Un muro de los lamentos boliviano

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He tenido la oportunidad de leer algunos comentarios que tan acertadamente me dejaron algunos amables lectores. Algunos de los artículos que tuve la audacia de compartir con todos ustedes, no tienen la pretensión de ser sesudos análisis de la realidad nacional, son solo estados de ánimo y observaciones que hago en mi cotidiano caminar, por eso agradezco sus comentarios, a favor y en contra.

Me considero solo un opinador, es más, un “opinador callejero”. También me dicen que soy poco propositivo, y es verdad. En este país, y en este momento, proponer algo que vaya en contra de los designios del oficialismo, es exponerse a que te descalifiquen de entrada, te etiqueten de vende patria, neoliberal, imperialista, derechista, colonialista y una serie de sandeces mas.

Hace poco me trataron de euro céntrico, porque critico algunos aspectos de nuestra “sagrada” cultura popular  y nuestra mestiza identidad, como si ambas cosas fueran compartimientos estancos de una mala construcción. Hoy la palabra “cultura” se ha trivializado, se ha convertido en un simple concepto antropológico descriptivo, no significa ya un alto concepto de valor, un ideal consciente inherente a la humanidad. En cuanto a la identidad, es un proceso en permanente construcción, susceptible a cambios, incluso de humor, yo no creo que exista una identidad acabada y definitiva.

Hecha esta pequeña aclaración, vamos a lo nuestro. Apelando a mi vena judeo cristiana, mi primera propuesta es que el Estado Plurinacional de Bolivia, encargue a una empresa China, sin licitación, por supuesto, la construcción de un “muro de los lamentos”, dada la extensa experiencia que en este tipo de construcciones tienen los chinos.

Este muro atravesaría el país de sur a norte y de este a oeste. Conocida  nuestra invariable vocación para el lamento, pienso que sería de gran utilidad para todos nosotros. Allí los opositores podrían quejarse del autoritarismo, la prepotencia, la arrogancia y la soberbia del gobierno. Los oficialistas llorarían por el 21F y la ingratitud de este pueblo, que no reconoce el sacrificio y los desvelos del “jefazo”, para hacer de nuestro país una nueva Suiza.

Nosotros, los ciudadanos de a pie, podríamos moquear sin remordimientos por lo que pudimos hacer y no hicimos, por la corrupción que nos tiene el alma gangrenada, porque en nuestro país la sociedad no condena la corrupción, la envidia… Y así, podríamos bailar y lamentarnos hasta morir, al son del “Lamento boliviano” de los Enanitos Verdes o del “Wa ya yay” de los Kjarkas .

¿Están viendo? No dejo de lamentarme, para eso somos buenos. Ojala, y todo lo dicho anteriormente, no sean más que los desvaríos de este opinador. Que la sociedad civil reaccione ante tanta desvergüenza y cinismo de quienes nos gobiernan, ante tanto político impresentable, de oposición y oficialismo, ante tanto apologista de izquierda y derecha que solo quieren vernos la cara de boludos…

Debemos empezar por nosotros mismos, dejar de ser serviles y obsecuentes con el poder, dejar de sentirnos victimas de poderes humanos o divinos. Solo entonces, cuando dejemos de victimizarnos y lamentarnos, asumamos nuestras culpas, nuestros defectos y virtudes, podremos mirar de frente el futuro y esperar mejores días.