Política, fútbol… y huevos

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En esta época preelectoral, circulan varios textos en los que se critica cierta “tibieza” de Carlos Mesa. Esos textos se refieren básicamente a la renuncia que hizo primero a la vicepresidencia que ostentaba en el segundo gobierno de Sánchez de Lozada, y luego a la presidencia misma, cuando las circunstancias lo llevaron a asumirla. Personalmente pienso que una persona carente de valor no se habría presentado como candidato opositor en las elecciones del año 2019, teniendo en contra a todo el aparato Estatal (y eso no es poco), además de la mayoría de los medios de comunicación. El hacerlo demandaba bastante valentía. Pero esta columna no busca defender a Carlos Mesa, sobre todo porque él tiene ahora la posibilidad real de hacerlo, a diferencia de lo que pasaba hace un año.

La mayoría de las críticas mencionadas en realidad usan (sobre todo en redes sociales) términos que no se refieren puntualmente al valor de una persona, sino a los “huevos” que debería tener un candidato. Estas líneas, entonces, en realidad buscan indagar en qué momento el tamaño de los genitales se convirtió en la cualidad más preciada en un aspirante a la presidencia del país.

Ojo, no se habla de valentía, que sí podría considerarse un valor. El hablar de “los huevos” de una persona hace referencia más bien a cierta temeridad irreflexiva, que en el caso de los políticos me parece que se trataría de un demérito, sobre todo si consideramos que esa característica suele ser opuesta a la inteligencia y buen razonamiento, que generalmente aconseja prudencia.

Imaginemos al expresidente hoy refugiado en la Argentina. Parece claro que sus acciones venían dictadas más por sus gónadas que por sus neuronas. El candidato “macho” Camacho también hace apología de un valor irreflexivo, que quizás podría ser valorable en el ámbito boxístico (que es donde surgió el sobrenombre original) pero no parece ayudarle a armar una sola frase sin contradecirse en la siguiente. Y para comprobar que esa deficiencia trasciende colores e ideologías políticas, tenemos otro ejemplo de ello en el actual ministro Murillo, incapaz de escribir dos párrafos de manera coherente y sin errores ortográficos, pero que está siempre dispuesto a atropellar normas y personas para conseguir lo que quiere, demostrando que es un ministro “con los huevos bien puestos”.

No en vano los griegos dotaban a sus esculturas masculinas con unos genitales más bien modestos (obsérvense el David de Miguel Ángel, o la escultura de Neptuno), pues asumían que correspondían a personas pensantes, con altas capacidades lógicas y de raciocinio, en oposición a sátiros y afines, que eran esculpidos con falos erectos y enormes, como simbología de que su accionar estaba inspirado por la lujuria, más que por la razón (inevitable nueva asociación al comportamiento del fugado).

Otro ámbito en el que suele hacerse referencia a las dimensiones testiculares es el fútbol. Ahí también el jugador “de huevos” suele ser el que se caracteriza más por el uso excesivo y antirreglamentario de la fuerza física, antes que por su habilidad en el juego. “No es muy bueno, pero al menos pone huevos”, se dice en la tribuna, como tácita aceptación de que éstos se contraponen a aquélla. Todas las barras suelen entonar un cántico pidiendo a su equipo que “ponga huevos” (a esto, el periodista deportivo Jorge Tovar le llama acertadamente “reflejo de la decadencia del fútbol argentino”). Qué vergüenza, ¿por qué se pide a los jugadores “huevos” antes que buen fútbol?, ¿en qué momento nos resignamos a que nuestro equipo sea incapaz de jugar bien?

Y claro, ¿por qué pedimos a los candidatos huevos en lugar de un buen programa de gobierno?, ¿en qué punto nos resignamos a no tener candidatos inteligentes, capaces y honestos? ¿Cómo caímos tan bajo, para ambicionar solo un gobernante “de huevos”? ¿No nos bastaron décadas de dictaduras militares, de “machos” de uniforme llenos de testosterona destruyendo el país? ¿Ya olvidamos la vergonzosa imagen de la dirigencia del transporte (siempre tan serviles con el poder, ellos) pidiéndole a uno de los dictadores más sanguinarios “la medida de sus pantalones”?

Alguna vez escuché una frase que decía “¡Cuidado con lo que pides, no vaya a ser que se te conceda!”. Creo que es pertinente recordarla.

Finalizo citando a un DT alemán de fútbol, con una máxima que creo también puede aplicarse a la política: “Por lo general, los equipos que solo ponen huevos terminan hechos tortilla”.

En el deporte y en la vida, la valentía puede ayudar a concretar los planes que la inteligencia desarrolle, pero nunca podrá reemplazarla.

Por favor, exijamos a los candidatos honestidad, inteligencia y valores. De los otros ya tuvimos demasiados.