Mientras mandatarios en todo el mundo se rinden ante Donald Trump -algunos hincados-, el presidente de Estados Unidos encuentra resistencia en espacios culturales dentro de su propio país, que difícilmente podrá revertir.
Trump se asemeja más al Calígula de la Roma inmoral que a Cayo Graco de la gloriosa república. Como sucede con todos los imperios, en su caída, asoman los líderes más decadentes. Las relaciones develadas en los archivos del depredador Jeffrey Epstein son la punta del iceberg de esa decrepitud. Hace un siglo, Franz Kafka y Reiner Maria Rilke la anunciaban.
Las alternativas florecen desde afuera, desde “los bárbaros”. Frente a esa desolación ética y estética, en el corazón de Estados Unidos surgen fuerzas renovadas, frescas, alegres, especialmente aborrecidas por Trump y por los supremacistas estadounidenses.
Benito Antonio Martínez Ocasio (1994), más conocido con su nombre artístico de Bad Bunny, heredó -quizá sin proponérselo- las líneas de resistencia cultural sembradas por otros movimientos como Fania, Willy Colón, Rubén Blades, Gloria Estefan, Jennifer López, Shakira. Más allá de sus ritmos musicales, de su voz ronca que gusta o disgusta, su activismo le ha permitido poner rostro a millones de migrantes perseguidos por el sistema estadounidense. Como el jibarito contento de Rafael Hernández que “el gran Gautier llamó la Perla de los mares”, Borinquen, que tarareaban nuestros padres.
Sus palabras han puesto sobre la mesa las historias de neocolonialismo que sufrió Puerto Rico (y Hawai). Es un reto retomar el espacio de la lucha, casi solitaria, de Lolita Lebrón que en 1954 atacó a tiros el Capitolio para llamar la atención sobre la situación de su patria. Ella pasó un cuarto de siglo en la cárcel, pero aún octogenaria siguió luchando por la independencia de la isla. En 2006 participó en un encuentro en Panamá por la autonomía de “la tierra de los valientes”.
Lolita y sus compañeros dieron su vida por la bandera de la estrella, aunque pocas personas los recuerdan. En cambio, un cantante logró que más de 100 millones de televidentes imaginen ese Edén y su fuerza latina.
Alrededor de la participación de Benito en el intermedio del más grande evento deportivo estadounidense se han escrito toneladas de palabras; se han pasado decenas de festejos en Canadá o en la Patagonia; gringos que quieren aprender español; gringas que quieren tener la cadencia caribeña; listas de países del continente, banderas, íconos.
De California a Nueva York. Ahí, un musulmán nacido en Uganda, hijo de hindúes, se esfuerza por enviar un mensaje a la comunidad hispana. Durante toda su campaña electoral se acercó a la migración que llegó desde el sur del Río Bravo. Esta semana los invita a inscribir a sus hijos en los cursos de pregrado, de forma gratuita, sin importar qué idioma hablen o cuál sea su estatuto migratorio. “Hay un espacio abierto esperando a tu hijo”. Lo ayuda a traducir su colaboradora Alejandra Ocasio Cortez, demócrata y socialista como él.
Si Bad Bunny es pesadilla de Donald, Zohran Mamdani (1991) es el más odiado adversario: “lunático, comunista”. El flamante alcalde de Nueva York se exhibe abiertamente musulmán de rezo diario, socialista, cercado a las luchas sociales de los más vulnerables. Trabajó junto al grupo hispano portorriqueño. Ama la música, creó videos y es fanático del hip hop y del rap. Su extraordinaria campaña se apoyaba muchísimo en esas capacidades. Derrotó a los candidatos del establishment y a los malos augurios de los propios periodistas liberales, incluyendo al New York Times.
Sin embargo, la mayor representatividad de Mamdani, inimaginable para los años 50 del apogeo del modelo yanqui, es su respaldo al pueblo palestino. Apoyó a un candidato palestino en la comuna de Manhattan. Condenó abiertamente el envío de dinero generado en la ciudad para apoyar a los colonos que avasallan las tierras de palestinos en Cisjordania (“No con nuestro dinero”) y las teorías de la “tierra prometida”.
La poderosa colonia judía intentó boicotear a Zohran presentándolo como antisemita por sus posturas anti sionistas y por su condena a las matanzas de Israel en Gaza.
La victoria de Mamdani, a pesar de las amenazas del sistema político tradicional, no asustaron a la población. Todo lo contrario, una amplia mayoría no está dispuesta a aceptar los chantajes de Tel Aviv.
Bad Bunny y Zohran representan los ríos profundos de ese Estados Unidos multiracial, multireligioso, pluricultural, tolerante y creativo. Trump no podrá vencerlos.
La autora es periodista