Angélica Guzmán Reque

Nos dice Martin Luther King en El amor a la vida “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”, nada más cierto porque esos que gritan y se adhieren al dolor de los que aman la libertad, viven y se inscriben en el servilismo, porque repiten, hasta el cansancio consignas aprendidas y repetidas por aquellos que aman la violencia y no les gusta escuchar el clamor de los amantes de la libertad.

Mi ciudad, siempre rozagante del verde de la naturaleza y el arcoíris en sus tonalidades de árboles y arbustos que florecen, no solo en la primavera, sino cada etapa del año, de modo que nunca se la ve exenta de aroma y color. Hoy se la ve convertida en escombros, como si la guerra de Ucrania se hubiera trasladado hasta aquí; y es que el odio que bulle en corazones inhumanos no siente el dolor de cuerpos lacerados por la mano traicionera y torpe de gente bárbara que sigue consignas de superiores que quieren imponer ideologías extrañas, foráneas que nada tienen que ver con nuestra forma de pensar y sentir. Mi gente, ancianos, niños y jóvenes solo escuchan el ritmo de la esperanza, las palabras de amor en conjunción, está metido en su cerebro y en cada uno de sus poros que solo respira libertad, la palabra ¡Yambae!, es la consigna de sus mayores, de esos bravos guerreros que vivieron y forjaron estas tierras. Nadaron junto a los peces, las aguas mansas y, también bravías de sus ríos turgentes. Hollaron la tierra de sus selvas y les hicieron frente a las fieras salvajes, de quienes aprendieron la bravura, el sentimiento de libertad. Eran y son amigos de la noche silente y del día caluroso de sol incandescente. Se alimentan de esos frutos que les brinda la naturaleza pródiga. Aprendió a volar y a remontarse por sus ilimitadas fronteras de paz y armonía.

Toda esta figura de paz que vivía el pueblo se esfumó porque vinieron seres extraños y malhadados, provisto de gases letales y las disparaban a propios y extraños, sin respeto por la edad, menos la identidad de las personas, insultaban de manera soez, y disparaban con balines al rostro y al cuerpo frente a ellos. Mi gente valiosa y guerrera jamás se rindió, les hizo frente y gritó para que sus voces fueran oídas allende las fronteras y, fueron escuchadas porque hoy, las voces de libertad, las voces de patrimonio territorial, se dejan escuchar por todo el territorio nacional y son muchas, muchísimas las voces que gritan, al unísono, la palabra LIBERTAD, porque no se anhela  otra cosa porque esta bendita palabra ofrece una posibilidad de ser mejor, no el servilismo, que es la certidumbre de un mundo peor, nefasto, donde se les borra la memoria y ya nos les deja pensar. Nos dice José ingenieros, filósofo argentino: “Seres desiguales no pueden pensar de igual manera. Siempre habrá evidente contraste entre el servilismo y la dignidad, la torpeza y el genio, la hipocresía y la virtud”

Santa Cruz es el bastión de la libertad porque su gente vive absorbiendo los rayos solares que son libres, que jamás preguntan cuál debía ser su radiación; vive absorbiendo el oxígeno de su vegetación, todavía bullente, todavía dadivosa, todavía libre, tal es así que, ni siquiera se somete a los designios de las estaciones del año. Los meses transcurren y la primavera está estacionada, para dar paso, de cuando en cuando al verano lluvioso y el calor penetrante; al otoño ventoso que arrastra la arena de callejuelas vivientes y desparrama semillas por toda la región. Aquí se vistió la libertad de rostros sonrientes y corazones bullangueros dispuestos a la lucha, como a defender lo que es suyo. Terencio, un dramaturgo romano, nos legó la frase de “El servilismo produce amigos, la verdad, odio” y, hoy lo vivimos, nada menos que con el gobierno nacional, que se vale de muchos amigos, las masas de ignorancia que maneja a su arbitrio, a quienes convence con el dinero del pueblo y les infunde el discurso del odio, no quiere escuchar la verdad, esa que, la mayoría de la población le exige. Solo escucha consignas ajenas, de seres egoístas y ególatras que aman la gloria del sometimiento. Santa Cruz es libre, como Bolivia es libre y jamás lo olvidará porque lo repite en su himno “Morir antes que esclavos vivir”.

Todo estos días y semanas hemos sido testigos del amor a la vida conque nuestros jóvenes se enfrentan al palo y a los gases que, el uniforme militar y policial ha reprimido y reprime al pueblo. Las calles son el escombro de la vergüenza y la ignominia de mentes diabólicas que no les importa ver sangre de inocentes que riega nuestras calles y, luego los hacen culpables de lo que no hicieron, de consignas que, con el látigo en mano, los obligan a declararse culpables.

Con el llanto en los ojos y un pesar en el corazón, me pregunto ¿por qué? Aquí no hay criminales, aquí no hay saña, aquí solo hay nobleza del espíritu cristiano del amor; mientras se escuchan palabras ahítas de rencor, ¿a qué y para qué? Es que acaso la vida del soldado, que se supone fue instruida para salvaguardar la vida de los ciudadanos, luego cambio la consigna para matar, para reprimir a los que amamos la libertad. Y, todavía más, cantidades de gente extraña llegan a los aeropuertos con uniforme de regiones donde el servilismo es parte de sus vivencias, donde se olvidaron de valores humanos y solo fueron instruidos para matar. No saben de respeto. Es el egoísmo y la maldad de sus gobernantes que está inscrito en el cerebro de esta pobre gente criminal. “Una raza libre no puede nacer de madres esclavas.” dice Margaret Sanger. Escritora y enfermera estadounidense. Porque esta raza libre que vive en Santa Cruz, nació de esa selva brava y libre y resiste y lucha por lo que tiene. Tengamos presente las expresiones de Nelson Mandela, un ser que sufrió y luchó por la liberación de toda su nación:” No hay camino sencillo hacia la libertad en ninguna parte y muchos de nosotros tendremos que pasar a través del valle de la muerte una y otra vez antes de alcanzar la cima de la montaña de nuestros deseos