Maurizio Bagatin

“La pregunta sobre el origen del hombre comenzó con Linneo” – Ernst Haeckel –

El sueco inventó la nomenclatura binomial…luego vino el Ciccio Zottis, el ciudadano honorario de Tzechini, que para ser aceptado entre los tzechineses tuvo que inventarse algo inolvidable, tal vez por un don que llevaba adentro, tal vez por su genialidad o por “grazia ricevuta”, entró en la idiosincrasia de los pobladores y, carpe diem, a todos o casi todos le dio su nombre científico, o de genio. Apodo para algunos, desmenuzando su genialidad, y quisieron que fuera solamente eso, por la superficialidad que siempre caracteriza el pueblo chico. Tarea que el tiempo ha desarrollado, pensando, y metabolizando, elaborando y digiriendo, nos ha ofrecido un ilustradísimo diccionario humanístico de un pequeño pueblo, de uno de los miles infiernos de la provincia italiana. Destilado de poesía rural, cosas que difícilmente volveremos a ver, oír y menos aún a vivir.

Y entonces el electricista del pueblo se volvió “Scossa” (electrocución) por su oficio y Nebbia (neblina) por su escasa vista; y el Doctor Giulio Bertola era Medica, primer medico en un pueblo tan cerca de Dios y tan lejos de la ciencia; La voce della veritá era la Mora, una pariente que vivió siempre frente la iglesia y nunca tuvo miedo en decir lo que pensaba, sea al cura, al alcalde, al médico o al sacristán… resumía el dicho popular de que los niños y los locos dicen siempre la verdad, a los niños se los educa y a los locos se los encierra…; Botón, era el Doctor Marson, lo que volvió al pueblo natal para dejar su cuerpo, y tal vez su alma, después de muchos años vividos afuera; e Strangolín, tal vez, el nuestro Monsieur Teste valeryano que emigró en Suiza y a su vuelta encontró todas las estupideces del llamado progreso bien plantadas, bien firmes en el territorio y en su gente, el nombre científico se lo debe a un fular que siempre rodeaba su cuello, en su elegancia y distinción; Detersivo fue Battistella del supermercado, los sábados por la tarde con su venta a domicilio, puerta a puerta, de abarrotes y Don Juan atípico por mojigatas y cornudos; Scalza era el De Marchi que perdió todos sus cabellos, era Pipa cuando, fumando a la Magritte, sentado al bar se la tomaba en serio en un partido de “Scopone scientifico” en pareja con el Fufo o con el mul (mula: así se le dicen a los que nunca se casaron) de Pegolo.

Cabaret de la vida, cabaret sin máscaras, cabaret de todos los días, en el escenario más ocurrido, una vez el bar, otra vez la plaza, luego una fiesta popular, una cancha de futbol, siempre la calle… la Spoon River que cada pueblo y cada infierno lleva adentro, y que estos profundos directores del teatro cotidiano logran representar. Humilmente y con profunda ironía. Con sarcasmo y elegancia, muchas veces con poesía.

Scoreda (pedo, por su tamaño que no pasa el metro y cincuenta… el rey Vittorio Emanuele, hubiera sido fiero de él…) era el Corradino; Visinal era Domenico, Visinale pueblo colindante a Cecchini, cuando los dos eran choferes y a veces se encontraban por los caminos de la vida, en la Statale Adriática o en la Vía Emilia… Fenoli es el neologismo CULT que inventó para indicar al potencial homosexual (anticipando este proceso que algunos llamamos de homologación, de aburguesamiento, de concepción moldeada de la realidad, del ser…) no en sentido despreciativo sino indicando alguien que llevaba adentro una parte de sí que por miedo, por falta de coraje, no lograba extraer. O, simplemente, porque le veía una escasa, o nula, atracción para las mujeres… dificultad en exprimirse, imposibilidad en ser lo que uno, simplemente, es.

Todos seres humanos con una profunda personalidad, quien necesitaba sexo, quien lo hacía por demás, el que se masturbaba demasiado, el gay, el político, el vago, el demasiado trabajador, todos los artesanos, los empleados, una análisis digna de un psicoanalista de Woody Allen o de unas películas de Fellini o de Monicelli, en algunos momentos hasta de Louis Buñuel…

Los nombres científicos, los apodos para algunos, no caían en desgracia o en el olvido, nunca fueron tomados a mal por los personajes – porque siempre se trataba de personajes – sino todo lo contrario… Cabaret que es comedia humana, teatro del absurdo vivir y de la Dolce vita, del dolor interior y della grande voglia di vivere, retratos pincelados al instante, acuarelas o frescos, bosquejos hechos de un étimo cómico y de una intuición profunda. Bellezas o miserias, siempre sinceros toques de vidas, hecho por dar vidas o, simplemente, por vivir.