Araña violinista

Armando Alanís – México

Mientras acecha a su próxima víctima, la araña violinista toca el vals de la muerte.

Confesión de una mujer arrepentida

Ricardo Bugarín – Argentina

Si hubiera mínimamente imaginado que iba a llegar a este estado, te hubiera dado la espalda.

Escape (bis)

Álvaro Pérez Sastre – Colombia.

Al cruzar la frontera volvíamos siempre al inicio. Entonces todo ocurría nuevamente: el dueño del anticuario al que dejé tendido de un relojazo cuando intentó propasarse conmigo y de quien tomamos los revólveres y el descapotable, la lección de tiro que me diste y el motel de carretera con las sábanas mugrientas y la noche de éxtasis y el sueño con gorriones que me contaste en la mañana y el robo del banco, los turnos al volante y la dura línea del horizonte con el reluciente punto de fuga y el enorme sol rojo del desierto y las patrullas en el espejo retrovisor y mis disparos y los disparos de ellos… En algún momento pensamos que podíamos desacelerar, pero luego protestaste porque me estaba adelantando. No quisimos quedar de un lado y del otro de la frontera ni por un segundo.

Doble caldo

Rubén García García – México

Asistí a mi propio velorio y escondido entre las coronas de flores veía a mis deudos; curiosamente mi esposa no estaba entre ellos. Recorrí los pasillos de la vetusta casa y de los muros salieron unas manos que me ahorcaron; desesperado intenté zafarme tratando de romper el abrazo; mis dedos rodearon sus nudillos y reconocí la protuberancia del anillo; el que le regalé, una noche antes de que la sepultara con su amante.

La cena

Armando Alanís – México

Después de cenar, mamá caníbal anunció a sus pequeños hijos que se habían quedado sin padre.