Métanle nomás

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La nueva Ley 467 del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz de “regularización de construcciones fuera de norma”, en vigor desde el 21 de febrero, es un insulto al sentido común y a la inteligencia de los vecinos honestos de la ciudad.

Podría llamarse “Ley 150 mil: métanle nomás”, porque de eso se trata: un engaño a primera vista, donde se permite la “conversión de la sanción de demolición en sanción pecuniaria”, como si eso permitiera corregir los errores de construcción y el peligro que representan, además de la agresión al paisaje visual de la ciudad. Para el concejal Pierre Chaín, promotor de la ley, basta que los transgresores “paguen” para que se resuelva el problemita y así obtener “recursos frescos para la comuna”, aunque la ciudad se joda. En otros países, la “regularización” sería demoler parcial o totalmente las construcciones fuera de norma, pero ya no hay alcaldes con pantalones bien puestos, solo demagogos y oportunistas.

Las multas no resuelven los problemas: si se excedieron en el número de pisos, si el edificio no tiene suficientes estacionamientos, si la construcción está en un terreno inestable o avasallado, si entre edificios no hay los metros de retiro estipulados, si no se respeta el espacio público en las aceras, etc., los riesgos seguirán ahí y la razón de ser de esas normas queda malversada.

Junto a donde vivo, una empresa que lava más blanco construyó tres edificios simultáneamente: sobre la avenida principal uno de 19 pisos que yo llamo la “torre de pizza” porque parece una tajada de pizza, con un metro de ancho en un extremo y apenas siete metros en el otro. El edificio del medio tiene 13 niveles a pesar de que está situado sobre una calle lateral y no debería sobrepasar 8 pisos. El tercero, aparentemente, tiene la altura establecida por la norma, pero entre los tres acumulan una serie de irregularidades: no tienen estacionamientos suficientes, no hay retiro reglamentario entre los edificios, ni un metro de área verde, y quién sabe qué otras faltas más.

Los vecinos hicimos un reclamo formal en 2018, cuando todavía estaban en construcción. La alcaldía respondió “oportunamente” ocho meses más tarde: más de 70 páginas de sellos y firmas que en síntesis decían que todo estaba autorizado, aunque salta a la vista que varias normas fueron violadas.

La Alcaldía nunca actúa de oficio, simplemente mira a otro lado mientras se cometen las faltas, y solo reacciona cuando hay quejas de los vecinos. De esa manera llegamos a la aberración de 150 mil construcciones fuera de norma en La Paz, según el concejal Pierre Chaín, permitidas por la desidia del gobierno municipal y por la corrupción instalada en todos los escritorios encargados de poner sellos y firmas. El problema de fondo es la incapacidad de fiscalizar y la corrupción metida hasta la médula en la alcaldía. Es un asco que no se limpia con multas.

Las sanciones “a posteriori” son un regalo para constructores inescrupulosos: “Métanle nomás, después arreglamos”, como dijo alguna vez el “jefazo” de Chaín. Construyan como quieran, destruyan la ciudad, pongan en peligro a sus habitantes, y luego arreglamos con plata. Corrupción antes y corrupción después.

Desde la ventana de mi departamento veo hace años un edificio sin terminar. La construcción fue detenida por la alcaldía porque está sobre una calle lateral y sobrepasó los 8 niveles autorizados. La denuncia de los vecinos permitió que la gestión de Revilla detenga la construcción, pero el constructor se limpió con la interdicción: como ya había alcanzado 12 pisos, durante los meses siguientes le metió dos más y levantó paredes de ladrillo. Tengo fotos que lo demuestran. Lo más seguro es que ahora “arregle” con la alcaldía y se salga con la suya. 

Nos ocuparemos en otro momento de las construcciones que lavan dinero proveniente del narcotráfico y del contrabando: adquisición de departamentos en efectivo sin pasar por el sistema bancario, compra de materiales de construcción sin facturas, pago a obreros y albañiles también en efectivo, evasión de impuestos, etc. Hay mucha tela que cortar.

Mientras tanto el alcalde Arias puede seguir bailando en los cumpleaños de Lora, dueño y constructor de “Las Loritas”, con música en vivo de Los Karkjas, masistas de corazón, el grupo preferido de Evo Morales.

Alfonso Gumucio es escritor y cineasta