Xavier Jordán

1998, 1999, 2000… Listo, ya están mis flexiones del día -dijo el jeque y ordenó que le amarraran los guatos del kichute y le secaran el sudor de las k’apas.

Como era su estricta rutina, el gran líder de los pobres, se subió a su helicóptero y se dirigió a su palacio de gobierno en un agotador viaje de 3 minutos. Allí tomó el ascensor y fue directo a su despacho donde le esperaba el gabinete entero. De acuerdo a las normas de protocolo, el canciller le apartó la silla y se arrodilló ante él para servir de eventual descanso de pies, el ministro de represión le hacía masajes, las ministras bailaban la relajante danza del ombligo y el de comunicación le mostraba memes en su teléfono. Era un día cualquiera para el gran jeque indio del sur.

Terminada la plácida reunión, que duró 7 minutos, el gran cacique se levantó y ordenó a su guardaespaldas que le amarrara sus zapatos. Subió hasta el helipuerto de su modesto palacio y se metió feliz a su otro helicóptero «para llegar a los municipios más alejados» dijo y así fue. 25 minutos más tarde, el jeque había arribado al municipio de San Guichito donde le esperaba una ardua labor consistente en inaugurar una canchita de pasto sintético que el propio gran líder bendijo echándole un partido con los comunarios que le dejaron ganar al equipo presidencial 27 a 0. El presi metió 26.

Luego del partido, el líder ordenó al alcalde del pueblo que le amarre sus zapatos y se dirigió de nuevo a la sede de gobierno, pero ya era hora de almorzar así que tomó su helicóptero y se fue a El Alto a comer su agachadito. Después le dio sueño. Durmió una reparadora siesta de 5 horas y se fue en su helicóptero a otra comunidad tropical a inaugurar una planta de clorhidrato. En la actividad ceremonial preparada para tal hito histórico, el emperador dio claras señales de molestia por que pusieron a cholitas a bailar con calzas, así que, energúmeno despidió a todos los dirigentes y le ordenó a un agricultor a que le amarre sus zapatos. Luego se fue en helicóptero a su palacio pero el día había sido agotador así que -de bronca- se puso a hacer 174 flexiones mientras maldecía al imperio por conspirar contra su 8va. reelección. En la penumbra de la noche, un senador lo esperaba para… amarrarle sus zapatos.