Alguna vez leí narrativa contemporánea y no me gustó mucho. Hace un tiempo, por ejemplo, leí un libro de cuentos de una autora boliviana premiada y celebrada en la actualidad, y el libro me aburrió mucho, pero lo terminé porque tenía curiosidad de saber qué se tiene hoy por buena narrativa y qué temáticas se abordan en la creación literaria contemporánea. Aunque temo que no se puede hablar de una sola tendencia, escuela o gran movimiento literario que esté marcando el rumbo de la creación literaria contemporánea, creo que gran parte de la literatura que se produce en la actualidad tiene que ver con estos temas que no me gustan: subjetividad, identidad personal, cuestionamiento del yo, introspección postmoderna y relativismo.
En este sentido, cabe preguntarnos cuál es lo que en sentido lato se llama el Zeitgeist, es decir el espíritu de los tiempos o de la época. Sabemos que la creación artística de toda época está condicionada por los acontecimientos históricos que la signan. Naturalmente es imposible dar una respuesta generalizada; los modelos de vida en cada país o región y las reflexiones de los individuos y las sociedades dependen de muchas variables.
Así como a la gran parte de la gente del siglo XX, al finalizar una jornada laboral, le quedaba el cine, la sala de baile o la taberna, como espacios de distensión o liberación transitoria de la realidad gris de la vida cotidiana, al ser humano del siglo XXI le quedan el teléfono, la televisión o el ordenador conectados a internet. Es el internet el espacio que ofrece la mayor oportunidad de evasión, y en él la “alta cultura” rara vez coincide.
Pero, volviendo al arte y la creación, cabe preguntarse cuál es el asunto transversal de ahora en aquellos. Y lo que se percibe es un espíritu de relativismo y cuestionamiento postmoderno: un perspectivismo que lleva a los creadores a interpelar el ser mismo del mundo y el ser humano. Esta tendencia no es más que la secuela lógica del postmodernismo, que es una respuesta al proyecto moderno basado en la razón ilustrada. ¿Será por eso que las nuevas generaciones están saturadas de un cuestionamiento de su misma condición humana incluso? Así, cuestionando o sencillamente rechazando la razón y la lógica, que vienen de hace milenios, hay una tendencia generalizada a rechazar todo lo conservador, lo eclesiástico y lo Occidental, pero solo en ciertos aspectos, pues en otros el conservadurismo, la religión y la modernidad occidental permanecen intactas.
Más o menos como a comienzos del siglo XX con el arte experimental, las creaciones de hoy pretenden demostrar que, por detrás del orden y la aparente lógica del mundo de ayer, están el desorden, el yo íntimo de cada uno y el ser auténtico, con una identidad que siempre está en construcción o inconclusa. Como ayer, también hoy la fragmentación y la irracionalidad, acompañadas por la aceleración de la vida, son la marca de muchas de las creaciones que más público tienen. Al parecer, las creaciones de hoy, en nada parecidas a las mejores de ayer, que tenían unidad argumentativa y lógica narrativa, son como espejos rotos donde el ser humano se ve a sí mismo deformado e incompleto, siempre en busca de su ser. Antes, la literatura o las series o las películas era un espejo para entender al Otro, pero ahora parecen ser más bien una vía para la introspección de nosotros mismos, lo cual dificulta no ya solamente el entendimiento del Otro, sino una concepción cabal y moderada de lo que somos nosotros.
A lo que nos mueve la creación actual, en general, es la deconstrucción, o sea al cuestionamiento postmoderno, que, tomado racionalmente, es la negación de la verdad y la realidad objetiva. El consumidor de filosofía o arte, al final del día, lo que busca es un relato coherente que le de sentido trascendental a su existencia; no obstante, con cuestionamientos y más cuestionamientos deconstructivos lo que se logra es una especie de nihilismo. Una espiral de preguntas que relativizan la biología, la patria o la buena tradición de nuestros mayores. ¿A dónde llegará el arte en los tiempos venideros?
Ignacio Vera de Rada es politólogo y comunicador social