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Murió David Santalla, ícono del humor boliviano, a los 86 años

El actor y humorista boliviano David Santalla falleció este sábado en Sucre a los 86 años, tras una larga batalla contra el cáncer. Considerado un ícono del teatro y el cine nacional, dejó un legado de más de seis décadas en las que conquistó al público con personajes entrañables y un humor que retrató la vida y las contradicciones de Bolivia.

Inmediaciones

Bolivia despide a uno de sus artistas más entrañables. Este sábado falleció en Sucre David Santalla, actor y humorista que durante más de seis décadas se convirtió en un referente indiscutible del teatro y el cine nacional. Tenía 86 años y se encontraba internado en el Instituto Chuquisaqueño de Oncología, donde enfrentaba con valentía los últimos días de una larga batalla contra el cáncer.

Santalla fue mucho más que un comediante. Su arte se convirtió en un espejo de la sociedad boliviana, capaz de retratar con humor, ironía y ternura las contradicciones de un país que lo acompañó siempre con aplausos y afecto. Su participación en la emblemática película Chuquiago y la creación de personajes como Salustiana, Toribio y Don Enredoncio marcaron generaciones y se instalaron en la memoria colectiva como símbolos de identidad popular.

Nacido en La Paz en 1939, descubrió desde joven su vocación por el teatro y dedicó su vida entera al arte. Escribió y protagonizó más de 50 obras teatrales, consolidando una escuela de comedia que inspiró a nuevas generaciones de actores. Su estilo, cargado de sátira política y crítica social, lo convirtió en un cronista de la vida cotidiana y en un referente cultural que trascendió fronteras.

Más allá de los escenarios, Santalla fue un hombre cercano y humilde, querido por el público y respetado por sus colegas. En sus últimos años se transformó en símbolo de resiliencia, enfrentando la enfermedad con valentía y transmitiendo mensajes de esperanza. Nunca dejó de agradecer al público que lo acompañó en cada etapa de su vida. En una de sus frases más recordadas dijo: “El público es mi familia, y mientras ellos me recuerden, yo seguiré vivo.” Esa declaración resume su vínculo profundo con la gente y explica por qué su partida duele tanto: porque se va un artista que supo hacer de la risa un acto de amor y resistencia.

La noticia de su fallecimiento ha generado un sentimiento de unidad nacional. En redes sociales y medios de comunicación, colegas, amigos y admiradores lo recuerdan como “la sonrisa más grande de Bolivia”. Su legado no se limita a los escenarios ni a las pantallas: está presente en la memoria de quienes crecieron con sus personajes, en las carcajadas compartidas en familia y en la certeza de que el humor puede ser también una forma de dignidad.

La partida de David Santalla deja un vacío inmenso en la cultura boliviana, pero también un legado que seguirá vivo en cada carcajada, en cada recuerdo y en cada escenario donde alguna vez resonó su voz. Hoy el país lo despide con dolor, pero también con gratitud. El telón se cierra para el hombre, pero se abre para la leyenda: la sonrisa de Santalla será eterna, porque el humor también es una forma de resistencia y de amor por la patria.

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