Microrrelato al minuto

Elisa de Armas – España

DENTRO DE un mínimo envoltorio introducir los ingredientes

justos para que, al tirar de la anilla del título, le estalle el final entre

las manos. Y aspirar a que, cuando el lector se cure de la herida,

aún queden dentro fragmentos de metralla

Peces para mi familia

Luis Ignacio Muñoz – Colombia

Tengo pensado crear varios peces de colores y voy a empezar ya. Quiero fabricarme peces azules, peces rojos, peces amarillos, peces blancos y peces negros para regalar a cada uno de la familia. A mi padre le obsequiaré el pez rojo, a mi madre, le daré el pez azul, a mi hermana le regalaré el amarillo, a mi abuelo el blanco y a mi tío el pez negro. Creo que los pondrán a nadar en el viejo acuario vacío de la casa. Sé que cuando engorden y crezcan los van a devorar a todos juntos.

Los despojados

Alberto Sánchez Arguello – Nicaragua

Primero fue el agua y la electricidad. Resistimos a como pudimos con salarios mínimos y seguros de desempleo. Luego tocó el turno a la salud y la educación. Tuvimos que olvidarnos de las letras y resignarnos a perder la vida en cada jornada. Hasta que morimos. Descubrimos entonces que los muy canallas se habían adueñado del cielo y del infierno. Así que nos tocó regresar a los escombros de nuestros cuerpos, a la espera del arrebato final.

El disconforme

Teresa Constanza Rodríguez Roca – Bolivia

 “Eres lo que tu deseo más profundo es, como es tu deseo es tu intención, como es tu intención es tu voluntad, como es tu voluntad son tus actos, como son tus actos es tu destino.” Al leer esta enseñanza Veda, Federico pensó que el caos reinante en el planeta se debe a que el Maestro olvidó añadir: Pero hay que   tomar en cuenta el destino del prójimo, resultado de sus actos, los cuales obedecen a su voluntad, nacida de su intención, que se origina en su deseo más profundo de ser. Por tanto, Federico prefirió no ser.

Locura

Ernesto Luis Calizaya Flores – Bolivia

Cuando la encontró, él se perdió.

In Útero

Alejandro Bentivoglio – Argentina

Una conciencia, una cadena, una condena. Palabras como subterfugio, palabras como un juego tonto. Los ojos no sospechan la oscuridad, la hacen suya como un corazón negro al que le gusta palpitar. Se presiente la salida, pero ¿podría llamársela libertad?