Tribalismo y manipulación

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Gran parte del comportamiento de todos los seres vivos se relaciona con una característica esencial de nuestra comprensión del mundo: tendemos a organizar a todas las personas, seres, cosas, en dos categorías muy marcadas, “nosotros” y “los otros”. Este rasgo no es una cuestión humana: es una forma de entender la realidad que tiene que ver con nuestro pasado evolutivo y se remonta a la vida primigenia. Todos los seres, incluso los vegetales, muestran reconocer quiénes son “nosotros” y quiénes “los otros”; pero esta comprensión es particularmente marcada en animales sociales, como los primates, donde el “nosotros” se va restringiendo a comunidades más pequeñas y “los otros” puede incluir también a miembros de la misma especie, pero de distinta comunidad o tribu.

Los primates tendemos a ser particularmente desagradables y despectivos hacia “los otros” y particularmente benévolos, generosos y condescendientes con “nosotros”. Nuestra tribu es el grupo con quienes compartimos nuestras más profundas creencias de la realidad, tradiciones, valores, lenguaje, visión de qué es o no real, creencias en una trascendencia, ideas de crianza, alimentación… se trata, pues, de una comunidad de identificación primaria, primordial y familiar. Es el grupo al que sentimos que le debemos nuestra lealtad.

Pero el mismo mecanismo que nos hace sentir seguros, leales, confiados, identificados con nuestro grupo, hace que rechacemos a quienes consideramos “los otros”, que desconfiemos de ellos y sus intenciones.

Sexo, raza, edad, idioma, acento, posición económica, nivel educativo, visión política, inclusive gustos musicales son algunas de las categorías que usamos para configurar distintas agrupaciones de “nosotros” y “los otros”: identificamos a “nosotros” con las buenas intenciones, el buen gusto, lo correcto, los valores que valen la pena, la racionalidad, la verdad, el bien, etc; mientras que pensamos que “los otros” tienen malas intenciones, mal gusto, están en lo incorrecto, no tienen valores, son irracionales, la falsedad, el mal, etc.

La afiliación a nuestro grupo tribal es muy fuerte, pero al mismo tiempo es fácilmente manipulable: por ejemplo, cuando dos personas que pertenecen a dos “tribus” étnicas distintas (por ejemplo, un asiático y un sudamericano) se encuentran en la calle y llevan la misma camiseta de Messi, puede generarse instantáneamente un nuevo “nosotros”, los fans de Barcelona, y “los otros”, los fans del Real Madrid, creando una diferente división tribal. Esa facilidad de manipulación de nosotros / los otros puede ser una ventaja o una desventaja: puede permitir tender puentes o crear brechas insalvables.

Bien, en este tiempo de campañas electorales, sería interesante que tratemos de entender a quiénes nos quieren hacer creer que están en la categoría de “los otros”: es una estrategia de campaña que busca hacernos ver las diferencias y no las cercanías que tenemos entre nosotros, ver qué cosas tenemos en común, qué necesidades, valores, esperanzas, pasado, visión del futuro podamos tener juntos. Las campañas hasta ahora han buscado exacerbar nuestro sentido tribal, nosotros contra los otros, buscando más diferencias que posibles inclusiones.

¿Caeremos en este juego? Depende sólo de ti, oh, lector. ¿Quiénes son los otros para ti?