¿Qué viene después de La Haya?

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Con la dúplica de Chile, ayer concluyó la fase de los alegatos orales en la Corte Internacional de Justicia. En el marco de sus estrategias jurídicas y políticas, Bolivia y Chile terminaron de decir todo lo que consideraron necesario y útil pregonar. Bolivia aportó abundantes pruebas demostrativas de las sucesivas ofertas chilenas para facilitar a nuestro país un acceso soberano al Océano Pacífico; ofertas que, asumidas como “actos unilaterales” y voluntarios, terminaron por configurar una obligación jurídica y ética encaminada a restituir a Bolivia su cualidad marítima plena. Esto quedó plenamente demostrado.

El canciller chileno, por su parte, en términos duros desplegó cinco argumentos: a) la demanda boliviana no se origina en un hipotético incumplimiento chileno, sino en el mandato de la CPE de renegociar el Tratado de 1904 (ver la DT 9ª); b) la demanda boliviana es poco clara: a momentos sólo parece pedir que Chile se siente a negociar, pero por otro lado, implica cesión de territorio chileno; c) Bolivia no fue capaz –afirman los voceros chilenos– de “mostrar un solo documento” que demuestre la obligación chilena de negociar; d) al entrañar modificación del Tratado de 1904 en sede jurisdiccional, la demanda boliviana pone en riesgo la “intangibilidad de las fronteras” acordadas soberanamente en un Tratado, y e) negociar no implica la obligación de “aceptar todas aquellas aspiraciones, demandas, planteamientos [del interlocutor] y no significa además que uno esté obligado a cumplir aquello». Por tanto, concluyó el canciller Ampuero, “Chile no cederá ni un centímetro cuadrado de su territorio”.

A la luz de ambas líneas argumentativas y de los precedentes definidos por la CIJ en casos semejantes, es casi seguro que la sentencia de la Corte definirá que, en efecto, existe la obligación de Chile de negociar con Bolivia un acceso soberano al Océano Pacífico, de buena fe y en tiempo razonable. Emitido así el fallo, deberá abrirse la fase de la negociación bilateral entre ambos países, en la que recién se abordará el tema de fondo. De cara a esta etapa y dejando de lado el sectario e insustancial triunfalismo de los voceros gubernamentales bolivianos, conviene que, prudentemente, nos preparemos para, al menos, tres escenarios posibles.

Uno. El escenario positivo, en el que Chile se aviene a zanjar con Bolivia la centenaria demanda de acceso soberano al mar y, así, construir una subregión mutuamente próspera. Esta negociación sería la pensada por la CIJ y la que esperamos todas y todos los bolivianos, poniendo por delante los intereses de ambas partes.

Segundo escenario. Considerando las elecciones generales de 2019 en Bolivia y ante la incertidumbre que ellas generan, Chile podría anunciar que tomará la decisión final y, en su caso, abrirá las negociaciones en función de los resultados electorales bolivianos.

Y tercer escenario, prefigurado por el duro posicionamiento chileno en La Haya y las imprudentes, cuanto irracionales, declaraciones y acciones de Evo Morales dirigidas a Chile en múltiples ocasiones: abrir la negociación con un planteamiento inaceptable para Bolivia forzando el fracaso de las conversaciones. Por ejemplo, ofrecer un acceso al océano despojado de soberanía (“Chile no cederá ni un centímetro cuadrado de su territorio”, dijo ya el canciller chileno) o repetir la fórmula de los años 70’s con mayores exigencias (compensación territorial, uso completo del río Lauca y quién sabe que más) esperando que el gobierno boliviano rechace las compensaciones, y que Perú cargue con el desarmado de la soberanía boliviana en la costa marítima, tal como sucedió en 1976.

Queda claro que los escenarios segundo y tercero resultarían perniciosos para nuestro país, aunque, al mismo tiempo, desnudaría a la élite y gobernantes chilenos como un factor perverso y negativo para el desarrollo y la convivencia pacífica de la región, especialmente del Cono Sur. El tercer escenario mucho más que el segundo, dado que éste, en su negatividad, dejaría una puerta abierta a la concordia y la diplomacia, aunque asociada a los resultados de las elecciones de 2019. ¡¡Que los hados patrios nos iluminen a todas y todos los bolivianos y, por qué no, también a los gobernantes chilenos!!