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Necesitamos un estado feminista, basado en los derechos humanos

La Comisión Interamericana de Mujeres (CIM) alertó que los impactos de la crisis ocasionada por el Covid-19 no eran neutros para las mujeres. Y así fue, la pandemia no solo profundizó las desigualdades de género existentes, sino que ha significado un retroceso en los derechos alcanzados por las mujeres, que implica un cuestionamiento profundo sobre el rol del Estado.

En ese contexto, Alejandra Mora, Secretaria Ejecutiva de la CIM, menciona que la reflexión central es ¿cuál es el rol del Estado y cómo responde a las necesidades y a las demandas de las mujeres? De esta manera, junto a un grupo de reconocidas feministas de la región se elaboró el “Decálogo para un Estado en clave de derechos humanos y feminista”, un instrumento que permitirá avanzar colectivamente para fortalecer la agenda de la igualdad que propone:

1. La Cracia del Demo. El Estado debe buscar fortalecer el poder del pueblo, abriendo amplios y más efectivos canales de participación donde todas las voces cobren sentido más allá de las elecciones. Se deben adoptar medidas de acción afirmativa y paridad justa entre hombres y mujeres en cargos electivos y mandatos, avanzando hacia la democracia paritaria

2. Las leyes, instituciones y políticas públicas: El logro de la igualdad sustantiva no es posible si no se identifican y deconstruyen los poderes patriarcal, colonial, racista y sexista. Esto solo es posible si se incorporan las miradas de las mujeres en todas las esferas del Estado.

3. La triada de la institucionalidad: Estado, comunidad, persona: La debilidad institucional de los Estados crea un distanciamiento que crea la despolitización y vacíos que han venido ocupando discursos antidemocráticos. Ante ello es clave recuperar el protagonismo del tejido comunitario en los territorios, con la gestión regida por los principios participativos e inclusivos del municipalismo, para acercar la política a las personas.

4. La gestión política para el buen gobierno: Se trata de dotar de importancia política a lo doméstico, resignificando el trabajo y las habilidades de las mujeres, recuperando así el valor de la empatía, del cuidado, la articulación, la armonización, y las capacidades de gestión en la negociación.

5. El cuidado en el centro de las agendas: los Estados deben reconocer como central, en sus agendas y gestión, la perspectiva del cuidado de la vida en el sentido más amplio. Concebir el cuidado en, tres grandes ámbitos: Cuidado de las personas; Cuidado de la Tierra, sus territorios y sus bienes; y Cuidado del bienestar de las mayorías. Por ello, los cuidados de las personas deben ser un derecho y su protección y promoción una responsabilidad del Estado.

6. El buen vivir y la plenitud de la vida: Los Estados deben integrar esa merada que proponen los pueblos originarios de la región. Para ello, se deben recuperar los saberes ancestrales y la cosmovisión de los pueblos originarios, en el marco de la interculturalidad, del respeto a las diversidades y de la convivencia armónica con la naturaleza, buscando el bienestar de todo ser viviente, como elemento indispensable para el equilibrio universal.

7. Hacia la universalización de derechos: se debe lograr el acceso igualitario universal a educación inclusiva, de calidad, laica, intercultural, gratuita, obligatoria y continua; así como el acceso universal al derecho a la salud física y mental y a los derechos sexuales y a los derechos reproductivos.

8. Un modelo económico que produzca riqueza y la redistribuya: Nuestras democracias, inmersas en el actual modelo económico, conviven con los peores índices de desigualdad del mundo, reproducen pobreza, deterioro de ecosistemas, violaciones a los derechos humanos, y una profunda debilidad estatal para redistribuir recursos y oportunidades. Es imprescindible impulsar el empoderamiento económico de las mujeres, basado en un pacto social, político y de redistribución de la riqueza, mediante políticas laborales, fiscales, presupuestarias y ambientales, que aseguren el bienestar y el desarrollo humano de todas y todos.

9. Erradicar las diversas formas de violencia contra las mujeres y las niñas: Para enfrentar las raíces del problema es urgente la transformación de los patrones estereotipados de comportamiento y prácticas sociales y culturales basadas en conceptos de inferioridad o subordinación que atentan contra la seguridad y vida de las mujeres, a través de la educación y la comunicación. Los Estados democráticos deben adoptar todas las medidas a su alcance dirigidas a prevenir, sancionar y erradicar la violencia.

10. Avanzar hacia una ciudadanía regional-global: Se deben continuar profundizando la multilateralidad con alianzas regionales y globales para que la igualdad como bien de la humanidad, alcance a proteger a todas las mujeres y niñas, y a aquellas que, como defensoras de estos derechos, también son vulneradas.

Por un Estado que cuide a todas las personas y sus derechos humanos, todos los bienes naturales de hoy y del futuro, de la paz con igualdad y de la justicia en democracia.

Elizabeth Salguero Carrillo es comunicadora social

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