Las partes de la noche

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Maurizio Bagatin

Muere el día en un instante preciso. Es el momento de las luces diáfanas, el ocaso vence al astro de luz, es el crepúsculo. No sé si es el silencio en ocultar todo o si es la falta de luz en silenciar la vista.

Despacio entramos al concubio con el último silbar de los pájaros. Nos miran desde unas ramas para dar inicio a la noche. Es el último tráfico de vuelo, quien se atrasa perderá su lugar.

Ya son las diez y la nocturnancia vigila. Los últimos ruidos en las cocinas, el camarero que se apresura para cerrar, el taxista bostezando invita al último cliente en subir. El silencio está aquí.

Conticinio que parece inmaculado. Las horas de los últimos, el borracho, las barrenderas y un cuarto de luna creciente que parece suspirar. Profundidad y eternidad parecen conciliar el sueño.

Ante que amanezca la modorra va preparando el acontecimiento. Silenciosa, ordenada, firme, invita la presencia del alba.

El dilúculo es el canto del gallo, la primera ventana que oímos abrirse en alguna casa. Una luz en la cafetería, el canto del canillita. Para algunos, narraba el trovador, es viva aun la modorrilla.

Todas estas partes han oído en algún momento “un tiro en blanco en medio de la noche”. Era el poeta.