Ni urgente ni importante

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Hay un tema que, pese a ser importante, no se le da la relevancia que tienen otros, por ejemplo, los reclamos por “las leyes malditas” y el paro cívico, organizado fundamentalmente para poner en jaque al gobierno, o la “marcha por la patria” organizada para demostrar que el gobierno tiene base social suficiente que le respalda; el crecimiento de los casos de covid-19 y la llegada de una nueva ola; la salida de la cárcel de la expareja de Evo Morales o el pedido de 12 años de prisión para Jeanine Áñez; el escándalo de corrupción en la alcaldía de Santa Cruz de la Sierra que ha destapado hasta 2.000 contratos laborales falsos.

Esta enumeración de asuntos, de tan sólo el último mes, muestra que el goteo constante de asesinatos de mujeres, una cada tres días, los miles de casos de violaciones y violencia ejercida contra mujeres e infantes, no son relevantes para nada. Como es ya algo “normal” poco llama la atención, salvo para algún titular y foto (especialmente) del hecho, y en lo que toca a políticas es un mero trámite de gestión policial, algunas palabras a las personas dolientes y que pase el siguiente asunto.

En todo caso, cumpliendo cabalmente con lo que toca el 25 de noviembre, es decir en conmemoración del “Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer”, en Bolivia se ha realizado algún esfuerzo, principalmente mediático, de hacer visibles las múltiples violencias con las que conviven, padecen o mueren las mujeres. De allí no pasa, siempre hay algo más urgente o más importante.

En el denunciar constante que sobre esta violencia machista se hace desde los feminismos y desde las organizaciones que trabajan para tratar de hacer algo para apoyar a las víctimas, se habla del patriarcado y este concepto suena a algo abstracto e ideológico, sin tocar tierra, pese a que se refiere al sistema social en que vivimos y en el cual el hombre tiene una serie de privilegios en relación a la mujer.

Es por ese patriarcado que durante los días de paro brillaban los hombres y sus masculinidades en competencia por mostrar quien es el macho alfa; mientras en casa tenían la comida preparada y la ropa limpia, porque en ello las mujeres no paran. Lo mismo que durante la concentración, al cabo de la marcha oficialista, cuando los discursos de éxito de la dirigencia fueron destacados en menosprecio del de la dirigente campesina, Segundina Flores, que apenas fue mencionada por los medios pese a que hizo unas de las intervenciones más claras y mejor construidas. Por eso, por ejemplo, no hay posibilidades de que una mujer lidere la poderosa organización sindical campesina boliviana, CSUTCB, o el Comité Cívico cruceño; no, las campesinas tienen su propia organización y las cívicas también la suya, ambas van a la sombra de las de los hombres.

En el escándalo telenovelero de la expareja de Morales, sólo Gabriela Zapata resultó sentenciada y presa; mientras que, por los abusos y el golpe de estado de 2019, entre las personas que mayor relevancia tuvieron en ese gobierno, sólo Áñez está detenida. Ellas actuaron y se beneficiaron, pero no lo hicieron solas. Es el caso de la exalcaldesa de Santa Cruz, Angélica Sosa, que es quien hoy responde ante la fiscalía y no los principales acusados del millonario desfalco municipal en el que se crearon hasta 2.000 puestos de trabajo falsos para cobrar esos sueldos. Esto no es casual, es también patriarcado.

Mientras estos y otros asuntos ocupan las noticias, así como la atención de la justicia y la preocupación de quienes tienen posiciones de poder, prácticamente no ha variado la cantidad de mujeres asesinadas por sus parejas en la última década, es decir que no se ha avanzado nada en la prevención de estos hechos. No es extraño y así seguirá mientras todo lo relacionado a las mujeres tenga una posición secundaria, intrascendente y, cuando aparece visible, sólo sea utilitaria. Mientras haya patriarcado, todo será más importante y más urgente antes que las mujeres.