Ser madre y profesional al mismo tiempo y en el mismo lugar

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La crisis sanitaria mundial provocada por la propagación del COVID-19, ha cambiado la forma de vida a la gran mayoría de las personas. Desde la cuarentena dispuesta por el Gobierno Central, en conformidad al D.S. N° 4199, el teletrabajo se ha convertido en la mejor opción para poder continuar con la actividad económica para muchas instituciones, empresas y organizaciones. Desde ese momento empezó el desafío más importante para muchas mujeres, preguntándose ¿cómo ser madre y profesional al mismo tiempo y en el mismo lugar? Nuestro hogar es también la oficina.

En una rutina normal, luego de las ocho horas de jornada laboral, regresando a casa y los fines de semana, hacerse cargo de los quehaceres domésticos era un hábito definido. Ahora, el gran reto ha estado en cómo organizarse estando en un solo espacio, para cumplir con el tiempo de trabajo sin desatender la responsabilidad de madre (alimentar al niño, atenderlo, cuidarlo). Sin duda, ha sido una tarea mucho más demandante, llegando a asumir doble o triple jornada de manera prácticamente simultánea.

Ahí se valora la importancia de la planificación y organización de cada jornada laboral. No obstante, aparecen los trabajos intensos en el día para ser entregados en la jornada, desestabilizando lo planificado. En ocasiones, con el afán de cumplir con las exigencias, solo se logra una producción menor, generando mayor tensión, agobio, ansiedad y estrés de la que ya produce la pandemia en sí misma. Existen recomendaciones de cómo estructurar el día a día para trabajar de una forma más eficiente, de tomar conciencia que “no estamos de vacaciones”. A ello se suman las condiciones de ese espacio de trabajo (la conexión a internet, la silla, la computadora y sus accesorios).

La alimentación del día (desayuno, almuerzo, cena) se cumple, aun así, la sobrecarga laboral en una misma jornada, va manifestándose con un dolor de cabeza, mareos, debilidad corporal, dolor de espalda, adormecimiento de muslos. Bien indican los profesionales en psicología que, “es imposible realizar las ocho horas laborales al interior del hogar con esa rigurosidad”.

Efectivamente, una de las ventajas del teletrabajo ha sido la oportunidad de obtener horarios flexibles (en ciertos momentos) y menos gastos de tiempo y dinero en transporte, pero la lenta e inestable conexión a internet se ha hecho más difícil, convirtiéndose en un dolor de cabeza y ansiedad. No obstante, un estudio de la Universidad Oberta de Cataluña, revisa la historia del trabajo remoto e indica que la promesa del “ahorro de tiempo” no llega a las mujeres. “La principal motivación ha sido disponer de más tiempo para hacerse cargo de los hijos, por ello las mujeres quieren volver a su trabajo presencial porque quieren tener separados lo laboral de lo familiar”. Aunque, se debe reconocer que, en cierto momento, “hay menos trabajo remunerado, pero más trabajo doméstico”, al final, no cesa el trabajo.

A pesar de ello, se ha logrado compatibilizar el teletrabajo con la vida familiar, haciendo rutinas para toda la familia con los horarios de alimentación, siesta y entretenimiento para la energía inagotable del pequeño niño (de año y medio), bajo el cuidado del papá, mientras la mamá va trabajando. Lo bonito del teletrabajo es que, se ha podido compartir la responsabilidad de los cuidados y atenciones del hijo (con el esposo).

Ante todas estas situaciones, parece esencial que la emergencia por COVID-19 no solo incluya tomar medidas en el área sanitaria, sino también establecer políticas públicas sobre las condiciones en las que se va a llevar acabo el teletrabajo, conjunto con el rol de mujer y de madre. Pues, ni las determinaciones del D.S. N° 4218 de 14 de abril de 2020, ni el “Reglamento de Implementación del Teletrabajo” del Ministerio de Trabajo, Empleo y Previsión Social, aprobada mediante Resolución Ministerial No. 220/20 de 24 de abril de 2020, hacen referencia a ello.

¡No moleste a mamá, está trabajando!