Dios para matar, morir, para violar
Hernán Cabrera Nadie le sacaba la idea de que Dios murió, que estaba bien muerto, muertito; pero sí se preguntaba: ¿dónde estaría enterrado? Quería ir a dejarle velas, así como los domingos lo hacía a la mamita de Cotoca. Quería ver a un Dios vivo, lo entristecía observando con los brazos estirados y las muñecas […]