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Lo dijo el sabio Salomón

No me canso de repetir lo que el sabio Salomón dijo siglos atrás -lo mejor del negocio no es cómo empieza, sino como terminará ese negocio- algo que se aplica a todo: a la vida de una persona, una carrera, un matrimonio, una empresa, etc. No todo lo que empieza bien acabará bien también, y las buenas intenciones normalmente son insuficientes.

La economía de Bolivia destacó internacionalmente durante todo el macrociclo de precios altos para las materias primas (2004-2014) mostrándose asombrosamente solvente con un PIB que creció por encima del 4%, salvo durante la crisis del 2009.

La bonanza mundial produjo tan generoso ingreso de divisas, que entre el 2006 y 2019 el país recibió más recursos por exportación que en toda la historia republicana. ¿La razón? El alza de la cotización del petróleo que subió el precio de venta del gas a Brasil y Argentina, al mismo tiempo que aumentaron los volúmenes negociados por anteriores gobiernos, llevando a récords de venta y recaudación.

La “nacionalización de los hidrocarburos” llevada a cabo el 1 de mayo de 2006 implicó para el país quedarse con una mayor porción de las ganancias de las empresas petroleras, permitiendo un incremento de la capacidad de inversión y gasto público, el aumento de la demanda interna a niveles insospechados a la par que caía la pobreza en el país, atribuyéndose ello al llamado Modelo Económico Social Productivo y Comunitario implantado aquel año.

Empero, concluido el auge económico mundial en 2014, los brillantes indicadores macroeconómicos que obnubilaron a propios y extraños, empezaron a palidecer con una tendencia estructural: Bolivia empezó a registrar un creciente déficit fiscal; la tasa de crecimiento del PIB declinó; el comercio exterior pasó a ser deficitario; el endeudamiento se incrementó; las Reservas Internacionales Netas no paran de caer y los esfuerzos del gobierno para atraer inversión extranjera no dieron el resultado esperado, pues ni la Ley de Inversiones, ni el colocar bonos soberanos por 2.000 millones de dólares con atractivas tasas en Wall Street para que Bolivia figure en el circuito financiero como un país interesante y solvente, fueron suficientes: la Inversión Extranjera Directa Neta se hundió a niveles de diez años atrás.

La dependencia y vulnerabilidad externa derivadas de la “reprimarización” de las economías latinoamericanas -como la nuestra- explican la situación actual del desbalance externo y el menor crecimiento, como la Cepal lo había advertido y Salomón también…

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