Legitimidad de proximidad

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En un artículo sobre la teoría de la democracia de Pierre Rosanvallon, Rocío Annunziata plantea que legitimidad de proximidad significa el “interés general que se logra por la consideración y el reconocimiento de las singularidades sociales.” Vale decir “La proximidad supone una inmersión en el mundo de lo particular, una atención a los individuos concretos, sus experiencias, vivencias e historias. (…) Lo que aparece como más democráticamente legítimo es que éstos escuchen las experiencias singulares, que tengan en cuenta las especificidades de cada situación”. En otras palabras, “a los ciudadanos les importa cada vez más escuchar que la decisión que finalmente se toma con respecto a su caso los tomen en cuenta; no quieren que su situación singular sea ignorada por la abstracción de las reglas”. De hecho “hoy se despliega toda una nueva gestualidad del poder tendiente a mostrar la empatía que los gobernantes son capaces de tener con los gobernados. Cada vez es más importante que los gobernantes recorran el territorio, que visiten a las víctimas que han pasado por tragedias o catástrofes, de modo que se configura una política de la presencia”.

En la práctica, el presidente de Portugal Marcelo Rebelo de Sousa entre su campaña electoral del año 2016 y durante su gobierno, se ha constituido en referente de la legitimidad de proximidad: “renunció a la maquinaria partidista, a las banderolas, los mítines, los himnos y las pancartas. Salía a la calle y empezaba a hablar con la gente y a abrazarla. Se convirtió en el candidato de los afectos y después en el presidente de los afectos. “A veces”, comentaba en campaña: “Las personas solo necesitan consuelo, un abrazo, que las escuchen. Ya entienden que no les voy a solucionar sus problemas” (El País, 16 febrero 2019).

La conducta recurrente del presidente de Portugal que fundamenta la teoría sobre la democracia de Rosanvallon desde la perspectiva de la legitimidad de proximidad, permite recuperar la esperanza de que aún es posible generar un vínculo de confianza entre gobernantes y gobernados, que los problemas reales pueden ser resueltos con acciones reales, y que el acercamiento es vital para mantener legitimidad. Obviamente, también puede ser identificado como un populista.

Ahora bien, en perspectiva comparada, es un acontecimiento que desnuda las prácticas consuetudinarias de la mayoría de gobernantes en el mundo: la cerca o muro que imponen una vez han ganado las elecciones y acomodado en las estructuras del Estado.

En Bolivia, estamos a nueve meses de las elecciones presidenciales y las apariciones públicas de los candidatos con gente en las calles sacándose selfies, sentándose en el piso,  y reuniéndose con grupos religiosos para mostrar un acercamiento con Dios, se vuelven recurrentes. Empero, gracias a las redes sociales es posible cuestionar estos shows políticos que pretenden demostrar  legitimidad de proximidad,  en la búsqueda incesante de los votos.

Si, como plantea Pierre Rosanvallon la desconfianza es un factor de distanciamiento de los ciudadanos con los partidos políticos en el mundo, Bolivia no es la excepción. El ciudadano de a pie no es tonto, y a pesar de la aparente legitimidad de proximidad que se vivirá en los siguientes  meses, considero que la tendencia es que la confianza en un programa o una ideología colectivista se siga debilitando, y las demandas ciudadanas sean singulares y concretas, es decir, provenientes de vivencias individuales.          

José Orlando Peralta B. / Politólogo