Las ovejas saben donde pastan

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Respecto de la unidad de la población que vota al MAS, el partido del actual gobierno boliviano, es habitual escuchar en algunos sectores de la sociedad el comentario de que se trata de ovejas que votan lo que su dirigencia decida; al mismo tiempo, se lamentan de que la que es hoy oposición esté disgregada y que no dé posibilidad de un voto unitario que compita con la solidez oficialista.

Dicha animalidad mansa masista ha sido también prueba de fraude electoral en 2019, en el argumentario que así lo sustenta, cuando se observó que en algunas poblaciones la votación para el candidato de entonces, Evo Morales, superaba el 80% ¡Señal de irregularidad segura! Las elecciones de 2020 han repetido esas cifras y las han superado cuando en algunos pueblos, del Altiplano y del Chapare, los porcentajes de voto a favor del MAS llegan prácticamente al 100%. Así es, TODO el pueblo votó a esa candidatura.

¿Qué explicación hay para ello? La más usual es que se trata de eso, de ovejas, donde el dirigente (generalmente hombre) dice: “¡Se vota a fulatino! (con “o” porque suele ser hombre)” y toda la población va y hace caso obedientemente y, se supone, sin criterio alguno. También se asegura (con “su” sentido común como prueba) que hay coerción, presiones, chantajes para que eso ocurra.

Este tema vuelve a ser motivo de interés porque en todo el país, en los últimos días se han estado barajando posibilidades sobre las alianzas políticas para el siguiente enfrentamiento electoral, previsto para marzo, en el que los partidos medirán las fuerzas para hacerse con las alcaldías y las gobernaciones. 

En los pueblos donde el MAS gana por goleada la oposición ha levantado las manos; sin embargo, los municipios de las grandes urbes, donde el voto está más dividido, sí que tiene mayores posibilidades y más aún si va unida en una sola candidatura. Esto genera varias preguntas:

Con el criterio ovejuno, ¿acaso no se apela a la “ovejitud” de la gente cuando se busca ofrecer una sola opción para ganar al MAS? ¿Es que la gente de la ciudad no puede ser oveja y la del campo sí? Ah, ¿es que la gente de la ciudad tiene estudios, es civilizada y la otra es ignorante, salvaje y animalizada, oveja? Acaso en octubre de 2019, en las ciudades, muchos no recibían en sus grupos watsaps, de no se sabe quién, las instrucciones para ir a bloquear a tal esquina, gritar frente a tal cuartel de policía, a concentrarse en tal lugar. E iban ¿Eso no es ser oveja?

No. La gente no es oveja, quienes estuvieron en las movilizaciones de octubre y noviembre de 2019, de ambos lados, no son ovejas. Las personas, con estudios o no, saben lo que hacen y por qué lo hacen. No están de acuerdo con algo y protestan. Así como cuando van a votar saben también por quién votan.

Esto lleva al menosprecio que siempre está presente hacia el grupo mayoritario poblacional que hoy vota al MAS. No es que los partidos políticos den por perdida a esa población, en sentido de decir “nunca nos votarán”. No. Es que simplemente no cuentan con ella. Ella es “los otros”, esos que “nos quitan” nuestro lugar que es el poder.

Con estos “otros” pasa lo mismo, por ejemplo, respecto de las mujeres ya que se piensa que “ellas nos quitan”, a los hombres, el espacio de poder, “sin merecerlo”; pero, a ellas se las pone en las listas de candidatas porque hay la obligación de hacerlo, de lo contrario no estarían.

La verdad es que entre todos los partidos políticos hay muy pocas opciones para que esa mayoría de la población pueda sentirse parte de la sociedad boliviana y ser así un actor con representación política. Se podría partir por “desovejanizarles” y eliminar cualquier señal de racismo al interior de los partidos, así como es necesario eliminar el machismo.

Si la oposición se une seguramente obtendrá varias alcaldías, pero no resolverá el problema de fondo ¿Les extraña que haya pueblos donde no les vote nadie? No es que sean ovejas, es que los partidos no les ofrecen nada, ni promesas.

Drina Ergueta es periodista.