Los magos de las emociones

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Como ocurre habitualmente con el ascenso de un nuevo orden, el arribo al poder del expresidente Morales y hoy prófugo internacional, estuvo caracterizado por un extenso repertorio de compromisos programáticos y una densa y estructurada trama narrativa que sedujo a una incuestionable mayoría de clases y fracciones populares. Paulatinamente, al principio, y a la carrera, después, esa presentación fue cediendo espacio a mensajes intensamente identitarios y, con ello, crecientemente apuntados a los sentimientos.

El apresurado y desordenado repliegue de los amos del poder hace apenas 2 semanas, ha intensificado ese derrotero. Una muestra es el quejumbroso anuncio de Morales cuando, al abandonar el cálido refugio que se le otorgó en una guarnición militar, en México, advierte que necesitará recurrir al apoyo de amigos y seguidores para encontrar un techo que lo cobije de las inclemencias meteorológicas y políticas. Dice:“ Anoche nos trasladamos. Ahora (…) tenemos que comenzarnos a financiar nuestra estadía”.

Todo un llamado al corazón, en la misma línea que utilizó la noche que huyó al Chapare, exhibiendo, en una foto generosamente distribuida a través de las redes digitales, el incómodo rincón donde dormiría, sobre un piso apenas cubierto apenas con una frazada y un mosquitero. Ahora, al lanzar su campaña para colectar fondos, no menciona siquiera el apoyo monetario que comprometieron 374 parlamentarios de MORENA, a razón de 26 dólares mensuales, mientras dure el asilo de Morales Ayma en México. ¿Se arrepintieron?; ¿Les pareció demasiado que la suma de esos aportes supere el salario del presidente mexicano? ¿10.000 dólares al mes no alcanzan para sustentar una vida modesta y revolucionaria?

No lo aclara quien fuese todopoderoso en nuestro país, ni los medios que informaron sobre ese subsidio. Se podría coincidir con el presidente López Obrador sobre que detenerse en ello sería mezquino, si no estuviese en el centro mismo de la manera en cómo ha hecho política durante 14 años el dirigente político más popular y de aceptación más prolongada en la Historia de nuestro país.

Su estilo de relación y diálogo con las masas que enfervorizó y que creyeron apasionadamente en su mensaje, se basó en una apelación, ascendente y directa, a las emociones. Esta conexión, apoyada en la maciza tangibilidad de las múltiples obras que acometió y una cartera casi siempre abierta para satisfacer los reclamos y demandas de las mayoritarias organizaciones sociales que fueron su base, construyó un fenómeno político que superó nuestras fronteras y elevó al personaje a una dimensión mítica.

Ahora, cuando su idealizada figura, cae en las poses y actitudes que tantas veces censuró sin misericordia, como no dar la cara a los problemas, desapareciendo apresurado de la escena de los conflictos que el mismo provocó; o extender las manos, presuntamente para colectar apenas lo indispensable para pasar el día, transita de su pedestal a un penoso vericueto histórico.

No opinan así muchos miles de quienes lloran y sufren con su partida, porque aun consumen ávidamente las historias de que fue forzado a salir, por impedir que se lleven en aviones y bolsillos nuestro litio o petróleo, y que los usurpadores de los 70 días restantes de su mandato, los esclavizarán y robarán, lo que alcanzaron a construir y ahorrar.

Los hechos deberían servir para probar que tales historias son huecas y que el supuesto héroe que apenas pudo esquivar su inmolación, es un impostor más que rehúye sus responsabilidades, mientras trama y ordena explosiones de violencia.

La enorme movilización que es la verdadera causa de su salida, enseña claramente que ningún futuro gobernante podrá impunemente arrebatar las libertades reconquistadas, o anular, sin feroz resistencia, las conquistas social consolidadas, ni hacer caer sobre los sectores populares, la factura del festín compartido entre el gobierno masista y las fracciones empresariales más ricas y transnacionalizadas.

El problema radica más bien, en que la evolución de los acontecimientos sugiere que vuelve a prosperar la tendencia de que quienes mejor remonten la ola del cambio sean nuevos caudillos, expertos en el control y la manipulación emocional de sus seguidores.