Los diarios en la Guerra del Gas

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De Rafael Archondo / Inmediaciones

Este 2018 estará marcado por el juicio civil en Miami al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y a su ex ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín. Aunque no se trata de un proceso penal en el que se castiguen los delitos que ambos hubieran cometido en 2003, lo que podría surgir de aquella corte federal de los Estados Unidos es una indemnización monetaria para las víctimas y un juicio histórico renovado.

Los medios de comunicación impresos en Bolivia fueron un campo de batalla en momentos como esos. La masacre de Octubre y los hechos posteriores que rodearon al gobierno de Carlos Mesa estuvieron en litigio dentro y fuera de las redacciones. Acá tenemos un rápido recuento de titulares de primera plana en momentos críticos de la Historia de Bolivia.

Sólo a manera de ilustración, presentamos los esbozos de una indagación de contenidos en dos de los principales diarios nacionales. Se trata de “La Prensa” y “La Razón”. Cada uno de ellos encabezaba la cobertura desde la sede de gobierno para las dos principales cadenas de periódicos del país. En ese sentido, eran los ámbitos dominantes del periodismo escrito. El lugar que ocupaba «La Prensa» ha sido ocupado después por «Página Siete».

Para esta indagación elegimos solamente los titulares de las primeras planas de ambos matutinos en tres ocasiones históricas relevantes: la llamada “Guerra del Gas” entre septiembre y octubre de 2003, la realización del referéndum sobre la política de hidrocarburos, en julio de 2004; y el primer anuncio de renuncia del Presidente Mesa pronunciado en marzo de 2005.

La muestra contempla los siguientes periodos:

  1. Del 20 de septiembre al 18 de octubre de 2003 (de la primera movilización a la caída de Sánchez de Lozada).

  2. Del 11 al 19 de julio de 2004 (semana previa al referéndum).

  3. Del 7 al 11 de marzo de 2005 (del planteamiento de renuncia a su rechazo).

Analizamos de manera comparativa, la forma en que fueron redactados los titulares de las primeras planas en los periodos señalados.

Se trata, en efecto, de conflictos sociales agudos, uno de ellos con un saldo de 67 muertos. La fuerte polarización social que los acompañó, colocó a los periodistas en el centro de los combates y en ciertos momentos, los obligó a una toma de posición explícita. Estamos por tanto ante una muestra bien escogida.

La Guerra del Gas

Vemos que en situaciones de violencia desbordada, los diarios eluden con insistencia los juicios de valor y la mención de posibles culpables. Es notable, por ejemplo, la despersonalización de los protagonistas. Nunca son actores específicos quienes desencadenan los sucesos. “La Razón” y, a momentos “La Prensa”, colocan como actores básicos a “la convulsión”, “la violencia”, “la toma militar”, “la represión” o “el bloqueo”. Alusiones como esas restan responsabilidad a las fuerzas del orden y en algún caso relevante, incluso colocan a “El Alto” como el verdugo u origen de las muertes (en “La Razón”: “El Alto inicia guerra sin control”).

A partir del seguimiento del conflicto, la versión sobre una emboscada en Warisata es asumida por “La Razón” como un hecho comprobado, lo cual colocó, por unos días, a los campesinos como los únicos agresores. “La Prensa” tomó más distancia al respecto. Por otra parte, la insistencia en los efectos nocivos del bloqueo abarca dos titulares casi idénticos y consecutivos en “La Razón” (24-25-09). En tres fases centrales de la cobertura, este mismo diario prefiere ignorar los hechos desviando su atención a temas ciertamente irrelevantes en ese instante como el contrabando de autos, las elecciones en la cooperativa telefónica de La Paz o la depredación de bosques en el Beni. A momentos, este parece un intento por desviar la atención de los verdaderos generadores de angustia.

