La vida en una redacción

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Decía la semana pasada que el tratamiento de las noticias deportivas no debe estar reñido con los principios de la labor periodística. Por ello, me llamó la atención que el diario Perú21 diera el lunes información equivocada sobre la movilización que se realizó el domingo pasado en respaldo a Paolo Guerrero. Fue un panorama muy distinto a los diarios de la competencia e inclusive a la propia web.

El número de manifestantes en respaldo del capitán era más de un centenar, según el impreso, cuando las imágenes mostraron algunos miles, cosa que también fue informada por los demás medios. Pero el lector que solo se informó al respecto en el diario Perú21 recibió una información distinta a la realidad. No será una noticia política o económica, tampoco algo que cambie los destinos de la nación, pero igual hay que reportar los hechos de la manera más aproximada a lo ocurrido por respeto a la audiencia.

Los editores que estuvieron a cargo reconocieron que fue un error consignar que hubo “más de un centenar” de hinchas, lo cual fue un estimado parcial de un momento de la marcha. Lamentan el error y ofrecen sus disculpas.
Desde que me encargaron esta Defensoría del Lector, recibo continuamente mensajes de acuciosos lectores que me recuerdan algo que muchas veces se olvida en las redacciones. Hay gente observándonos y leyéndonos críticamente, que reclama lo que espera: información veraz. No todos son lectores pasivos.

Gracias a esos lectores y por mis propias observaciones, se ha alertado sobre lo publicado a la Dirección y a los editores, y se ha podido corregir o mejorar de inmediato reportes que habían sido publicados en plataforma digital, pero también se han hecho recomendaciones y observaciones a los integrantes del equipo en general. No todo ha sido tratado en las columnas dominicales.

Hace unas semanas, en Madrid, conversaba con Lola Galán, defensora del lector de El País, y coincidíamos en dos puntos: no somos las personas más gratas o queridas en la redacción y las observaciones y quejas de los lectores, aun en realidades muy distintas, apuntan a lo mismo: calidad en el producto y respeto al público.

En las diferentes redacciones en las que he trabajado, no han faltado aquellos periodistas que entregan las cosas a medio hacer o parece que pensaran que su labor es llenar espacios de cualquier manera. Los ganaron el cansancio y la desidia. Vi falta de cariño al oficio en sí y a sí mismos.

A ellos, estas líneas de Juan Cruz Ruiz, un conocido periodista español y prolífico autor, de quien también tomé el título de esta columna: “¿Para qué nos hacemos periodistas? Pues para ser felices en el oficio. Y esa felicidad se apreciaba en el periódico”. Cruz también cita a Gabriel García Márquez, quien, refiriéndose a los periodistas y las redacciones modernizadas, en 1996, escribió en El País que “parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores”.