamiento del informe vinculante de auditoría, sobre el proceso de elecciones generales 2019; el derecho a la protesta; las atribuciones de las Fuerzas Armadas según reglamento, la facultad de sugerir, la renuncia del presidente y del vicepresidente; y la ausencia definitiva y su alcance a la luz de la Constitución, el vacío de poder y la necesidad de colmarlo a la luz de los principios del Derecho, la norma y la jurisprudencia constitucional, el agotamiento de la línea de sucesión y una pregunta: ¿Sucesión constitucional?
Hay, además, una serie de documentos como el requerimiento fiscal que se emitió a la Conferencia Episcopal de Bolivia pidiendo información diversa sobre el tema y la respuesta de ésta al mismo.
Algo imperdible del libro se encuentra en la relación de hechos ocurridos durante la crisis de 2019, que se ha reconstruido en base al testimonio – entre otros- de monseñor Eugenio Scarpellini (+), entonces obispo de El Alto, que da cuenta de la manera en que las delegadas del MAS a las negociaciones, además de recibir instrucciones permanentes de Morales a sus teléfonos celulares, faltaron a su palabra y sabotearon de manera evidente la solución pacífica del caso.
El libro tiene, naturalmente, su parte conclusiones, a la cual no voy a hacer referencia en la perspectiva de que los lectores se interesen en adquirir el libro, que se encuentra a la venta en la U.C.B.
Se trata, eso sí, de un enfoque distinto a los presentados hasta el presente. Con mucho énfasis en lo jurídico y con esa breve relación de los hechos acaecidos en octubre de 2019, a la que ya se ha hecho referencia.