En “La Razón” se percibe un control coherente de los titulares a lo largo de todos los acontecimientos, mientras en “La Prensa” se produce un viraje a partir del martes 14 de octubre, cuando Goni y Evo son calificados como intransigentes al no querer dialogar. Este titular es llamativo si se considera que el acercamiento entre las partes, una vez sucedida la masacre, resultaba muy improbable. En efecto, los reporteros del periódico denunciaron después que los titulares decididos colectivamente empezaron a ser cambiados por órdenes de los ejecutivos a partir de ese día. Al parecer, los dueños juzgaron que aquella cobertura se les había “escapado de las manos” y que hacía falta un ajuste. Un acto así en “La Razón” hubiese sido impensable, dado que son los ejecutivos quienes elaboran aisladamente la primera plana.

El Referéndum del Gas

Tales divergencias entre los diarios quedaron reducidas a nada cuando llegó el momento del referéndum. Ambos diarios apostaron a la realización exitosa de la consulta y colocaron en el bando adversario “a los radicales” que se oponían a ella. “Las fuerzas de El Alto se unen contra la consulta que pedían”, señala “La Razón” aludiendo a una contradicción entre quienes fundamentaban el rechazo. De igual forma, la Iglesia, el gobierno, la Corte Electoral, la Policía, las Fuerzas Armadas, y, en última instancia, la “gente”, son puestas del mismo lado. En la orilla del frente quedan los dirigentes de El Alto, calificados como “boicoteadores”. Al final, los titulares celebran el hecho de que las consignas en contra de la votación no hayan tenido efectos palpables. En el periodo previo se intenta conjurar el boicot mediante la descalificación de sus impulsores y las advertencias de sanción. Aquí los medios llaman al orden y lo secundan.

La primera renuncia de Mesa

En el momento de la renuncia de Mesa, los diarios vuelven a distanciarse un poco. “La Razón” se pliega a las posiciones presidenciales, mientras “La Prensa” asume todo con cautela y a momentos incluso toma distancia. Llama la atención que “La Razón” califique el acuerdo suscrito tras el rechazo de la renuncia como un pacto con el parlamento, visto como institución, cuando dos bancadas importantes han desistido de firmarlo. Por otra parte, el titular: “La gente rechaza el bloqueo y el MAS insiste en protestar”, pone en evidencia que “La Razón” contrapone una con el otro. Es fácil deducir que “la gente” no está de acuerdo con el partido citado. Se ha visto que es una práctica corriente. Bajo el apelativo “gente”, el diario está entendiendo al ciudadano común, es decir, al que responde en las encuestas y constituye, probablemente una mayoría “silenciosa”.

Conclusiones

Queda claro que la dinámica del conflicto es de en sí misma espectacular. Los enfrentamientos, en octubre, y el temor de su rebrote meses después, convirtieron a todos estos hechos en “noticiables” sin demasiado esfuerzo. Sin embargo, en ningún caso encontramos un deseo de exacerbar los conflictos por parte de los cabecillas de los diarios. Al contrario, la manera en que “La Razón” pretende minimizar la crisis es notable. Se percibe un retraimiento consciente, que sólo informa e intenta además desmovilizar. La violencia es evaluada de manera negativa, no se alienta a expandirla y más bien se la condena incluso cuando viene del lado de las víctimas. Los titulares tuvieron en este caso un rol aparentemente “pacificador”. Pese a ello, las portadas no dejan de señalar los hechos con la crudeza que les corresponde. Es claro el consenso operativo para mostrarse relativamente “objetivos” al menos en la enumeración de la tragedia. Sin embargo, cuando la condición culpable del gobierno ya es un hecho constatado, los periódicos, más “La Razón” que “La Prensa”, vuelcan las cosas y responsabilizan a la población movilizada.

Todo ello nos está mostrando a los medios como un ámbito atravesado por muchas opiniones y criterios. La realidad volcánica de aquellos días hizo que ingresaran en las redacciones posturas diversas y que en cuestión de horas se tenga que imprimir una versión relativamente aceptable para todos.

Los vaivenes y sutilezas en la formulación de los datos nos dan cuenta de esa complejidad. Sin embargo es claro que para asentar conclusiones más precisas haría falta, por ejemplo, hacer un balance de los editoriales y de las mismas notas informativas.